FMI, CFK, gobernadores, movimientos sociales…todos presionan a Fernández

El Presidente no logra terminar de enderezarse de una pelea interna cuando enfrenta otra. Lleva a Sergio Massa a Alemania para evitar otro sisma. En materia económica las complicaciones se encadenan. El dólar se fortalece en el mundo y es una mala noticia puertas adentro.

Por Gabriela Origlia

En materia económica, desde hace meses, todo se sintetiza en “aguantar”. El presidente Alberto Fernández, que parece convencido de participar en una PASO, quiere llegar a las elecciones de 2023 con alguna chance. Esa posibilidad luce cada vez más lejana. La vicepresidenta Cristina Kirchner no se aplaca y sigue apuntando a quien ella eligió para que encabezara la fórmula. Sergio Massa quedó en el medio de la disputa, con presiones de su propia fuerza para que abandone la presidencia de la Cámara de Diputados. Una gota más para el vaso de la incertidumbre.

La posibilidad de que Massa avanzara en ese sentido lo decidió a Fernández a invitarlo nuevamente a acompañarlo al exterior. Esta vez es a la Cumbre del G7 en Alemania; fueron juntos a Los Ángeles, oportunidad en el que el tigrense le planteó la necesidad de cambiar figuras en el gabinete e ir por un relanzamiento. No tuvo respuesta concreta. Hace tiempo que Massa apunta a tener injerencia directa en Economía, a reemplazar con un hombre suyo a Martín Guzmán.

La Liga de Gobernadores -que el viernes pasado se reunió en Chaco- también sumó presión. Insistió con un plan antiinflación y con la descentralización del manejo de los planes sociales. Detrás de ese pedido está Cristina Kirchner. Fernández defiende que todo siga como está porque el riesgo es perder un arma política clave y, además, descascarar su vínculo con el Movimiento Evita, del que es aliado.

La inflación ya tiene un piso, para este mes, del 5% y la idea generalizada de los dirigentes afines al Frente de Todos es que el Gobierno ya no tiene la fortaleza para anunciar medidas que puedan frenar la dinámica de los precios.

El anuncio de segmentación tarifaria realizado hace unos días por Economía entró en el laberinto que los especialistas en Energía auguraban. El subsecretario Santiago López Osornio convocó a una reunión de funcionarios provinciales que se terminó suspendiendo sin mayores explicaciones. En ese contexto Economía apuntó a Energía como autora del llamado; esa Secretaría se desentendió.

La segmentación viene demorada y se anunció para salir del paso con el FMI, con el que el Gobierno se comprometió a aumentar tarifas. El economista Alejandro Einstoss, del Instituto Mosconi, ratifica que los subsidios están en el corazón del problema fiscal: hoy explican el 90% del déficit fiscal, y el 15% del gasto de la Administración Pública Nacional. En el caso de la luz, el consumidor en Amba paga 20% del costo y, en el caso del gas, 25%.

Ahora serán los entes reguladores los que deberán identificar a los usuarios en niveles, informar esta situación a las distribuidoras para que finalmente éstas apliquen el segmento tarifario correspondiente. Einstoss apunta que, además de los riesgos derivados de la cadena de mando en Economía, se identifican riesgo de implementación: “Las distribuidoras no fueron consultadas, ni informadas de la segmentación”.

Agrega que el Enargas tiene mando nacional, pero el Enre solo sobre Edenor y Edesur. “Dos tercios de los subsidios energéticos se destinan al sector eléctrico y por lo tanto, la segmentación solo será exitosa si logra alcance nacional”, detalla. El mecanismo “a demanda” que impulsa el Gobierno presenta un desafío logístico.

Esta semana el Gobierno debe afrontar una licitación de deuda en pesos por unos $200.000 millones (adelantó una parte y la realizó la semana pasada); debe lograr la renovación para no tener que emitir más.

En el escenario fiscal, la situación es igual de complicada. En mayo se registró un déficit fiscal primario de $ 191.528 millones y acumula $463.500 millones desde enero. El Gobierno está a $100.000 millones de incumplir las metas del segundo trimestre con el Fondo.

Los vientos externos en materia del dólar juegan en contra; la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ya subió la tasa de interés de referencia en 0,75 puntos y podría repetir la maniobra en julio. Si el dólar se fortalece, los precios de las comodities podrían desinflarse.