Poemas del suceder y del observar

Lectura de dos poetas cordobeses en sus libros recientes, una experiencia enriquecedora. Así también la que regala leer una buena revista de poesía.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

Jorge Felippa: El rocío y el átomo

Dos poemarios presentados hace poco en Córdoba, por Jorge Felippa y Claudio A. Suárez.

La poesía de Jorge Felippa está llena del suceder y de la acción que transportan su voz como un rezo sin dioses. El libro El rocío y el átomo, editado por Letras de papel, se decanta en tres cuadernos. En el primero, De la cáscara a la semilla, una mudanza, el adiós y la reinauguración de las costumbres en un nuevo lugar, gestan páginas lo mismo que el suceder de los meses y las estaciones. De pronto, los recuerdos también habitan junto al poeta, mitigan su soledad. Y ocurre también con las noticias de un mundo que le parece ajeno: “Las llamadas de otros sobrevivientes son gritos en la niebla de un día que resplandecerá tan lejos de este páramo”. La ciudad acoge noches de escritura, de “arrrojar semillas” no siempre fructíferas, como “un antiguo oficio en bancarrota”. La poesía sospecha de la velocidad y destila su asombro ante palabras dichas en las salas de otros: “admiro en silencio esas gemas doradas como un pan de mi madre”.
En las páginas del segundo cuaderno, De espaldas a la luz, discurren también la ajenidad del amor, más acá del recuerdo y la añoranza; los llamados sin respuesta, la esperanza aludida y también eludida, lo abandonado, lo perdido, lo que yace del lado de la memoria. Dice el poeta: “A veces hay que caminar de espaldas a la luz. Lo primero que verás será tu sombra”.
El tercer cuaderno lleva el nombre del poemario y su hábitat es un cuarto de hotel en las sierras. El poema acontece afuera, detrás de la ventana. De este lado, la agonía y el goce solo son parte de los sueños benéficos, la experiencia siempre yace en el ayer y a él se asoma el corazón para recordar su origen. Es poesía del insistente adiós que nos marca como una obsesión (el yo lírico se contagia a un nosotros). Esa película puesta en modo circular nos recuerda escenas no tan heroicas, ni tan memorables, pero la memoria las escoge para echarnos en cara su menosprecio y nuestra complicidad con ese sentimiento. La poesía, por fortuna, echa su cal sobre todo y extrae bocados exquisitos. Poesía sincera y bien tallada, la de Jorge Felippa.

Claudio Amancio Suárez: Brevedad Infinita
Desconozco si es posible clasificar o generalizar la observación poética, esa que tantea en busca de registrar sensaciones y momentos. Claudio Amancio Suárez aporta una economía de las palabras para nombrar fragmentos que dan a iluminaciones serenas y cotidianas, traídas como piezas de su libro aparecido en Ediciones del Callejón, colección Poetas de Córdoba. El libro exhibe lo capturado por sus poemas mediante una red de cazar mariposas posadas como al descuido en el instante. “Siempre es maravillosa la luz sobre las cosas que astillan y mojan horizontes”, dice al final del poemario. Solo queda en la vida ese ejercicio flotante de la contemplación que distrae de la pobre épica de las horas y agita en unas líneas el hallazgo de lo estante ahí, de lo que sucede. Esa artesanía pone de su parte los sentimientos reposados en emociones elementales: la ausencia, las heridas, los dolores y acaso el miedo del que huyen las golondrinas y las nubes.
Su poesía respira un animismo que aconseja aprender de las piedras, oír el mensaje del viento, preguntar al fluir de los días, atrapar el bostezo de la noche, sentir las lágrimas de la nube, los refucilos en espejos que repiten la luz, o revelar la filiación de los cometas solitarios.
Las cuidadas palabras acontecen como los instantes que pretenden retener: “Llamar las cosas por su nombre / antes que su encanto sea escrito.” El arte, pues, de no espantar ese encanto en la distracción de la sustancia, los elementos, accidentes y acontecimientos. Su poesía inherente puesta en la infinita brevedad de treinta páginas que equivalen a tomos, sobre el ejercicio de sentir, observar y transcribir. Animismo, y también el don de la analogía que da su anuencia para conectar con el sentido recóndito, o descubrir el firmamento donde encaja la poesía que transcurre en lo obvio.
Un ramo despojado de todo, menos de la elocuencia serena de las piedras y frutos escogidos y ofrendados en las páginas de esta novedad que es un gusto recorrer.

Poesía copiosa en “Katana”
El pasado diciembre se distribuyó en la web la revista de poesía Katana N° 5, que acompaña el trimestre en curso, hasta el próximo número. Hecha en Buenos Aires con dirección de Carlos Rey, se extiende en acercar obras de muchos y muchas poetas del país, además de incluir en esta edición un rico Panorama de la poesía salteña. Esta es la tarea iluminada con que se apunta a contrarrestar la escasa difusión del género, precisamente un problema abordado por el director en su editorial. Al preguntarse Carlos Rey por la orfandad de lectores que aqueja a la poesía, repasa entre otras causas el sentimiento de afinidad o de exclusión que despierta en quienes la leen; la ausencia de anécdota que es el atractivo de la narrativa y cierto sentido de “secta” de los propios poetas. Sin una forzada conclusión, señala como propia del género la conciencia de una tarea que se da en lo poco, en lo pequeño.
También contiene la Katana N° 5 una entrevista al poeta Alberto Cisnero por Fabián Herrero, en torno a su obra Media hora con el autor. El director de la editorial Mora Barnacle ayuda a tejer una serie de elementos sobre esa obra, vinculada a recuerdos involuntarios, a la ausencia de un criterio de veracidad, al valor del artificio y al error como parte del hallazgo poético. Un buen acercamiento al autor. Se lee también una Reseña de Almuerzo en Traslasierra, de Ricardo H. Herrera, por Franco Bordino. Y hay en las páginas cantidad de poesía para descubrir en esta buena publicación de nombre tajante, que ha calculado con tino la capacidad de asombro trimestral y más allá, brindando material para un catálogo sensible, al ofrecer su mundo de copiosas tonalidades.