Llega al Rectorado la generación del ‘80

En las próximas elecciones puede llegar al Rectorado un dirigente que ingresó en 1984, tras la reinstitucionalización del país. Nos referimos a John Boretto, de 56 años. Con el otro candidato, Alberto León, no sucede lo mismo por monedas. León ingresó en 1981, tiene 60 años, pero curso y egresó, obvio, durante estos años de libertad y democracia.

Por Gabriel Osman

Víspera de un récord

La accidentada historia institucional argentina determina que estos 39 años de democracia ininterrumpida en el país hayan sido, también, el ciclo más largo de vigencia del cogobierno y autonomía en la universidad pública. Esto es lo que explica que en las próximas elecciones puede llegar al Rectorado un dirigente que ingresó en 1984, tras la reinstitucionalización del país. Nos referimos a John Boretto, de 56 años. Con el otro candidato, Alberto León, no sucede lo mismo por monedas. León ingresó en 1981, tiene 60 años, pero curso y egresó, obvio, durante estos años de libertad y democracia. Barajando con las posibilidades electorales de uno y otro, lo más seguro es que en las elecciones que se celebrarán entre el 31 de mayo y el 2 de junio, quede consagrado el economista. Este sí será un récord para celebrar, de mayor relevancia política que la llegada de una mujer a ese cargo que, adicionalmente, egresó del área con menos crédito de la UNC: la humanística.

A propósito, de un blog de circulación interna en el área de la Facultad de Filosofía y Humanidades, salen a menudo diatribas contra este diario. Es irrelevante y alcanza con la simple mención. Salvo que la insistencia lleve a esta publicación a dar detalles a inspiradores del blog que tuvieron que renunciar a la cátedra por asuntos de instancia privada. Las autoridades prefirieron callarse. Muchos han querido colocar un manto de comprensión sobre el caso. Se trata de un suscriptor de la ya extinta Carta Abierta, defensor e impulsor de las políticas de género, “experto en Hegel”, para quien la confrontación de los opuestos es siempre fértil y, además, inevitable. Pero esta publicación no curte esta y otras ideologías esotéricas. Es decir, no está al alcance de la “dialéctica ontológica” de ese filósofo alemán. Encima, del siglo XVIII, como bien podría objetar Cristina.

Frentista por excelencia

De abuelos inmigrantes italianos, Boretto nació en La Palestina, una pequeña localidad del Departamento San Martín, de donde también es oriundo un político conocido, peronista en este caso. Se trata de Eduardo Accastello, hoy ministro de Industria, pero de un recorrido más grande, que incluyó dos intendencias en Villa María. Muchos lo ubican a Boretto como un franjista, pero esta es una visión sesgada e interesada. Fundamentalmente si viene de la oposición. Boretto ocupó el segundo cargo en importancia en la UNC durante los dos rectorados de Carolina Scotto (2007-2010 y 2010-1013). Por su pasado inmediato y porque la UNC deja poco margen de éxito a las ofertas electorales que no son transversales, un dirigente como el ex decano de Económicas lo es por excelencia. Con rigor, la Franja Morada nació frentista. La excepción es hoy, curiosamente, al kirchnerismo universitario: “Para un kirchnerista o, mejor aún, para un cristinista, no hay socio posible que otro cristinista”, sería la versión actualizada del primer Juan Perón. La Franja Morada dio sus primeros y vacilantes pasos allá por los ’50. No era solo de filiación radical sino bastante ecléctica, al punto que la integraron radicales, anarquistas, socialistas, demócratas progresistas, etcétera. En los años posteriores al golpe de Onganía (1966), se realizó en Rosario, en el sótano de una biblioteca anarquista, un encuentro clandestino, obvio, donde se nacionalizó esta oferta estudiantil que había nacido años antes en Córdoba. Se convierte en puramente radical en los ’70 porque, como se sabe, fue un paréntesis democrático de apenas tres años. Con el retorno de la democracia, retorna pero fracturada ante la escisión del Frente Santiago Pampillón, que capitaneó el dirigente de izquierda Carlos Vicente.