La Bolsa de Córdoba proyecta una inflación anual de 70%

Con la participación de María Eugenia Vidal como invitada especial, el Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Córdoba presentó su Balance de la Economía Argentina. Lo hizo su director, Guido Sandleris, extitular del Banco Central durante la gestión de Mauricio Macri.  

Sandleris proyectó una inflación anual del 70%: «La economía crece pero hay que tener en cuenta rebotó fuerte después de la caída asociada al Covid19. Con 5 % de crecimiento para este año no hay espacio para ilusionarnos».

El trabajo repasa que, de mantenerse sin cambios la actividad durante todo este año en relación a diciembre del pasado, la economía crecería un 4,1% año a año. Esto se explica por la baja base de comparación de 2021, todavía impactada por la pandemia y las “erráticas” políticas del Gobierno. 

Se trata, explica el trabajo, del “arrastre estadístico”, que surge por contabilizarse el crecimiento del PBI de acuerdo a su nivel promedio a lo largo del año, en lugar de considerar las mediciones a fin del periodo. 

Con excepción de las proyecciones de máxima en el acuerdo entre el gobierno y el FMI de 2022, que se posiciona como el escenario menos probable para la economía, todos los pronósticos esperan un crecimiento inferior al determinado por el efecto del “arrastre estadístico”. Por ende, se puede afirmar que las perspectivas marcan que la economía se estancará e incluso podría llegar a ceder entre 2022 y finales de 2021. 

Respecto del impacto de la actividad en el mercado laboral, el REM espera un 7,5% en el tercer trimestre de este año que aumentaría 8% durante el mismo periodo de 2023. 

En lo que hace al plano fiscal, el déficit estructural del sector público aparece una de las principales debilidades de la macroeconomía argentina. El acuerdo con el FMI fija metas cuantitativas respecto del sendero fiscal primario nacional, que debería reducirse al 2,5% del PBI este año; 1,9% en 2023; 0,9% en 2024; y lograr el equilibrio fiscal en 2025. En el mediano plazo se debería apuntar a un superávit de 1,25% del PBI. 

Para el Instituto, si bien el acuerdo va en la “dirección correcta”, aparece como “insuficiente” para resolver los problemas de fondo en la macroeconomía. El sendero planificado deja dos tercios del esfuerzo para la próxima administración nacional.  

A esto se suma que no prevé una reducción del alto gasto público, ni descarta aumentos o creación de impuestos en un país que ya cuenta con una fuerte carga del Estado sobre el sector privado y las familias. 

Tampoco aborda reformas que resultan “sumamente necesarias”, como la previsional, laboral o tributaria. 

Más estricta es la definición del Fondo en relación al financiamiento monetario del déficit fiscal. Tras cubrirse casi en su totalidad con emisión monetaria en 2020 y 2021, el Gobierno debe reducirla a 1% del PBI este año; 0,6% en 2023 y eliminarla a partir de 2024. 

Pese a ser lo “deseable” -sostiene el trabajo-, “no resulta suficiente” lo propuesto. El Gobierno que negoció el acuerdo mantiene la posibilidad de financiar el déficit con emisión, mientras que imposibilita a la próxima administración a hacerlo.  

Por otro lado, el ritmo propuesto “no resulta consistente con un sendero de estabilidad en los precios en el mediano plazo”. 

El mundo 

Las secuelas económicas de la pandemia del Covid-19 resultaron menos duraderas que lo previsto inicialmente, pero la guerra entre Rusia y Ucrania generó nuevos focos de incertidumbre.  Si bien el FMI primero proyectó que el producto bruto global superaría con creces los niveles de 2019, con un incremento esperado del 3,6% este año. 

En su último informe indica que el conflicto contribuirá a una desaceleración significativa del crecimiento mundial en 2022 y atizará la inflación. El organismo entiende que, con todo, la economía de la mayoría de los países “permanecerá en terreno positivo». 

Para el FMI, «el impacto de la guerra en Ucrania contribuirá a degradar este año las previsiones de crecimiento de 143 países que representan el 86% del PIB mundial».  

Las economías que se enfrentan a la baja incluyen los importadores netos de alimentos y combustibles, en África, Medio Oriente, Asia y Europa. 

El aumento de los precios de las materias primas ha mejorado las perspectivas de crecimiento de muchos exportadores de petróleo, gas natural y metales. Pero estos países también se ven afectados por mayores incertidumbres, y sus ganancias están lejos de ser suficientes para compensar una crisis mundial general.