El monopolio idiomático

Londres asiste con asombro a la edición del álbum debut del grupo Ghum, conformado por cuatro mujeres rocanroleras que ya desde 2016 vienen desparramando su furia por los escenarios y que aportan un toque de exotismo en el género al incluir frases en español.

J.C. Maraddón

A pesar de que posee una raíz afroamericana muy marcada, el rocanrol es un género de neto origen anglosajón, al punto que sus pioneros cantaban en inglés y de esa forma, casi sin saberlo, complicaban el trabajo de quien se pusiera en la tarea de adaptarlo a otro idioma. Las particularidades del inglés, con su profusión de monosílabos y de palabras acentuadas en la última sílaba, pondría en aprietos desde el principio a los encargados de traducir al español los grandes éxitos del nuevo ritmo, que en muchas ocasiones veían alterados hasta sus títulos, como ocurrió con “Good Golly Miss Molly”, que aquí fue conocida como “La plaga”.

Durante la primera parte de los años sesenta, los encargados de castellanizar el rock ensayaron algunos juegos retóricos bastante elementales, que estaban consagrados a respetar la cadencia melódica más que a transmitir un mensaje que tuviera cierta coherencia en cuanto a su sentido. Tímidas canciones de amor empezaron a aflorar de esas plumas que se proponían transmitir el frenetismo rockero a las audiencias hispanoparlantes que se resistían a intervenir en el fenómeno como simples testigos y se esforzaban por tomar un rol protagónico, como finalmente sucedió con Los Lobos y su hit “La bamba”.

Estas condiciones preexistentes confieren mayor relevancia a la epopeya de los pioneros del rock en la Argentina, que elaboraron un contenido poético de alto vuelo y acriollaron un estilo que había sido concebido y desarrollado a partir de la idiosincrasia inglesa y estadounidense, muy alejada de cómo se vivía en estos confines del Cono Sur. Ese movimiento parido por un grupo de jóvenes bohemios que trasnochaban en bares, calles y plazas de Buenos Aires, tomaba algunos elementos de sus pares del hemisferio norte, pero gozaba de una identidad propia muy marcada, que lo transformó en algo único e inimitable.

En la última década del siglo veinte, el rock latino atravesó una etapa de gran despegue, en especial como consecuencia de la aparición de una camada notable de intérpretes mexicanos, quienes conquistaron el mercado hispano de los Estados Unidos y desde allí derramaron su fama hacia todas direcciones. Aquel coto de habla inglesa ya había cedido su preeminencia idiomática y el español se erigió en una especie de lengua alternativa, incluso para formaciones como Jane’s Addiction o Pixies, que incorporaban giros en castellano en algunas de sus canciones, como detalle que le daba un toque exótico a su obra.

En la tradición del rock indie de esas dos bandas, Londres asiste con asombro a la edición del álbum debut del grupo Ghum, conformado por cuatro mujeres rocanroleras que ya desde 2016 vienen desparramando su furia por los escenarios y que en junio prometen publicar su disco “Bitter”. Tal como viene aconteciendo desde hace un tiempo ya, quienes integran este combo poseen orígenes distantes: solo dos son inglesas, la guitarrista Jojo Khor y la baterista Vicky Butler, en tanto que quien lleva la voz cantante es la española (de Sevilla) Laura Guerrero Lora y el bajo está a cargo de la brasileña Marina MJ.

Aunque titulen sus piezas en inglés y escriban la mayor parte de sus versos en ese idioma, las chicas de Ghum insertan palabras y frases en la lengua materna de su vocalista, un recurso que queda muy bien dentro del estilo que practican y debe sonar muy ocurrente para los oídos británicos. En la última canción que han publicado, “Deceiver”, el estribillo repite “Hazme daño, hazme daño” con una potencia que ningún equivalente inglés podría conseguir. Y es que al fin el español parece haber encontrado su modo rockero de expresarse, y ha puesto entre paréntesis el monopolio idiomático.