Aerolíneas Alberto

Por Javier Boher

¡Sorpresa, amigo lector! ¿A que no se esperaba tenerme un jueves mofándome de nuestra ilustrísima clase política? Ya sé que mi día es el lunes, pero en enero por ahí pasan cosas que te cambian todo el programa, como cuando uno va al río con los sandwichitos, la sangría y la reposera para terminar tapando el auto con ramas porque de golpe vino la piedra.

Igual, como en este país la dirigencia hace que uno tenga más ganas de llorar que de comer milanesas con fritas, el único remedio posible es reírse, para lo que siempre nos dan material ¿Hacerse mala sangre por tipos que viven de la nuestra? A eso se lo dejemos a pueblos que no llevan un siglo de estar curtidos como nosotros.

Para qué le voy a mentir, si usted me conoce bien. Anduve buscando tema y preguntándome sobre qué podía escribir. Estaba casi tan desorientado como Alféretro en política exterior, así que ahí se me prendió la lamparita y pensé, ¿por qué no hablar un poco sobre el World Authoritarian Tour que va a meter el president?.

Resulta que el muchacho al que le han prestado el cargo de Jefe de Estado va a ejercer una de las funciones que le corresponde a la posición, que es representar a la nación frente a otros estados. Como la pandemia y la credibilidad lo dejaron un poco flaco en ese plano, decidió arrancar 2022 con todo.

Seguro lo pidió en los deseos del 31 de diciembre mientras se comía las doce uvas: “quiero viajar por el mundo porque en Argentina ya no puedo salir ni a regar los claveles de Olivos”. No lo culpo, estimado. ¿Se imagina qué aburrido debe ser andar paseando en el país solamente por las provincias en las que gobiernan los amigos? Todo bien con Formosistán, pero ¿ir a pasear en medio de la ola de calor? Si hasta Dildo Insfrán se fue a la playa, debe haber estado duro.

La primera parada del viaje de las Aerolíneas Alberto va a ser Rusia, que justo ahora debe estar re tranquilo. Con Vladimir jugando al TEG con Ucrania la reunión va a terminar siendo como cuando vas a hacer un trámite a la muni y justo al empleado le pasaron unos tiktoks re graciosos, que hablás y es como si no existieras.

Encima, no es por nada, pero si en este gobierno había un canciller que no hablaba inglés, no debe haber ni uno que hable ruso o lea cirílico, esas letras que parecen sacadas del test que te hacen para la vista cuando vas a renovar el carnet. Acá hay un montón de rusos, pero no creo que Zielinski, Verea o Rodríguez sepan hablar como para sumarlos a la comitiva.

Yo no quiero meter cizaña, estimado, pero quizás hay alguna señorita asesora presidencial que tenga que ir a resolver algún asunto con un tal Anatoly, al que hace un tiempo le mandó una cartita pidiéndole por las vacunas. Tal vez le separó algunas en una funda portaporrón para que se las traiga y hacer un poco de geopolítica de alto vuelo.

De ahí se va a ir unos días a China. Algo de tour deportivo, con la apertura de los Juegos Olímpicos de invierno, esos en los que Argentina es como el equivalente a Liechtenstein o Mauricio en los de verano, porque nunca llegamos al podio. Viendo cómo le fue a la delegación Argentina en Tokio el año pasado, la cosa viene más dura que saber qué es lo que pretenden con estos viajes.

Estando ahí va a aprovechar para juntarse con el presidente chino. Esto puede sonar exagerado, pero con esa combinación de soberbia porteña con pueblerinismo con el que el kirchnerismo encaró siempre la diplomacia, hay que cruzar los dedos para que no haga un chiste diciéndole a Xi Jinping que compra el pinito desodorante del remise en el supermercado del primo.

Sé que suena exagerado, estimado, pero si hace unos años la jefa tuteó “Aloz” y “La Cámpola”, no me extrañaría que si lo reciben con un asado pregunte qué parte del perro es. Esta gente tiene menos viaje que maqueta de colectivo, así que supongo que no sabe muy bien cómo hay que relacionarse en ámbitos en los que no están todos preparados para libar masculinidades para ver si pegan un cargo menor en la burocracia estatal.

Ahora, la verdadera frutilla del postre llega al final de todo. Después del frío que hace en esta época en el hemisferio norte (ya me la veo, cada noche, a mi querida Fabiola haciéndole masajes con aceite de bebé para que no se le hagan sabañones en los pies) Alféretro va a meter una escala en Barbados, un país que se sabe que existe por tres cosas: Rihanna, las playas paradisíacas y el paraíso fiscal.

Es así, amigo lector. La agenda oficial dice que va a ir a hablar sobre el cambio climático. Le juro que si decía que iba a enseñarle a hacer chipá, a descorchar champagne descogotando la botella o a armar el lavarropas a batería que prepara sangría era más creíble que la excusa que puso.

Está bien que ahora sea presidente de ese pretigiosísimo ente que es la CELAC, pero que no diga que por eso va a hablar de ese tema. Que tire “cooperación en turismo para previaje recíproco” o alguna gansada así. Es obvio que va a levantar sospechas si decide parar en un pedazo de piedra en el mar que existe porque es un laverrap de plata susana.

La verdad, estimado, a nadie sorprende esto. Mientras hace las veces de presidente, aprovecha para sacarle el jugo al cargo prestado. Seguro, la pandemia le complicó los planes. Pero bueno, le va a venir bien el viajecito por el ratito que le quedó a cargo el país ahora que la vicepresidenta se fue de viaje a Honduras. ¿Se imagina la presión de saber que no puede meter la pata porque ella se puede enojar a la vuelta? Después de eso, cualquiera necesita descanso.