El schiarettismo ensaya modelar la sucesión

En ausencia de Schiaretti, Manuel Calvo y Martín Llaryora comparten escenarios de gran visibilidad. El intendente recibe, en simultaneo, invitaciones para participar de actos institucionales de la Provincia, y la renuencia de algunos dirigentes del interior plantados detrás del gobernador.

El “pre-lanzamiento” nacional de Juan Schiaretti, que la semana pasada admitió encontrarse trabajando en una alternativa de centro con miras al 2023, debería surtir -entre otros- el efecto de ordenar las pretensiones de los distintos actores que integran el oficialismo provincial. Parece probable que eso comience a suceder.

En primer lugar, porque el gobernador empezará, progresivamente, a buscar un perfil nacional moviéndose en aquel tablero, y abriendo algunos espacios para que la sucesión empiece a tomar cuerpo en el escenario provincial.

Y, en segundo término, porque resulta muy probable que los movimientos nacionales de Schiaretti terminen repercutiendo en la provincia, marcando la huella para Hacemos por Córdoba y ofreciendo a la sucesión la valiosa oportunidad de acoplarse al proyecto político de un gobernador que se encamina a dejar el Centro Cívico con una valoración de gestión cercana al 80 por ciento.

De hecho, la final de la Copa de la Liga y el acto organizado por la Provincia para conmemorar el 25 de mayo fueron dos ocasiones en las que el vice gobernador y el intendente compartieron fotos de gran visibilidad, y que sirvieron para mostrar, una vez más, la completa sintonía que mantienen la gestión provincial y la administración municipal. Aunque también para mostrar juntos a dos dirigentes que, allá por 2019, Schiaretti paró en la línea de largada para la sucesión provincial y que hoy, mucho más cerca del 2023, siguen en esa carrera.

Es claro que el intendente aventaja, con distancia, a los demás anotados. Hoy cuesta imaginar una fórmula que no sea liderada por él. Sin embargo, contrasta la receptividad del Centro Cívico para incluirlo en actos oficiales de la Provincia y la resistencia que el operativo clamor “Llaryora Gobernador 2023” encuentra en distintos puntos del interior provincial, donde los intendentes alineados con El Panal se abstienen de subirse a esa ola e, inclusive, llegan a reaccionar en contra de que el llaryorismo busque hacer pie en sus distritos por fuera de sus estructuras.

El contraste es claro, y algunos observadores del peronismo interpretan que, más allá del juego de cada intendente, existe una intención del Centro Cívico de modelar la sucesión provincial posicionando a Llaryora pero buscando controlar el modo en que su candidatura se perfila.

En pocas palabras, entienden que el schiarettismo quiere que la candidatura del sucesor esté planteada por dentro de las estructuras que responden al gobernador, y no apuntalada por un andamiaje paralelo.

El motivo que presumen, desde luego, es la injerencia que el Centro Cívico tendría en la conformación de la renovación en uno y otro supuesto.

Es el caso, por ejemplo, de los intendentes ultra-schiarettistas de la “Generación X”. Estos jefes comunales no resienten el posicionamiento provincial de Llaryora, pero tampoco se suben a la ola que el llaryorismo intenta generar a su alrededor.

Por el contrario, llevan como bandera el posicionamiento nacional del gobernador, y en cada oportunidad aprovechan para destacar las cualidades que el mandatario provincial podría aportar al país si lograra alcanzar responsabilidades nacionales.

Es, de hecho, el mismo discurso al que se apega el vice gobernador, que en declaraciones periodísticas posteriores al acto provincial por el 25 de mayo ocupó la mayoría del tiempo en destacar la previsibilidad que el “Modelo Córdoba” da al sector productivo y lo valioso que sería replicar las mismas circunstancias a nivel nacional.