Ladrones y policías

En las últimas semanas, Netflix ha estrenado un par de títulos que brindan muy claros ejemplos de dos miradas diferentes sobre un mismo acontecimiento delictivo: la película española “Asalto a la Casa de la Moneda” y la docuserie brasileña “Asalto al Banco Central”.

J.C. Maraddón

Quien roba un banco goza de un enorme prestigio entre los malhechores, según reza una leyenda urbana que hunde sus fundamentos en ciertos códigos carcelarios. Tal vez esa práctica sea considerada por algunos como un símil de la que llevaba a cabo Robin Hood y por eso los especialistas en ese tipo de atracos no tienen tan mala prensa cuando se apagan los micrófonos. Esta especie de aura justiciera que rodea a los que violentan las cajas fuertes bancarias, ha dado pie a una bibliografía y, por ende, a una filmografía destinadas a alimentar el mito, que parece crecer con el tiempo.

Las historias que giran en torno a esta temática, si están bien narradas, pueden despertar una especie de devoción por parte del público, que se ve en la encrucijada de ubicarse del lado de la ley o de depositar su corazoncito del lado de los bandidos que suelen ser más carismáticos y menos severos que los guardianes del orden. El suceso de la serie española “La casa de papel” es demostrativo de cuánto aprecian los espectadores las aventuras de estas características, donde las bandas ponen a prueba su inteligencia, su arrojo y su ambición, en la búsqueda del botín.

Una de las corrientes más transitadas que se inscriben dentro de este subgénero, es la de aquellos relatos que se sitúan desde la perspectiva de los ladrones. De atrás para adelante o de adelante para atrás, nos van contando cómo se planificó el asalto y quiénes son los cabecillas de la operación. El suspenso se centra en mostrarnos los detalles de la preparación y de la puesta en marcha del plan, en simultáneo con el operativo de seguridad que se despliega para impedirlo. Hasta llegar a saber si el objetivo se cumple o no, atravesaremos momentos de honda tensión frente a la pantalla.

La otra categoría, menos frecuentada pero igualmente válida, es la de aquellos argumentos elaborados desde el punto de vista de la investigación policial que intenta impedir el asalto o que, una vez consumado este, trata de descubrir quiénes fueron sus autores y, en lo posible, recuperar el dinero mal habido. En estas producciones audiovisuales se pierde el atractivo de obligar a la gente a decidir de qué lado está: se presupone que el respaldo es hacia la justicia y que, quien emprende semejante fechoría, debe pagarlo con la pena que se le imponga una vez que ha sido juzgado.

En las últimas semanas, Netflix ha estrenado dos títulos que brindan claros ejemplos de estas dos miradas sobre un mismo perfil delictivo. Y las cifras hablan a las claras de que las preferencias de los usuarios se inclinan hacia “Asalto a la Casa de la Moneda”, película española mayormente hablada en inglés, que narra las peripecias de Walter Moreland y su interés por apropiarse de unas monedas del tesoro de Francis Drake, depositadas en una bóveda en el Banco de España. Junto a cómplices por demás particulares, él hará lo imposible para lograrlo, en coincidencia con el Mundial de Sudáfrica que ganó la selección española.

Por otra parte, en la misma plataforma de streaming se puede ver la miniserie documental brasileña “Asalto al Banco Central”, que recrea uno de los robos más recordados en el vecino país, cuando fueron sustraídos 160 millones de reales a través de un túnel en 2005 en la ciudad de Fortaleza. Aquí son sobre todo los propios policías que intervinieron en el caso, los que rememoran cómo fueron develando los hilos de una organización criminal que tenía vínculos con el narcotráfico. Aunque la intriga no se resuelve hasta el final, es obvio que al observar los hechos desde este lugar, la trama es un policial que no deja demasiado espacio a la aventura.