Cuando lo culto se volvió popular

La muerte de Vangelis, ocurrida la semana pasada, despertó en los musicalizadores la necesidad de rescatar su trabajo, que pese a inscribirse más bien dentro de una tónica instrumental, en algún momento gozó de gran aceptación como banda sonora de películas.

J.C. Maraddón

Hacia finales de los años sesenta, la simpleza del rocanrol original había ingresado en el laberíntico camino de los arreglos orquestales que, como muchas otras innovaciones, fueron propiciados por los Beatles. La eclosión de nuevos instrumentos que reproducían cualquier sonido con sólo apretar una tecla, abrió el camino hacia una experimentación infinita en la que se introdujeron varios músicos talentosos, dando lugar al surgimiento de una corriente que se vinculaba con ciertas formas de lo sinfónico. En tanto algunos compositores se aferraban al formato clásico de la canción, otros confeccionaban obras conceptuales que expandían las fronteras de los géneros populares.

A ese estilo se lo caratuló como rock progresivo y alcanzó su mayor lustre sobre comienzos de la década siguiente, cuando coincidieron en el firmamento de la industria discográfica los nombres de agrupaciones que dejaron su huella en el panorama internacional. Emerson, Lake & Palmer, Yes, Genesis, Pink Floyd o King Crimson, por nombrar solo algunos, publicaban grabaciones que reflejaban una necesidad de elevar el rock hacia las cumbres de la alta cultura y complementaban esos registros con presentaciones en vivo en las que utilizaban recursos visuales acordes a esas monumentales piezas que aparecían recopiladas en sus discos.

Desde Inglaterra, esa tendencia se expandió hacia los cuatro puntos cardinales, hasta afectar a una enorme cantidad de artistas que se vieron impulsados a replicar en sus países de residencia aquella propensión a complejizar las estructuras cancioneras que se manifestaba en la escena británica. Aunque con el tiempo ese barroquismo se hizo tan desmesurado que se expuso a ser puesto en ridículo, en su momento sus cultores fueron adulados tanto por la crítica, que los encontraba insuperables en lo suyo, como por los fanáticos, que votaban a esos instrumentistas como los mejores del mundo en cuanto a su talento para la ejecución.

Como por esos años Grecia sufría el rigor de una dictadura implacable, jóvenes músicos de ese país resolvieron exiliarse en París, donde encontraron un marco adecuado para dar rienda suelta a una creatividad que en territorio griego no tenía como canalizarse. Muy pronto de esa colectividad surgió un grupo llamado Aphrodite’s Child, cuya formación estaba encabezada por el tecladista Vangelis Papathanassiou, autor también de la mayoría de las canciones, y el bajista y cantante Demis Roussos. Con un repertorio que combinaba temas de gran elaboración con baladas románticas, firmaron contrato con el sello Mercury e iniciaron una producción discográfica de tres discos en cuatro años.

Hacia 1972, la disolución del grupo estaba sellada porque sus líderes ya habían emprendido trayectorias solistas muy diferenciadas. Roussos sobresalió como vocalista y desarrolló una carrera muy exitosa, en la que sembró hits que llegaron a hacerlo famoso también en el mercado de habla hispana. Y Vangelis se consagró como autor de bandas de sonido de películas siempre recordadas, como “Carrozas de fuego” (por la que ganó un Oscar), “Blade Runner” o “1492: la conquista del paraíso”, que le otorgaron un gran renombre en la industria audiovisual, para la que también compuso la música de la serie “Cosmos” de Carl Sagan.

La muerte de Vangelis, ocurrida la semana pasada, despertó en los musicalizadores la necesidad de rescatar su trabajo, que pese a inscribirse más bien dentro de una tónica instrumental, en algún momento gozó de una masiva aceptación. Y a través de la evocación de su aporte artístico, también se pone en consideración aquella tendencia sinfónica a la que el punk pretendió sepultar, pero que sobrevivió, en especial en géneros que heredaron sus modos, como la new age y el ambient. A su manera, Vangelis logró que esa vertiente más bien elitista, llegara a las grandes audiencias acompañando escenas inolvidables.