Guzmán hace equilibrio arriba de la pared

La cabeza del ministro sigue siendo el objetivo de la rama más dura del kirchnerismo.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Hay que agradecer que aprendieron a disputar las internas sin armas. Aunque el grueso de la gente sigue de rehén de los tironeos entre ellos, por lo menos se corrieron seis letras como para evitar llegar a los tiroteos de antaño, lo que es un cambio enorme y positivo.

Esa maduración, sin embargo, no nos ahorra los caprichos y desplantes que se hacen. Llevamos ya un par de semanas en las que solo están logrando escalar un conflicto que podría (y que debería) resolverse por el camino de la política, especialmente para ellos, que se pasan autopolish por el lomo, reivindicando ser los dueños de la rosca política.

Esto no significa que quieran romper, sino simplemente imponerse en el frente interno. Cristina sabe que sola no puede, mientras que Alberto sabe que sin ella sería rápidamente devorado por la política mas primitiva. Es como esa forma de pelea en la que se cachetean con una mano libre, mientras tienen la otra atada a su oponente: si se sueltan, pierden; si quieren pegar muy fuerte desacomodan al rival y pegan mal.

En ese juego burdo, pero táctico, hemos visto todo tipo de iniciativas del ala dura del kirchnerismo para recuperar centralidad en el gobierno. Manejan las caja, pero no tienen gravitación política. Despilfarran recursos económicos y políticos, esperando que llegue su madre política a poner orden en ese jardín de infantes políticos que son los que se dicen jóvenes aunque peinan canas.

Renunciaron los ministros, mandó cartitas de enojo, renunció el primogénito a la presidencia del bloque, no se atendieron el teléfono, se negaron a renunciar algunos funcionarios ante el pedido de sus superiores… hicieron todo menos irse del gobierno.

Hay un juego muy divertido para niños pequeños que es evitar que se caiga un albañil de arriba de una pared. Por supuesto que el albañil es un muñeco y los ladrillos de la pared son de plástico, porque estoy casi seguro que la legislación no permitiría algo tan parecido a un evento digno de El Juego del Calamar.

En ese juego hay que ir sacando ladrillos de una pared ficticia, procurando no ser quien tire al albañil del lugar que ocupa arriba de todo. Los acólitos de la vicepresidenta ejecutan las órdenes de su jefa con la esperanza de que se caiga el que hace equilibrio en la cima, sin darse cuenta de que esa sería una forma estúpida de perder el juego. Siguen sacando ladrillos, ansiosos por ver de qué manera Guzmán cae con todo su peso desde las alturas.

Las críticas de Cristina a las políticas del gobierno que ella misma integra ya son abiertas y sin anestesia. No le importa que la acusen de debilitar al presidente, porque lo sabe y lo busca. Alienta a que los jugadores saquen los ladrillos, porque quiere que el golden boy de la negociación de la deuda termine perdiendo brillo por una gestión mediocre.

En ese repertorio de desestabilización con el que siguen tratando de imponerse en la interna faltaba otra jugada más, que apunta al corazón mismo del albertismo nonato: le van a dar a Guzmán lo que quiere, pero en dosis letales.

¿Qué significa esto? Necesitamos agua para vivir y si tenemos sed vamos a pedir agua. Si quien tiene control sobre la llave de paso no me quiere dar, seguiré con sed pidiendo agua. Ahora bien, si decide abrir la llave al máximo de su capacidad puedo ahogarme, e incluso si es mucha cantidad me puede arrastrar como en una crecida de un río.

¿Qué le está pidiendo Guzmán al cristinismo ortodoxo? Que lo dejen subir las tarifas y eliminar subsidios. De a poquito es algo que hace falta, pero si se libera todo de golpe la marea de quejas y protestas se puede llevar puesto al ministro. Quizás por allí va la decisión de los que piden la cabeza de aquel al que acusan de estar enterrando las chances electorales de 2023.

La reciente suba de las naftas fue algo extraña: que primero suban las petroleras privadas antes que YPF no es algo normal, como tampoco lo es que Feletti y el resto de sus huestes antiinflacionarias no hayan intentado poner sanciones a los que decidieron retocar sus precios. Todos sabemos que la nafta está barata en dólares, pero el kirchnerismo que responde a Cristina sabe que subirla es impopular.

Guzmán necesita reordenar los números y reducir el gasto público, saneando las cuentas que la visión setentista de la economía ningunea en favor de objetivos políticos e ideológicos, los mismos objetivos que señalan que deben correrlo del medio. Guzmán soportó todos los embates, alcanzando un acuerdo con el FMI y consiguiendo el respaldo en el Congreso, más allá de la oposición de parte del oficialismo que él integra.

Para lo que no puede estar preparado un ministro de perfil netamente técnico es para soportar el peso de la política más pura. Si se liberan los precios en una especie de shock sorpresivo alentado por el cristinismo Guzmán no tiene ninguna posibilidad de controlar un estallido social (inducido o espontáneo) porque a la gente la manejan otros dirigentes que deben legitimar su liderazgo frente a las bases.

Una movida tan arriesgada casi que es el último ladrillo que les queda sacar para voltearlo, incluso a riesgo de que se caiga la pared y los termine aplastando a todos.