El acuerdo evitó el choque de trenes pero no garantiza nada

Por Gabriela Origlia

Los trenes parecían venir de frente y cuando quedaban metros para el choque, llegó el alivio del anuncio de un acuerdo entre el Gobierno argentino y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El mayor alivio es que no se harán los desembolsos por US$ 17.600 millones que correspondían entre marzo y diciembre de este año. Las discusiones técnicas seguirán, aunque es probable que antes del cierre del primer trimestre se firme.

Tal como esperaban los analistas -por lo que dejan entrever los anuncios- es un acuerdo “liviano” y cortoplacista. Al Gobierno le permite mantener el tono épico en la presentación; desde que se hizo la presentación los funcionarios insisten en que no habrá ajuste. Sin recortes no se puede cumplir el sendero fiscal delineado. No alcanza con el crecimiento de la economía para reducir el rojo.

La apuesta del oficialismo es que gran parte de la consolidación fiscal se haga por la “vía del crecimiento”: un gasto que no crece en términos reales implica, siempre que la actividad crezca, una reducción de éste en términos del PIB. La consultora Ecolatina señala que resta ver la forma en que se puede lograr.

Por caso, si los gastos ajustables por movilidad crecen en términos reales (lo que puede ocurrir si la nominalidad se proyecta a la baja, dado que las jubilaciones, pensiones y asignaciones ajustarán por la inflación pasada), el resto del gasto (subsidios, bienes y servicios, gasto de capital) debería crecer por debajo.

Un punto clave es el gasto previsional que es casi la mitad del global. Rafael Rofman, del Cippec, señala que en 2021 hubo una caída récord del gasto previsional, casi dos puntos del PIB respecto de 2020.  Eso se debió principalmente a la caída del valor real de las jubilaciones, por la aceleración de la inflación y la movilidad, mientras la economía se recuperaba. Sin embargo, advierte, la tendencia futura viene complicada. Desde mediados de 2021 la movilidad viene recuperando lo perdido y, para marzo, vamos a estar en un nivel parecido a 2019. “Si la inflación no se dispara y la recaudación se sostiene, el gasto continuará aumentando”, describe.

Suponiendo inflación al 50% y recaudación al 5% anual, las jubilaciones de 2022 van a aumentar casi un 5% en términos reales, y luego los aumentos serán algo así como un 3% por año. Si la inflación empieza a bajar, el crecimiento del gasto se acelerará, indica el economista. Entonces, “si somos pesimistas en cuanto a la inflación, deberíamos esperar un aumento en el gasto previsional de cerca de un 15% en los próximos cuatro años. Si somos optimistas (o sea, suponemos que baja la inflación), el aumento será mayor (más de un 40%!)”.

Sintetiza: “Esto implica que, con las reglas actuales, las reducciones esperadas en el déficit no vendrán del sistema previsional y que este generará presiones adicionales, difíciles de financiar (en caso de una baja de la inflación, tal vez insostenibles)”.

Otro aspecto de los lineamientos anunciados apuntan a la estrategia financiera: en 2021 un programa financiero con un déficit primario de 3% del PIB cerró con casi cuatro puntos de emisión monetaria, y en 2022 el programa deberá cerrar con un déficit apenas levemente menor (2,5% del PIB) pero con tres puntos menos de emisión.  Ese objetivo, coinciden los economistas, es desafiante más allá de que el ministro Martín Guzmán dijo que otros organismos podrían aportar casi un punto porcentual del producto. Por ahora, se esperan más detalles.

El otro ítem es la dinámica de acumulación de reservas. La meta para este año es de sumar US$ 5.000 millones, la que podría cumplirse con el desembolso neto del FMI pero Ecolatina advierte que habrá que analizar de qué forma se proyecta sustentar esta trayectoria en los años subsiguientes.

Respecto de la tendencia con la inflación, no se espera que haya una reducción este año. Todavía los expertos mantienen las proyecciones en torno al 50% que había antes del acuerdo.