Un tributo sin desconfianza

Aunque se supone que Pappo Napolitano no incluía al reggae dentro de sus preferencias musicales, eso no ha sido obstáculo para que varios artistas de ese género, de manera sincera, grabaran versiones que aparecerán en febrero en el disco homenaje “El hombre suburbano”.

J.C. Maraddón

Aunque se llenaban la boca hablando de la paz y el amor, en otros tiempos muchos rockeros hacían gala de una intolerancia supina y despreciaban a los que no eran “del palo”, con gestos de desdén que eran el reflejo del que ellos mismos sufrían. Más tarde, esa fobia también se empezó a verificar dentro de la misma comunidad rockera, cuando en su seno surgieron tribus que se percibían incompatibles entre sí. Ya fuera porque admiraban a líderes opuestos o porque gustaban de estilos que estaban en las antípodas, ese simple motivo bastaba para que saltara la bronca entre ellos.

Cuando se pusieron de moda estilos de gran complejidad como el jazz rock o la música progresiva, los que seguían aferrados al rock clásico empezaron a sufrir cierta discriminación de sus colegas. Esta segregación se afianzó luego con el reinado del pop rock, y todo desembocó en la instauración de una especie de gueto donde sólo eran admitidos los que rendían culto a ese rocanrol más duro y guitarrero. Vestidos de negro y encajados dentro de sus camperas de cuero con tachas, iniciaron un proceso de diferenciación en el que pasaron a ser ellos los que se sentían por encima del resto.

En realidad, les preocupaba conservar una especie de pureza sonora del género. Y en Argentina esa tendencia se afianzó a comienzos de los años ochenta con la aparición de Riff, un grupo de hard rock que decía haber llegado “para eliminar a los tontos”. En la jerga de sus seguidores, cualquiera que se apartase de la senda del metal era considerado “popero” y, como consecuencia de sus preferencias musicales, era declarado poco menos que un enemigo. El surgimiento de una banda como V8 sólo es comprensible en ese contexto en que un público juvenil se había fanatizado con la corriente más heavy.

Pappo Napolitano, en cuyo currículum sobresalía haber sido el referente de la estirpe blusera Argentina, regresó de Inglaterra impregnado de nuevas ideas acerca de cómo debía rockearla, y a través de Riff canalizó esa veta que pronto empezó a cosechar seguidores. Desde ese púlpito, dio rienda suelta a su personaje maldito, que se atrevía a las incorrecciones más osadas, pero que sobre todo aglutinaba a un sector del público de rock que no se sentía contenido en ningún otro estilo que no fuese eso que entonces se llamaba “rock pesado” y que seguiría su propio camino sin importar lo que hacían los otros.

Fallecido en el año 2005 en un accidente de moto, Pappo se hizo famoso como un eximio guitarrista pero también lo volvieron popular sus polémicas declaraciones, que no se andaban con pequeñeces, como cuando le dijo a DJ Deró “buscate un trabajo honesto”. En su intransigencia vital, apostaba a que el rocanrol se nucleara alrededor de los estilos que lo apasionaban y negaba cualquier entidad rockera que pudiesen tener aquellos que incursionaban en variantes menos ortodoxas. Por eso, su inquina contra la electrónica era una reafirmación de lo que él asumía como su propia identidad sonora.

El reggae, ese estilo jamaiquino al que Bob Marley impuso en todo el planeta, difícilmente podría ser incluido dentro de la paleta musical a la que el Carpo le otorgaba primacía. Y cabe suponer que hubiese aborrecido cualquier adaptación de su obra que tradujera las canciones a ese ritmo. Sin embargo, esos presupuestos no han sido obstáculo para que varios artistas de reggae, de manera sincera, grabaran versiones que aparecerán en febrero en el disco tributo “El hombre suburbano”. Como adelanto, en Spotify se puede escuchar a Guillermo Bonetto, de Los Cafres, cantando “Desconfío”… pero con un atenuante: la guitarra de Pablo Guyot.