La cruzada amoral

Lejos del escándalo desatado por su libro “Sex” en 1992, treinta años después Madonna se las compuso muy bien para espantar a la burguesía con la subasta una serie de NFT (tokens no fungibles) que muestran un avatar suyo desnudo, con sus genitales expuestos dando a luz variados objetos.

J.C. Maraddón

En octubre se cumplirán treinta años de la aparición de “Sex”, un impactante libro firmado por Madonna, que venía en una edición de lujo acompañado de un CD single y que, pese a su elevado precio, no tardó en convertirse en un best seller, al igual que su álbum “Erotica”, publicado en simultáneo. Esta descripción pareciera indicar que el volumen tuvo allanado su camino al éxito y recibió la aceptación generalizada como todos los productos de esta artista. Sin embargo, la realidad es que “Sex” fue blanco de airadas críticas por izquierda y por derecha, tanto de grupos feministas como de sectores ultrarreligiosos.

Y es que la cantante llegaba en ese libro a la que tal vez sería la mayor expresión de su estilo provocador, cuyas características se habían puesto en evidencia desde el momento mismo del inicio de su carrera, en el apogeo de la restauración conservadora de Ronald Reagan. Tras una década, Madonna saludaba al fin de siglo con una colección de fotografías de alto voltaje realizadas por Steven Meisel, a la que por su contenido sexualmente explícito muchos les aplicaron el calificativo de “porno”, dando lugar a un debate posterior acerca de hasta dónde puede llegar el arte sin caer deliberadamente en lo pornográfico.

La influencia que tuvo esta publicación con tapas de aluminio sobre lo que vendría después, demuestra la importancia de Madonna como ícono cultural del fin de siglo, que dejó su impronta en los ochenta pero que también se hizo sentir en el decenio siguiente, durante el que no se contentó con ocupar un rol de madrina, sino que siguió haciendo aportes para no perder protagonismo. Hasta bien entrado el tercer milenio, ella se las arregló para que su presencia en la industria del entretenimiento no pasara desapercibida, tanto en lo musical como en la prensa sensacionalista que revelaba sus asuntos privados.

Entre quienes hicieron de su vida su propia obra, Madonna es uno de los casos más relevantes dentro del arte pop, del que se convirtió en símbolo a partir de sus eficaces métodos para romper los tabúes que la sociedad les imponía a las mujeres en aquel entonces. Siempre osada, con “Sex” propuso una jugada de altísimo riesgo mediante imágenes hardcore que podían herir la sensibilidad de los espectadores, incluso de los que ya estaban acostumbrados a sus atrevimientos. Después de haber reivindicado la cultura queer con su tema “Vogue”, la diva se lanzaba a visibilizar las zonas más oscuras del erotismo.

Con 63 años, hoy Madonna debía indagar nuevas formas de desacato, sobre todo porque desde aquella proclama disruptiva de “Sex”, muchos han sido los prejuicios que se han desarticulado y a los creadores les empieza a resultar complicado encontrar nuevos límites para atravesar. A la edad en que la mayoría está pensando en el retiro, se pudo haber supuesto que esta veterana de la música también se estaba abriendo de las tendencias vanguardistas y que se replegaba sobre su bien ganada fama para dejar paso a las nuevas figuras que luchan por hacerse un espacio.

Lejos del escándalo desatado por “Sex” en 1992, en estos días ella se las compuso muy bien para espantar a la burguesía con la subasta una serie de NFT (tokens no fungibles) que muestran un avatar suyo desnudo, con sus genitales expuestos dando a luz a variados objetos. Si bien lo recaudado por “Mother Of Creation”, del artista digital Beeple, tiene como destino fundaciones que protegen los derechos de madres y niños desamparados, se percibe en la iniciativa algún atisbo de aquella cruzada amoral que emprendió a comienzos de los noventa, cuando todavía nadie se animaba a hacerle sombra en el panorama de una música internacional que sólo atinaba a reverenciarla.