Prueba de fuego para el final del co-gobierno

La provincia dispuso la conciliación obligatoria para un conflicto espiralizado, del cual ni la Municipalidad ni el Suoem saben salir. En el Ministerio de Trabajo se verá si el final del co-gobierno es una realidad o fue un espejismo.

Por Felipe Osman

El Suoem volvió a demostrar ayer su capacidad de daño. Como lo hace desde hace semanas, paralizó el centro de la ciudad y se llevó por delante el trabajo de comerciantes, taxistas, remiseros y contribuyentes de todo tipo. Después, le dedicó esa “hazaña” al intendente, que tenga el nombre que tenga y pertenezca al partido que pertenezca es, finalmente, el representante que los cordobeses eligieron para gobernar la ciudad y el titular de una gestión que cuenta con (muy) altos márgenes de aceptación. Se apunta, sólo por si faltaran evidencias de la contraposición de intereses entre el sindicato y la ciudadanía.
El problema, tal vez el principal, es que el gremio no ha tenido que soportar costo alguno por cargarse la paz de los cordobeses durante dos semanas. Lejos de eso, las liquidaciones de mayo se pagaron íntegras y hasta hubo casos en los que se asignaron horas extras para que los empleados que no habían cumplido sus funciones en su horario laboral, por estar ocupados perturbando la vida de los demás, las cumplieran en contraturno.
Pasando en limpio, víctimas de una suerte de síndrome de Estocolmo, los contribuyentes financiaron las protestas del Suoem.
Pero más allá de esto, tiene que decirse que el descuento de las horas no trabajadas -consecuencia mínima con la que tiene que lidiar cualquier trabajador del sector privado que no cumpla sus funciones-, el municipio cuenta con muchos otros mecanismos para lidiar con el Suoem.
Los memoriosos recordarán, por ejemplo, que, en lo más álgido del conflicto previo, entre mayo y noviembre de 2020, el municipio dijo que revisaría cuántos de los agentes municipales que reciben bonificaciones extraordinarias de hasta un 40 por ciento del salario cumplían realmente con las condiciones necesarias para ser beneficiarios de ellas. El asunto quedó olvidado, aunque no se explica por qué.
Tampoco está claro qué sostiene a los mandos medios interinos, a saber, empleados que ocupan cargos jerárquicos sin haberlos concursado, en esos lugares. A fin de cuentas, en esos lugares siguen los mismos agentes que los ocupaba en la anterior gestión. Por decreto.
La movilización de ayer coincidió, no casualmente, con otra, de Luz y Fuerza, que con una capacidad de convocatoria infinitamente más modesta decidió aprovechar la bolada. El reclamo de Luz y Fuerza tiene tópicos varios. Uno de ellos es que la empresa respete el artículo 4 del convenio que fija que las vacantes que se generen en la empresa estatal (subráyese estatal) serán cubiertas por los postulantes que proponga el sindicato. Léase, los hijos de los empleados.
Quien crea que por no existir una cláusula similar en el Estatuto del Empleado Municipal el asunto es diferente, se equivoca. El Suoem organiza “comisiones de padres” para organizar la manera en que sus hijos heredaran sus cargos. En general, entran a los planteles bajo la forma de becarios o monotributistas y, con el tiempo, empiezan a desandar el camino hacia la estabilidad. Pero hasta entonces, también penden de un decreto o una resolución.
En suma, no parecen faltarle a la Municipalidad recursos para tensionar con un Suoem que, por el contrario, no duda un instante en hacer uso de la fuerza para doblegar los intereses de la ciudad.
Por eso es que en la mesa del Ministerio de Trabajo de la Provincia, adonde se trasladaran las negociaciones a partir de hoy, se discutirá mucho más que un reajuste salarial.
Desde su llegada al Palacio 6 de Julio el peronismo ha conseguido vencer la resistencia del Suoem en muchos apartados. Ha empezado a transitar el camino hacia la desconcentración operativa de la ciudad, una asignatura pendiente durante un cuarto de siglo, ampliamente resistida por el gremio. Ha hecho avances en fiscalización, como las Habilitaciones Online, otra iniciativa que se ha logrado a despecho del sindicato. Ha diversificado las competencias del COyS y la Tamse, absorbiendo funciones que antes monopolizaban las Áreas Operativas. Ha revitalizado el programa de Servidores Urbanos, asignándoles funciones. Ha recuperado el manejo de información sensible que antes estaba a tiro del Suoem. Ha reducido la jornada y las prolongaciones de jornada aminorando el impacto de la pauta salarial sobre los recursos de la ciudad, haciendo posible la inversión en obra pública y mejora de los servicios. Y ha anunciado, por todo ello, el “final del co-gobierno” con el Suoem.
Estas iniciativas le han valido amplios márgenes de aceptación. Pero difícilmente pueda anotar, en la columna de sus haberes, el declamado “final del co-gobierno” si en la negociación ante el ministerio de Trabajo termina legitimando la prepotencia del Suoem como un mecanismo válido de negociación/extorsión.
Si tras todo el daño que se ha generado no hay consecuencias, nadie podrá hablar de final del co-gobierno.