La lucha para ir justo por centro

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Hay un capítulo de Los Simpson en el que deciden instalar una licuadora gigante en el colegio, con la que secretamente procesan a los niños enviados a castigo, que luego serán almorzados por sus profesores. La política argentina es esa picadora de carne en la que la máxima virtud es sobrevivir, evitando ser devorado por la opinión pública.

La crítica de Javier Milei hacia la casta política pasa por alto ese tema. Llegar a conseguir el favor popular es relativamente más fácil que sostenerse como actor de peso a lo largo del tiempo. Solamente en la ciudad de Córdoba recordamos a personajes como Tomás Méndez, Daniel Giacomino o el Pichi Campana, que de medir relativamente bien pasaron en poco tiempo a la política que se hace por detrás.

La figura de Milei es demasiado incómoda para Juntos por el Cambio, que sigue sin encontrarle la vuelta a la irrupción del economista libertario. Mientras algunos se babean por convocarlo a la alianza, otros han dejado claro que si se suma ellos lo abandonan.

La interna cambiemita sigue subiendo la temperatura, aportando confusión frente a un electorado que tampoco está muy bien orientado. El crecimiento de esas opciones antisistema es lo lógico cuando el sistema deja de dar respuestas a las demandas ciudadanas.

La última semana todo pareciera mostrar que la alianza está al borde de una fractura, lo que nunca se debe descartar en este país. Sin embargo, eso no necesariamente sucede en el momento en el que se lo espera, sino con sorpresas como la vez que Carrió agarró su cartera y abandonó UNEN mientras se relanzaba el espacio, ante la atónita mirada de Martín Lousteau. Aquello fue en agosto de 2014, justo cuando Pino Solanas decía que allí no había lugar para la derecha. Un año después Macri ganaba la interna en las PASO y se perfilaba para vencer al kirchnerismo.

Los tiempos de la política son despiadados, porque no alcanza con alimentar a los medios dándoles lo que quieren, como Zoolander disfrazado de mono saltando ante la demanda del fotógrafo. La gente eventualmente se cansa de ver siempre lo mismo, como lo demuestra la guerra en Ucrania, que ya dejó de ser noticia y es desplazada en los noticieros por videos virales de perros o gatitos.

Un año en política nacional es un ejercicio demasiado intenso como para mantenerse vigente, lo que explica que muchos políticos prefieran hacerse los zonzos para resguardarse hasta el año que viene. Tal vez el protagonismo de Macri, Bullrich, Morales y algunos otros no obedezca a querer quedarse con la candidatura, sino más bien a librar una batalla por el poder interno de un espacio políticamente competitivo y con aspiraciones de triunfo.

¿De qué sirve ungir hoy un candidato si se puede desgastar en los 16 meses que faltan hasta la elección? Lo importante es evitar que alguien se quede con una estructura política, con un espacio electoral o ideológico y con los cargos de una repartija ante un eventual triunfo.

La polarización es un mal de nuestra era, pero que no necesariamente asegura que el triunfo esté polarizando. Macri quiso polarizar con el kirchnerismo y salió derrotado, pero no porque el kirchnerismo opusiera un modelo radicalmente distinto, sino porque supo ganarse el centro del electorado con un candidato moderado.

Los fuegos artificiales con los que JxC pelean sus internas sirven para que se envalentonen los libertarios, convencidos de que su rating y viralización les hará ganar la elección, olvidándose de que también hay que sacar gente a la calle a convencer, a pintar paredes, a contar votos o a repartir bolsones. Solamente con comunicación no se ganan las elecciones, pero -mucho más importante- no se puede gobernar una vez que se llega al poder.

JxC existe en una avenida del medio que no existía hace siete años, pero tiene el arduo desafío de mantenerla abierta, sin que le roben votos los que acechan desde los lados. Si el escenario electoral vuelve a ser un escenario de tres tercios en disputa, la verdadera apuesta es entrar en el ballotage.

Así, no se trata de ganar en primera vuelta, sino de garantizar un caudal de votos que asegure que nadie llegue al 45% o tenga una distancia de 10 puntos habiendo llegado a 40%. Fue la apuesta de Sergio Massa, que no pudo diferenciarse del kirchnerismo tanto como necesitaba y al que enterraron los votos de De la Sota que no pudo rescatar en Córdoba. De mantener un caudal electoral de alrededor de un 35%, un escenario de tercios es ideal para JxC, que debe elegir representar el centro para ganarle a cualquier candidato extremo que ingrese al ballotage.

Juntos por el Cambio funciona con una dinámica extraña, una confluencia de peronismo y radicalismo que presenta una cara novedosa. Es una especie de peronismo con internas o un radicalismo con ganas de gobernar. Este tipo de movimientos, peleas, operaciones y demás nos remite al tradicional internismo radical, pero que eventualmente se podría resolver una vez que las urnas definan candidatos en unas PASO. Es casi como si se tratara de aquella vieja frase de Perón sobre cómo los peronistas son como los gatos.

Nadie sabe si Milei es una cañita voladora, una estrella fugaz que caerá antes de las elecciones, o si finalmente hará un papel destacable en la elección. No debería importar en JxC, que solamente debe tratar de mantener a flote el espacio de “Juntos por el Centro”, en lugar de comprarse un problema incorporando más impresentables a una estructura que ya tiene muchos propios de los que hacerse cargo.