En el largo plazo sólo tenemos la certeza de que se juega el mundial

Hay gente tratando de tomar decisiones políticas o económicas pero ignorando que en el medio está el mundial, el mayor narcótico colectivo para los argentinos.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Le voy a contar algo, amigo lector. Mientras almorzábamos, salió la duda sobre qué hacer con unos pesitos extra que alguien tenía dando vueltas. En un país en el que hasta los autos usados de más de diez años valen más de un millón de pesos, esto era una cantidad menor, la famosa “plata que sobra porque no alcanza”.

Alguien dijo “hay que aprovechar que subieron las tasas para hacer un plazo fijo, se lo va renovando cada mes con la ganancia incluida y más o menos le empatás a la inflación”, que sería un 48% para una inflación que algunos estiman va a ser del 60%. Sería el “plazo fijo Alberto”, en el que ganás perdiendo.

Otros dijeron que hay que comprar dólares aprovechando que está barato, se guarda en la catrera y siempre van a estar ahí para cuando hagan falta. Desgracia más, desgracia menos, seguro en el país del norte no tienen las mismas luminarias que nosostros como para manejar la economía, así que cabe pensar que ya resolverán sus temitas.

Después hubo otras opciones, como criptomonedas, fondos de inversión y cosas por el estilo, pero también adelantar consumos, cancelando hoy consumos que si o si se van a tener en el futuro.

Todo ese debate financiero se tuvo a partir de plantear que enseñarle a ahorrar a los menores de edad es una estafa más grande que Generación Zoe. ¿Cómo decirle a una criatura que guarde los pesos que le trajo el Ratón Pérez si la Play Station está en dólares? Parafraseando a Galeano, la inflación sería como el horizonte, porque los niños nunca van a alcanzar aquello que persiguen. Qué desolación.

Esta discusión, estimado, tuvo que ver con el planteo de que en este país seis meses son una eternidad. Si no sabemos el lunes qué va a pasar el viernes, imagínese que tomar decisiones a 180 días está más complicado que jugar al fútbol en un monoambiente. No es que los grandes jugadores de la economía no lo hagan todo el tiempo, pero acá estamos hablando de unos pesitos que no alcanzan para cambiarle las cubiertas al auto.

Además, y a esto ya lo venimos viendo desde que mandaron al Peludo a su casa después de perder la final del mundial de 1930, el fútbol va a tapar todo. No hay forma de que el casi seguro último mundial de Messi, con toda la mística de la Scaloneta, no opaque cualquier cosa que pase en el medio.

Imagínese, querido lector, que en el camino a la final nos podríamos cruzar con Brasil, Alemania, España y Francia. Ya me veo al 13 o 14 de diciembre festejando que le ganamos la semifinal a los germanos. ¿Usted cree que le puede importar a la gente lo que en esos días pase con el dólar? Obviamente que a los que estén en Qatar paseando en camello no les va a dar lo mismo, pero el que cobró el aguinaldo lo va a estar quemando en asado para ver a la selección, ¡sin ninguna duda!.

Piense a Guzmán, si todavía sigue siendo ministro, liberando las tarifas. ¿Usted cree que le va a importar al tipo que estuvo en una obra ocho horas tirando bloques al primer piso, mientras hay que estar pendiente del homenaje a Maradona que le hicieron los jugadores cuando jugaron el primer partido? Se viene lo único que le puede dar un respiro al gobierno para reordenar un poco los números, estimado, así que no lo van a dejar pasar.

Piense más o menos cómo viene el calendario, así que se va a poder imaginar lo mucho que falta para poder discutir quiénes podrían llegar a ser candidatos a presidente y sus chances reales. Faltan cinco meses y medio para el mundial. Antes de eso vamos a estar un mes hablando de la lista, de quién se quedó afuera y a quién le van a pedir alfajores. Veremos el pésimo gusto con el que decoraron el búnker y van a entrevistar al tipo que hace los asados, que va a contar qué corte le gusta a Messi mientras otro se ríe diciendo quién se come el chorizo.

Un mes en el que el debate político va a estar teñido por el mundial y los rivales. ¿Está bien que los políticos hayan viajado a verlo? La investigación exclusiva sobre el vuelo de Aerolínea Argentinas que llevó a sindicalistas, políticos y empresarios a ver el mundial y las típicas notas al estilo de “Cómo se vive en Dinamarca, próximo rival de Argentina”, con politólogos y economistas discutiendo sobre el rol del Estado en las socialdemocracias nórdicas.

Termina el mundial -bien o mal, todavía no sabemos- y ahí nomás llegan las Fiestas. Alféretro va a lanzar un bono al estilo IFE 45, va a congelar el precio del asado y la pavita por diez días junto con el Plan Vitel Toné para todos, que se va a vender en camioncitos de alguna cooperativa afiliada al movimiento de Grabois.

En enero va a empezar de a poco la campaña, se van a empezar a tirotear con todo y se van a ir perfilando candidaturas y alianzas, para las que todavía van a faltar seis meses como para que se formalicen. Es una eternidad, estimado, más de un año hasta ir a poner el papelito en la urna.

Por eso, cuando en aquella discusión todos hablaban de qué se podía hacer con esos pesos, no hay forma de evitar pensar en todas las cosas que pueden pasar en los seis meses que faltan hasta el mundial y los ocho que van a faltar desde ahí hasta las PASO. Hasta los ucranianos corriendo a los rusos del patio de su casa deben tener menos incertidumbre que el argentino promedio.

Lo voy a ir dejando, estimado, pero con una reflexión sobre lo difícil que es saber cuánto valen las cosas en este país. En el mundial 2002 un tipo se endeudó hasta por lo que no tenía y se fue a Japón. Lo único que llevaba, además de su ropa de Argentina, eran unas monedas conmemorativas que habían salido a la venta dos años antes por los 40 años de Maradona. Hoy cuestan unos 20 dolares, pero en aquel entonces él se las vendió a los japoneses por 100. Pagó el viaje y volvió con plata encima.

Quizás no tiene nada que ver con nada o quizás todos esperamos que el mundial nos traiga esa suerte y nos ahorremos el cadenazo en los dientes de cuando se reacomode la economía. Es imposible saberlo.

Tenga buena semana.