El Suoem sale al choque de los vecinos

Daniele volvió a liderar una Asamblea General en la explanada del Palacio 6 de Julio y prometió intensificar el conflicto hasta que sus demandas sean cumplidas. Sin capacidad de paralizar el funcionamiento del municipio, el gremio sale al choque de los vecinos.

Por Felipe Osman

Martín Llaryora y Rubén Daniele

Rubén Daniele volvió a liderar una Asamblea General en las escalinatas del Palacio Municipal, consiguió una convocatoria multitudinaria y prometió profundizar el conflicto hasta que las demandas del sindicato sean atendidas por el Ejecutivo.

El reclamo es por un aumento salarial de 64,2 puntos porcentuales por 11 meses (enero-noviembre) dividido en cuatro cuotas. Por el período enero-mayo se demanda un 30 por ciento (por encima de la inflación proyectada, que acumula hasta abril 21,3 puntos y se pronostica por debajo de los 6 puntos para mayo), y luego tres aumentos del 11,4 por ciento en julio, septiembre y noviembre.

De ceder frente al reclamo, el peronismo rompería la lógica con la que viene negociando desde su llegada al Palacio 6 de Julio, que fue negociar acuerdos semestrales sobre números consolidados del IPC, y se terminaría acercando al mecanismo que aplicó el radicalismo durante su último año en el municipio, con una cláusula gatillo bimestral.

Las declaraciones que el secretario de Gobierno Miguel Siciliano ofreció días atrás, advirtiendo que la gestión no comprometería los recursos municipales por encima de sus posibilidades ni renunciaría a la ejecución de obras o la prestación de servicios para financiar el aumento de los municipales, no hacen pensar que en el Ejecutivo exista la intención de ceder.

Las palabras de Daniele, por otro lado, tampoco dejan presumir que el Suoem esté dispuesto a replegarse. Por el contrario, el cacique de los municipales avisó que profundizará el conflicto y hasta se animó a amenazar al próximo intendente, apuntando que “se va a ver (sic) con un quilombo”.

Lo cierto es que la movilización se ha convertido en la única arma efectiva que le queda al sindicato. Los cambios introducidos durante la pandemia, los avances en la digitalización de trámites que antes eran presenciales, el cobro web de tasas e impuestos municipales, la desconcentración operativa (en la que tienen gran protagonismo los becarios) y la ampliación de las funciones del COyS y la Tamse han disminuido significativamente la capacidad de daño de las asambleas y el “quite de colaboración” como formas de paro encubierto, y es por eso que el gremio ha hecho de las manifestaciones en la vía pública su principal argumento.

Sin capacidad de comprometer seriamente el funcionamiento del municipio mediante la huelga -dos años de pandemia son un ejemplo irrefutable-, el mecanismo de presión del gremio es ahora más rudimentario que antes. Como su inacción es irrelevante, ahora se busca perturbar a los vecinos directamente. Allí es adonde el gremio dirige sus esfuerzos. Y ante el lógico reclamo del vecino, la respuesta es “vaya a hablar con el intendente”. En otras palabras, todos somos ahora instrumentos del reclamo del Suoem.

Más allá de esto, y aunque las posiciones de las partes se hayan, en apariencia, endurecido, lo cierto es que al Ejecutivo le quedan varias jugadas, sin que se advierta que el gremio tenga más que hacer que seguir cortando calles.

En primer lugar, el municipio bien podría imitar la forma en que la Provincia aborda conflictos similares. Dicen, los que conocen, que en el Centro Cívico impera una máxima, “día que no se trabaja, día que no se cobra”. Es una receta que ha probado sobradamente su efectividad, pero, desde luego, hay que ver cuál es la predisposición de la gestión municipal para ir al choque y, además, cual es el margen de tolerancia de los vecinos y comerciantes ante la posibilidad de que el conflicto se prolongue.

Otra palanca del Ejecutivo son las horas módulo, que llegaron en reemplazo de las prolongaciones de jornada y las horas extra, pero que son asignadas por cada director cuando lo juzga necesario. Si hubiere un sentimiento de cuerpo e imperara la racionalidad, ningún funcionario podría asignar horas módulo a empleados que durante su jornada habitual realizan asambleas como paros encubiertos.

Hay que ver, sin embargo, si existe entre los funcionarios ese sentimiento de cuerpo. Es que hay una chicana muy difundida, por estos días, en las diferentes reparticiones municipales. Cuando los empleados salen hacía las asambleas, le dicen a los directores “vamos a pelear por tu sueldo”, haciendo referencia a la vinculación de la paritaria de los empleados de planta con el reajuste salarial de los puestos políticos.

En todo caso, el Ejecutivo tiene las herramientas necesarias para destrabar el conflicto sin comprometer las cuentas municipales, pero depende de la paciencia de los vecinos. De que ellos no se conviertan en representantes del gremio, reclamando a la gestión en nombre de sus captores.