Caserio-Montoto, foto de deshielo en el PJ de Punilla

La legisladora y el intendente de Huerta Grande, enfrentados en la interna partidaria, se mostraron en una actividad de gestión del departamento. Charla política e insinuación de un primer acercamiento.

Por Yanina Soria

Credito de la foto: Diario de Carlos Paz

Intendentes de Punilla se reunieron la semana pasada con autoridades de Trenes Argentinos con el propósito de avanzar en el proyecto de extensión del servicio del Tren de las Sierras hacia el norte del Valle. Se trató de una actividad institucional que fue articulada por los legisladores peronistas no schiarettistas, Mariana Caserio y Miguel Maldonado.

Sin embargo, el encuentro dejó una foto que no pasó inadvertida en la política local. Sobre todo, considerando las tensiones que rigen desde el 2019 la relación entre el caserismo y el oficialismo, acrecentadas tras la interna partidaria de marzo: pues uno de los asistentes fue el intendente de Huerta Grande, Matías Montoto, el hombre que representó al Panal en las elecciones de las autoridades departamentales.

Hasta acá, no se había producido ningún tipo de acercamiento entre ambos sectores, ni por cuestiones de gestión y mucho menos por política. Todo lo contrario.

Tan tirante es el vínculo entre quienes compitieron por listas separadas, que el schiarettismo no participó del acto de entrega de diplomas de las nuevas autoridades del PJ Punilla, ni el caserismo de la proclamación de la flamante conducción en la ciudad de Carlos Paz, el principal distrito del departamento. Según admitían de uno y otro lado, directamente no había diálogo.

Al parecer esa realidad estaría comenzando cambiar y la foto del jueves pasado insinúa -por lo menos- un primer deshielo en la relación. Si bien se dio en el marco de una gestión concreta iniciada desde Punilla frente a Nación, según pudo saber Alfil, previo a la reunión de los intendentes y legisladores con Marcelo Sánchez, gerente general de Operaciones de Trenes Argentinos, Montoto y Caserio mantuvieron una charla.

Desde uno de los sectores calificaron como “positivo y cordial” el diálogo que varió desde cuestiones de gestión para el departamento hasta un repaso del escenario en el que se enfrentaron electoralmente tanto en las legislativas del año pasado como en las internas del PJ el 27 de marzo. Los dirigentes mostraron voluntad para sostener una conversación política madura, aunque no se cerró ningún tipo de acuerdo. Al menos, no todavía.

Hay que recordar que en ese distrito del interior se libró la madre de las batallas en la interna partidaria donde, justamente, el caserismo desafío al schiarettismo. El primer sector ganó la pulseada departamental quedando precisamente la legisladora como la presidenta del PJ, mientras que el oficialismo logró imponerse en distritos claves como el de Carlos Paz.

Lo cierto es que hoy el ex senador Carlos Caserio, sus dos legisladores y una porción de intendentes juegan con el Frente de Todos; sin abandonar la estructura partidaria, pero referenciados en el presidente Alberto Fernández.

Sin embargo, entrando ya en el terreno de las hipótesis y de lo posible, no suena ilógico que la foto de la semana pasada pueda resultar un primer ensayo para un futuro entendimiento político.

En definitiva, la figura de Martín Llaryora, el seguro candidato a gobernador por Hacemos por Córdoba, genera una expectativa entre los peronistas “disidentes” que no provoca el mandatario Juan Schiaretti.

Son muchos los que lo ven como la puerta de ingreso a la unidad del justicialismo local, sobre todo a sabiendas que, si efectivamente la oposición va unida detrás de un solo candidato, las chances de mantenerse en el poder provincial disminuyen para el peronismo en el 2023.

La realidad es que, aún con toda la estructura detrás y con el propio Schiaretti apuntalando, a Llaryora no le sobra nada. Todo lo contrario. El intendente de Capital está hasta obligado a encarnar una versión del peronismo mucho más receptiva, incluso, con la pata peronista del kirchnerismo donde además de Caserio, se mueve el villamariense Martín Gill y la camporista Gabriela Estévez (que nunca perteneció al PJ Córdoba). Todos, con algo para aportarle a Llaryora.

Mientras que, de su lado, a los albertistas también los mueven intereses concretos. Las perspectivas a futuro de quienes se corrieron de Hacemos por Córdoba para militar el proyecto K en Córdoba, no son alentadoras. La fractura expuesta en el gobierno nacional, los problemas por la inflación, los salpica indefectiblemente y cada vez resulta más complicado intentar sostener (o defender) hacia afuera lo que resulta insostenible hacia adentro.

La derrota de las legislativas en la provincia más refractaria al kirchnerismo es un antecedente a considerar para el escenario del ´23. Si bien el Frente de Todos Córdoba no puede quedarse de brazos cruzados esperando alguna señal de unidad de Hacemos por Córdoba y, por ende, piensan en candidaturas propias para el año próximo, la realidad es que terciar en un escenario de dos pesos pesados, les será muy difícil.

Así, lo que se abre entonces es un juego de necesidades mutuas en el que, por convicción o conveniencia, no suena tan descabellado pensar a todos los sectores peronistas jugando de un mismo lado en las próximas elecciones locales.