El ‘Ulises-Gate’ tensiona el deshielo llaryorismo-schiarettismo

El paso en falso de la gestión municipal llegó en un mal momento, justo cuando el schiarettismo empezaba a consentir que la estructura partidaria fiel al Centro Cívico se alineara con el intendente pidiendo por su proyección provincial en el interior. Los bemoles de ese acercamiento y los costos del traspié.

Por Felipe Osman

Mientras la oposición busca la manera de capitalizar el error no forzado del oficialismo, maximizando los costos para la gestión municipal, el episodio, que promete traer cola, cae de distinta manera entre las diferentes vertientes peronistas que tributan a Hacemos por Córdoba y genera un disgusto mayúsculo en el Centro Cívico, que bajo el mando de Juan Schiaretti jamás cayó en una controversia del estilo.

Y este último costado del asunto, a saber, la molestia que generó en las altas esferas del oficialismo provincial, se da, para colmo, en un momento particularmente inconveniente para los intereses del llaryorismo, que después de mucho trajinar, empezaba a conseguir la bendición de El Panal en su cruzada por hacerse del clamor de las estructuras partidarias a su proyección provincial.

El acto que el viernes pasado tuvo lugar en el departamento Colón es, sin duda, el antecedente más importante que señala el comienzo del deshielo entre llaryoristas y schiarettistas a este respecto, pero no el único. 

En simultaneó, otro acto se llevaba adelante en el departamento Punilla, más precisamente en Carlos Paz. Allí, las 62 Organizaciones Peronistas -brazo sindical del ultra-schiarettismo-, inauguraban su regional carlospecense. Y lo hacían con la presencia de Juan Manuel Cid, mesa chica de Llaryora, y Deborah Petrkovsky, funcionaria schiarettista del ministerio de Desarrollo Social y encargada, junto al intendente de Huerta Grande Matías Montoto, de impulsar la lista de Juan Schiaretti en la interna peronista de fines de marzo. En esa ocasión, Petrakovsky pidió por “Llaryora Gobernador 2023”, pedido que luego replicaría en sus redes sociales. 

Algo muy parecido sucedió en el departamento Tercero Arriba, en el cual llaryoristas y schiarettistas confluyeron para pedir por “Llaryora Gobernador”. A esa consigna, el secretario de Ambiente de la Provincia Juan Carlos Scotto agregó la de “Schiaretti Presidente”.

No obstante, el evento más destacado fue el de Colón, por tratarse del segundo departamento más poblado de la provincia -detrás de Capital, obviamente- y por haberse reunido allí el pleno de la conducción pejotista. 

No debe, sin embargo, desatenderse a una particularidad escénica del acto, que por poco no fue levantado. Allí, el presidente del PJ departamental, Cayetano Canto, y el intendente de la localidad más grande que controla el peronismo en el departamento, Facundo Rufeil, entraron después de que el acto ya había comenzado, y lo hicieron en compañía del diputado nacional Ignacio García Aresca, uno de los más conspicuos dirigentes llaryoristas. 

En la previa, hubo intensos cruces de llamados para destrabar la asistencia de Canto y Rufeil al acto, que en un comienzo no estaban dispuestos a acompañar. Cuando finalmente hubo fumata blanca entre llaryoristas y schiarettistas, los representantes del Centro Cívico tuvieron centralidad, y el intendente de Calera reclamó, al tomar la palabra, que no se pierda de foco la consigna mayor: “Schiaretti Presidente”.

El trabajo que el llaryorismo viene realizando desde hace meses para empezar a encausar a las autoridades partidarias más íntimamente referenciadas en el Centro Cívico detrás de la proyección provincial del intendente no ha sido sencillo, y más de uno lamenta que el inicio del deshielo entre schiarettistas y llaryoristas haya tenido que coincidir con el affaire Ulises, un episodio que, hasta el momento, ni opositores ni oficialistas han terminado de dimensionar, ya que se desconocen las consecuencias que pueda tener. Sí hay, sin embargo, una certeza: cayó muy mal en El Panal.