Velocidad latente del rocanrol de ayer

El álbum debut de la banda cordobesa Año Luz, en primera mezcla, contiene en estado original una música sobre la que corrieron treinta años de historia. El contenido proviene de ese espacio tiempo en el que el viajero podría regresar más joven que cuando partió.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

Le faltan apenas detalles de terminación a este álbum recién salido de estudio.

Tardía, pero más que bienvenida, está llegando la edición de un disco que contiene canciones de rocanrol concebidas en Córdoba en los años ’90, temas cuya evocación llega incluso hasta la matriz setentista y ochentista del género. Un auténtico herbario de una banda que en si misma encarna la versión más cruda del rocanrol de Córdoba, un género de laburantes intuitivos y autodidactas que no entraron directamente en la industria, pero sí en la historia, por su tesón y vínculos irrompibles con el beat cordobés. Jorge Cueto empezó a gastar el empedrado con Año Luz en 1974, y la banda se convirtió en leyenda por fuera de la vida discográfica, ya que no hubo registro de estudio para su producción. En febrero pasado viajaron a Buenos Aires a grabar ese material compuesto hace tres décadas y a comienzos del milenio, todas composiciones de Cueto, líder y fundador, bajista y vocalista del grupo.
Este jueves, los integrantes actuales de la banda comenzarán a ensayarlas con el propósito de iniciar presentaciones en el interior provincial, para llegar a Córdoba con las turbinas bien en marcha y hacer la presentación en la capital, de lo cual aún no hay fecha. 

La estética de la tapa evoca los tiempos preindustriales, sin rastros de la ironía vintage. El álbum podría ser una grabación de los años noventa que apareciese en nuestra época, como una grata sorpresa por su valor histórico. Ahora, en cambio, Matías Cueto en teclados y coros, Oscar Mora en guitarra, Pol Ferrando en batería, Ezequiel Cueto en guitarra y el líder Jorge Cueto en bajo y primera voz, acaban de llegar de Buenos Aires trayendo bajo el brazo la primera mezcla de estudio de un álbum donde late la concepción originaria que el líder de Año Luz cuidó por treinta años. Como se puede apreciar, hay una siguiente generación Cueto, heredera de ese sonido. Año Luz seguirá siendo una leyenda, pero el rocanrol perdido llegará a los oídos de una nueva generación. 

Rock bien sencillo y popular, directo, es lo que suena en esta colección. No faltan elementos poperos, en temas como El optimista, y se trasluce un rocanrol con polvillo dorado del otro siglo en Dando vueltas. Y en un tema emblemático -único próximo a la industria, vía la Mona Jiménez- Quién se ha tomado todo el vino, es el blues con derecho propio el que vuelve por su dominio. Asimismo, la canción, otro afluente del rock desde sus orígenes, se hace sentir en Encontrar otro amor o -con toques más pop y rítmicos- en La Bella Flor, entre otros. Incluso con aire bien rocanrolero, la temática universal del amor sobrevuela el disco dedicado a la esposa de Jorge y madre de los otros dos Cuetos: Noemí, hoy espíritu que sigue acompañando desde otro espacio tiempo la marcha de Año Luz. El mensaje todo del disco, lo vuelve un objeto amoroso, que reivindica el amor también como una lucha, siempre con mirada optimista y positiva. Un beat grave y el sermón de una voz canta en el tema Por qué se fueron. La voz de Jorge transmite emociones, sin duda más importantes que la afinación precisa, en caso de tener que elegir entre ambas. Y lo que dice es aquello en lo que cree, y sigue creyendo. Son mensajes directos, están también en un tema hito: Sobreviviente del rock and roll, dicho desde las entrañas y las décadas vividas, así como La vida todo te lo dará.  

Para el final, dejamos una ficha mínima de cada tema, contada por su autor.
Moly Stone, la esbelta figura y el vestido rojo pegado al cuerpo es mi señora, Noemí Elizabeth, mi musa inspiradora. Lo escribí en 1997.
Dando vueltas, lo escribí en 1996, también habla de la Noe. Dando vueltas la encontré, ella cambió toda mi vida.
Quién se ha tomado todo el vino, lo escribí en el año ’80, cuando lo toqué en Olaf el tema explotó. La letra es mía, la música puede ser compartida con Lodi Altamirano. Salió un sábado a las 13 horas. Queríamos hacer un blues y la damajuana estaba vacía. Lo pasó Mario Luna en Alternativa en el 84, como un hit de Año Luz, fuimos revelación con el tema en el Córdoba Rock, en el ’85 hubo 15.000 personas en La Falda cantando el vino. Al bajar la banda de La Falda, Lodi desapareció, se fue a tocar con la Mona y le llevó el tema. El resto es historia conocida.
Encontrar otro amor me salió en un ensayo en 1994, en Mendiolaza, con Luis Garis en batería y Omar Egea en guitarra. Está dedicada a una novia que tuve en Río Cuarto cuando tenía dieciocho años.
La bella flor: vivíamos en Alta Córdoba, bajábamos al centro, ella llevaba en el cochecito a Yasmín, y Matías y Ezequiel iban a cada lado. Yo me quedaba unos metros atrás y la seguía riéndome de los piropos que le decían al pasar: ‘Mi flor, mi amor’. Esa era mi señora.
La vida todo te lo dará es un tema que escribí en 2009, unos meses antes de tocar en el Cosquín Rock de ese año, y está dedicado a mi hijo mayor, Ezequiel: Sí, la vida es dura, pero si vos trabajás honestamente, todo lo que querés en la vida es posible que lo consigas.
Los buenos tiempos, lo escribí en 2012, estaba durmiendo y como a las tres y media de la mañana luego de darle varias vueltas a la letra, cuando consideré que ya estaba listo el tema, me levanté y lo escribí. De esa forma he escrito muchos temas, y también perdí muchos por no levantarme, y ya no los vuelvo a encontrar.
Easy Raider es un superhéroe que protege a la gente, existe por el amor y necesita amor. Es una mezcla entre Flash Gordon y el Capitán Piluso.
Por qué se van es una plegaria para la gente que no está más y que no podrá ver lo que viene delante: ‘Por los que se fueron, por los que vendrán, y por los que nunca tendrán en esta tierra donde hallar la paz’.
Jugador callejero, es del año ’92, está escrito para las personas que pasan por esta tierra sin saciar su apetito de tener cosas, y que al final no encuentran nunca satisfacción.
Sobreviviente del rock, lo escribí en el año ’93, en el dique Los Molinos. Me considero un sobreviviente de este sistema cruel. Tengo 67 años y no me dieron nada, pero no pueden lograr que deje de tocar rock and roll.”