Para llegar a un manuscrito perdido (Quinta parte)

Acompañando las jornadas de Antonio Vázquez de Espinosa por los caminos tucumanos de su bien informado manuscrito, extraemos elementos de su descripción al paso, datos, juicios y señalamientos.

Por Víctor Ramés

Ilustración de «Nueva Corónica y Buen Gobierno» (1615) de Guaman Poma de Ayala. La ciudad de Tucumán.

Nuestra penúltima nota sobre el manuscrito de Antonio Vázquez de Espinosa toma puntualmente elementos descriptivos sobre el recorrido del territorio de la región tucumana, atravesando pueblos españoles y “de gentiles” a medida que marchaba en dirección a nuestro punto de mayor atracción, la Córdoba del primer cuarto del siglo XVII.

Las provincias ya tenían sus nombres, sus poblados, sus rasgos tempranos, pues el proceso de conquista se hallaba avanzado. Enumera Vázquez de Espinosa la población, producción y el comercio con la puna de Atacama y otros sitios próximos de la actual provincia de Jujuy: “Tendrá 100 vecinos españoles, los más de ellos son arrieros, llevan harinas, maíz, quesos, y otras cosas de sustento a las minas de los Chichas, y lipes. Tienen crías de mulas, y ganado vacuno que sacan a Potosí”. También señala que “hay en ella iglesia mayor, conventos de San francisco y la Merced, tiene algunas poblaciones, o reducciones de indios encomendados a vecinos de la ciudad. Confina por Norte y sur con grandes provincias de Gentiles”.

Al seguir camino, “la ciudad de Salta la nueva, llamada por otro nombre Lerma, con pocos vecinos españoles, y a dos leguas de esta está Salta la vieja.” Luego se topa con una ciudad dos veces fundada y luego desaparecida: “En el distrito de 33 leguas que hay de la ciudad de Jujuy a la de Esteco hay innumerable ganado silvestre y caza. La ciudad de Nuestra Señora de Talavera de Madrid en lengua de indios Esteco, en 27 grados es de temple cálido y húmedo donde se crían innumerables sabandijas; hubo otro lugar, a 7 leguas de este, que lo mudó el Gobernador Alonso de la Ribera en su tiempo a este que también le llaman de las Juntas. Tendrá la ciudad 250 españoles vecinos con iglesia parroquial, conventos de San francisco La Merced, y la Compañía de Jesús y en su comarca algunos pueblos, o reducciones de indios. Los indios de esta ciudad tienen grandes crías de ganados, mulas, y los más son arrieros. Tienen almonas, donde hacen cantidad de jabón, que llevan a Potosí con otras cosas de la tierra, lienzo de algodón, y pabilo.”

Arriba luego el autor carmelita (o bien su relato) a la ciudad que da nombre a la región: “Al sur de la ciudad de Esteco, más de 50 leguas, está la ciudad de San Miguel del Tucumán, de donde toma nombre aquel Reino. La ciudad es de hasta 250 vecinos españoles, su temple muy cálido, y húmedo, tiene en el contorno algunas reducciones de indios donde se labra cantidad de lienzo de algodón, pabellones, sobrecamas, y otras cosas curiosas. Hay en el distrito crías de mulas, y ganados y tiene muy olorosas y preciosas maderas, y por los campos innumerables cantidad de ganado silvestre.”

Yendo más al sur, se interna en la descripción del territorio santiagueño: “Ochenta leguas de la ciudad de Esteco al oriente en 29 grados australes, está la ciudad de Santiago del Estero, todo camino llano, que hace horizontes, como en la mar por las grandes pampas, o llanadas que hay en aquella tierra, todo lo más del camino poblado de estancias de ganados, de que hay gran cantidad, no solo manso, sino cimarrón, o silvestre hasta el Paraguay, y Buenos Aires, de innumerables avestruces, manadas de venados en partes de a 1.000 y más, perdices chicas y grandes, tan bobas y simples que los que van caminando en las carretas que andan en el trajín de aquel Reino, y desde los caballos, las van cogiendo con lazos puestos en la punta de una caña o vara; hay gallipavos, faisanes codornices, palomas tórtolas, conejos, galápagos tortugas, y otros animales, como lechones, que llaman en aquella tierra tatús y quirquinchus armados todos de conchas…”. Prosigue la mirada a los edificios del pueblo: “En la ciudad de Santiago del Estero, está la Iglesia Catedral de estas provincias donde reside el Obispo, y prebendados que la asisten y sirven. Tendrá la ciudad 400 vecinos españoles, y mestizos, sin los indios, y negros de servicio. Hay en ella conventos de Santo Domingo, San Francisco La Merced, y la Compañía de Jesús, con un hospital, y otras iglesias, y ermitas. Reside en ella el gobernador de estas provincias proveído por su Majestad por consulta de su Real consejo de las indias, el cual es Capitán General y encomienda los indios que vacan.”

El último relato de nuestra página, hacia el sur, se entusiasma con las tierras riojanas: “La ciudad de la Rioja está en triangulo con las de Santiago y Córdoba, por la banda del Sur a 54 leguas de Córdoba, la cual está fundada en un sitio llano, y apacible, de buen cielo, su temple es caliente; tiene esta ciudad más de dos leguas de huertas de naranjos y los demás árboles frutales de España, y otros de la tierra, por donde se entra, que como los naranjos por el buen temple de la tierra están siempre cubiertos y cargados de azahar, está aquella entrada por espacio de las dos leguas, además de ser alegre y hermosa vista por estar los árboles todo el año cargados de frutas, y con gran frescor y verdura que parece aquel paraje el paraíso terrenal, o un pedazo de cielo, por el olor, suavidad y fragancia del azahar, de que se hace en aquella ciudad cantidad de aguas de olor, y otros regalos de conservas.

La ciudad tendrá 250 vecinos españoles, donde hay Iglesia parroquial con conventos de Santo Domingo, San Francisco y la Compañía de Jesús intentaba fundar por el año de (1)623. Hay Cantidad de viñas alrededor de la ciudad, de que se hace mucho vino, que es el principal trato de ella, y así para regar las viñas, y huertas con los demás sembrados de trigo, maíz, patatas y otras raíces y semillas, que todo se riega de una grande acequia, sacada de un Río que pasa cerca de la ciudad. De esta se sacan otras menores para el servicio de la ciudad, la cual es un pedazo de paraíso, se hacen en ella y en los pueblos, o reducciones de su distrito, que son de indios de buena razón, cantidad de lienzo de algodón, de que también hay grande cosecha; tiene en su comarca muchas crías de ganados, y mulas, y sus campos son llenos del silvestre como todo aquel Reino.”