De pequeñeces y mezquindades

En un contexto de insatisfacción social creciente estamos asistiendo en vivo, en directo y en tiempo real al grotesco proceso de descomposición de la alianza gobernante. En donde no se discuten ideas sino solamente espacios de poder a partir de rudimentarias consignas sin contenido.

Por Luciana Flores

En un nuevo capítulo de la telenovela que protagonizan los integrantes del Frente de Todos, el presidente Alberto Fernández explicaba ayer enojado que su gobierno nunca “ocultó” la realidad de lo que sucede en Argentina ni se hizo el “distraído” con la pobreza o la desocupación.

Innecesarias son las interpretaciones del mensaje del presidente y de todas las demás acusaciones y expresiones descalificantes entre unos y otros en el marco de una batalla necia y egoísta, donde el gran perdedor es el pueblo argentino.

Las peleas internas en el partido gobernante tienen hoy el monopolio del debate público.

El sistema político institucional de Argentina está en crisis. Nadie puede negarlo. Como nadie puede negar que el sistema democrático alcanza niveles alarmantes de insatisfacción social en la medida en que no puede resolver los problemas que hacen a la vida y al bienestar de las personas.

Y la dirigencia política argentina tiene mucho que ver con esta realidad debido al enorme aporte que hizo y hace al desprestigio de la democracia.

La validez de la política se mide por los resultados. Si éstos no se condicen con la prédica, la política se transforma en un relato vacío que termina en desilusión y escepticismo.
Porque no hay consigna ideológica que resista servicios públicos ineficientes, educación degradada, inflación galopante, pobreza y desocupación.

El concepto de «CASTA» que el partido Podemos en España utilizó con éxito como consigna en sus inicios, está ahora siendo utilizado en Argentina con no menos éxito por alternativas políticas que ideológicamente se encuentran en las antípodas del partido Podemos de España.

Es decir, no representa una cuestión ideológica. Se trata de un eslogan sin demasiadas pretensiones intelectuales que intenta interpretar el descontento social.

En este contexto de insatisfacción social creciente es que estamos asistiendo en vivo, en directo y en tiempo real al grotesco proceso de descomposición de la alianza gobernante. En donde no se discuten ideas sino solamente espacios de poder a partir de rudimentarias consignas sin contenido.

Y como en un espejo se refleja un proceso de debate y fractura sin contenido ni ideas en la alianza opositora, donde solo se discuten posicionamientos personales en una trivial pelea por los cargos.

Qué lejos parecen haber quedado los tiempos donde la pelea era por una sociedad más justa y las luchas se nutrían en la discusión sobre el destino de una nación y del modelo de sociedad que se perseguía.

Si a este lamentable espectáculo le agregamos el hecho de que el mismo está ocupando casi monopólicamente el debate público, sin lugar para los temas trascendentes de la sociedad argentina, podríamos pensar, sin ningún intento de adherir a teorías conspirativas de cualquier naturaleza, que una gran cortina de humo tapa la realidad de la decadencia de un pueblo que avanza desde hace tiempo degradando las bases de la educación, la producción, el trabajo, las instituciones, los valores, la seguridad y la dignidad de la sociedad. En suma, degradando el bienestar y el progreso de la población.

La tarea de la dirigencia política debiera ser la de debatir y definir la contradicción principal de una sociedad, que actualmente tiene que ver con la decadencia y la aceleración de la pobreza. No puedo aceptar que las contradicciones principales de una sociedad sean los espacios de poder o el manejo del gasto público.

Argentina necesita una verdadera democracia en acción. La dirigencia argentina debe recuperar el deseo de formar parte de algo más grande que le devuelva a la gente la esperanza.

Una democracia que permita a su pueblo encontrar trabajo, sostener una familia, recibir una buena educación, vivir sin miedo y jubilarse con dignidad y respeto tras una vida de esfuerzo.

Aunque parece que los gestos de grandeza se pierden en las pequeñeces y en las mezquindades de un debate político nacional tan pobre como Argentina.

* Lic. Mgter. Luciana Flores.

Licenciada en administración de empresas. Magíster en gerencia y administración de servicios de salud.

Sector público: Área Gestión de Calidad de la Subsecretaría de Discapacidad de la Provincia de Córdoba.

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