Derrumbe Cripto: “Los algoritmos no rinden cuentas”

Los estados nacionales no pueden ser sustituidos por utopías libertarias que terminan dejando en manos de supuestos mercados la suerte y el destino de vidas y haciendas de las naciones y sus habitantes, tratando de reemplazar la función ordenadora de la sociedad que tienen los estados por actores y operadores privados clandestinos y a quienes nadie puede pedirles que rindan cuenta de sus actos.

Por Luciana Flores

El desplome del mundo cripto, que avanza a medida que suben las tasas de los grandes bancos centrales encabezados por la Reserva Federal de Estados Unidos, ha sorprendido a inversores y traders de este tipo de activos por la magnitud, virulencia y rapidez del derrumbe.

Si bien las acciones tecnológicas, los bonos de alto rendimiento y otros activos de alta volatilidad también fueron golpeados en sus cotizaciones, lo de las criptomonedas fue más allá dejando a sus impulsores entre la incertidumbre y el pánico y a los ahorristas sin estado, empresa o banco que responda. Y sin que nadie se haya parado a pensar cuál es el valor real del activo. Como dijera Warren Buffet y Bill Gates, es un activo sin más valor que el mero optimismo de que alguien pague por él más en el futuro de lo que se paga hoy.

Las criptomonedas surgen en el año 2009, justo después de la crisis financiera global del 2008, que subrayó la creciente frustración del público con los sistemas regulados y centralizados.

Aprovechando el desencanto colectivo y con sustento puramente ideológico e intereses desconocidos, surge y se fortalece el mercado de las criptomonedas ofreciendo libertad financiera, eliminación de intermediarios, anonimato y confidencialidad, resistencia a procesos inflacionarios, reducción de costos y tiempos transaccionales, descentralización y estabilidad, entre otros.

La panacea era la promesa de libertad que otorgaba el hecho de no estar sujetas a las regulaciones, restricciones o bajo el control de organismos gubernamentales, bancarios o financieros de ningún tipo. Activos librados a la libertad de los mercados.

El comienzo de la debacle de las cripto se sintió con el brutal derrumbe de la stablecoin Terra/USD, moneda estable algorítmica que garantizaba su valor a través de una paridad con el dólar y tentaba a quienes buscaban rendimientos muy elevados, aunque la estabilidad de las mismas resultó estar únicamente en el nombre. De ahí en adelante, la historia es conocida.

De la noche a la mañana, miles de ahorristas perdieron todos sus ahorros en manos de un algoritmo que no tuvo que rendirle cuentas a nadie.

Si a esto le sumamos el surgimiento de los llamados “corralito o cepo cripto”, que impedían a los ahorristas rescatar sus activos, se descomponía un sistema que ya directamente corrompía su propia esencia.

Millones de inversores y ahorristas en todo el mundo comenzaron a transformar la sensación de autonomía y libertad que ofrecían las cripto en un sentimiento de indefensión. La naturaleza del mundo cripto, su objetivo de ser un ecosistema desregulado, descentralizado y libre de toda posibilidad de control, hace que los inversores estén completamente por su cuenta”.

Porque cuando se niega la existencia de un estado que normatice y regule la vida en comunidad, que defina y castigue el delito en aras de la protección de la sociedad y del bien común, surgen utopías que, en nombre de la libertad, terminan siempre aplicando la ley del más fuerte, que es el derecho de las bestias.

Los mercados desregulados son mercados manipulados desde la clandestinidad por quienes tienen el poder suficiente para hacerlo.

La existencia del estado es propia de la naturaleza gregaria del ser humano que tiende a vivir en agrupamientos cada vez mayores que necesitan una organización que normatice la vida en común.

Cuando el capitalismo subestima la necesidad de los estados nacionales para regular sus economías y el funcionamiento de los distintos mercados y va detrás de utopías libertarias, termina siendo presa de quienes desde el anonimato tienen el poder de hacerlo funcionar a su favor, imponiendo sus reglas en beneficio propio. El «principio de legalidad» es la condición necesaria para la democracia liberal.

Los estados nacionales no pueden ser sustituidos por utopías libertarias que terminan dejando en manos de supuestos mercados la suerte y el destino de vidas y haciendas de las naciones y sus habitantes, tratando de reemplazar la función ordenadora de la sociedad que tienen los estados por actores y operadores privados clandestinos y a quienes nadie puede pedirles que rindan cuenta de sus actos.

Lic. Mgter. Luciana Flores.

Licenciada en administración de empresas.

Magíster en gerencia y administración de servicios de salud.

Sector Privado: Gerencia financiera CyL S.A.

Sector público: Área Gestión de Calidad de la Subsecretaría de Discapacidad de la Provincia de Córdoba.

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