Suoem: la mesa de la lista Verde está servida

La asamblea extraordinaria en la que el gremio definió la Junta Electoral que dirigirá los próximos comicios dejó tres certezas: Ariel Quiñone ya no es un opositor, la lista Verde sabe que hay un nuevo espacio que busca desafiarla (y presta atención al asunto), y la gestión prefiere la continuidad del oficialismo.

Por Felipe Osman

El jueves último, entrada la tarde, unos 250 afiliados del Suoem se reunieron para celebrar la Asamblea General Extraordinaria que, al cabo de dos horas, definiría la Junta Electoral que tutelará el desarrollo de los próximos comicios.
Se trató de un número record. Muy superior al que habitualmente se reúne para resolver estos asuntos. Y, tras cartón, en enero, mientras impera el receso administrativo dispuesto por la gestión que mantiene al grueso de los municipales fuera de las reparticiones. ¿Por qué existió entonces una participación tan alta?
Está claro que no se trata de un gran momento para el sindicato, que perdió mucho durante 2020 y recuperó sólo parte durante 2021. Y ningún gremio en baja crece en convocatoria. Desde luego, habrá quienes quieran explicarlo en la épica de la resistencia… allá ellos. Lo cierto es que nadie suma adeptos perdiendo beneficios y, menos aún, si quienes prometen recuperar son los mismos que cedieron.
La magnitud de la convocatoria tiene una mejor explicación, y es que la lista Verde sabe que en las próximas elecciones habrá un retador que no la desafiará con los postulados teóricos del trotskismo, sino con la frontal (y razonable) acusación de haber entregado lo que dijo haber perdido.
Una oposición que, tras el vendaval que sacudió a los municipales, merece atención, por ofrecerse a sus electores como el vehículo para castigar al oficialismo gremial. Una oposición que conviene cortar de cuajo antes de que empiece a crecer. Y ninguna manera mejor de hacerlo que controlando al organismo que dirime cualquier reclamo en el proceso electoral.
Ahora bien, más allá de cuántos afiliados votaron vale preguntarse cuáles.
Varios asistentes a la asamblea destacan la presencia mayoritaria de mandos medios interinos. Es decir, de jefes de área, departamento o despacho que no revistan en esa categoría en virtud de una designación permanente, sino en razón de una designación precaria, periódica del Ejecutivo. Simplifiquemos, municipales que deben su jerarquía a la gestión y que pueden, sin más, perderla si así lo decidiera su empleador.
Es curioso, porque habitualmente quienes se encuentran en esa situación son reacios a participar de actividades gremiales que pudieran disgustar al “jefe”.
Avancemos. Apenas iniciada la asamblea hubo varios sorprendidos, ya no por el éxito de la convocatoria, sino por las palabras de Ariel Quiñone -otrora arquitecto de la lista Naranja, principal challenger que el oficialismo gremial tuvo en los últimos 20 años- que propuso a Beatriz Biolatto y Daniel “Chiquito” Fernández como moderadores de la reunión.
Esto disgustó al puñado de delegados que supieron acompañarlo en el pasado, algunos de los cuales decidieron acercarse a Aldo Cabello, líder de la lista Violeta, una vez terminada la asamblea.
Es que ya no hay dudas, no habrá otro espacio que desafíe al actual oficialismo gremial y que, con mejores o peores chances en el corto plazo, se disponga a construir una alternativa con miras a la sucesión de Rubén Daniele al frente del sindicato. Sucesión que, más tarde o más temprano, deberá llegar.
La pregunta ahora es si la lista Violeta llegará realmente a constituirse o naufragará en los días que restan hasta en 3 de febrero. Como obstáculos encontrará los cantos de sirena de la propia lista Verde, que seguramente intentará desactivar el armado. Y hasta tal vez con las dificultades que entraña desafiar a un Rubén Daniele en que la gestión parece ver el elemento ordenador que resume los problemas de esa federación de reparticiones que se llama Suoem.