El Cuchi bien temperado, nota por nota

Hoy sube a las plataformas el disco “Solo Cuchi”, en la voz de Liliana Rodríguez y el piano de Leopoldo Deza. El pianista fue quien editó estas versiones originales de las partituras del gran creador salteño, indudable luz en el folklore argentino.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

La voz de Liliana Rodríguez y el piano de Leo Deza en homenaje a Gustavo Leguizamón.

Es tan fontal la obra del Cuchi Leguizamón en el folklore argentino, que sería arduo tratar de catalogar las interpretaciones que se han hecho de sus piezas en la discografía popular. Desde hoy se halla disponible en plataformas un disco dedicado a interpretar la obra del enorme músico salteño por cuenta de esa cantoraza cordobesa que es Liliana Rodríguez. En este caso, a las indudables cualidades de su voz e interpretación, el titulado Solo Cuchi suma atractivos elementos vinculados a la obra de Leguizamón. En primer lugar, hay que mencionar el acompañamiento en piano por ese referente que es el tucumano Leopoldo Deza. Pero además hay una vuelta de tuerca, ya que pone en valor la música de Leguizamón, ofreciendo las melodías, las introducciones y las armonías originales para piano del propio compositor. Leopoldo Deza recibió las partituras de la familia del Cuchi, con indicaciones específicas de la esposa del músico, Ema Palermo (fallecida en 2017), quien transcribió varias de ellas con su caligrafía personal.

Liliana Rodríguez está entusiasmada con este proyecto largamente acariciado que hoy ve por fin la luz en las plataformas. “Es un homenaje que hacemos con Leopoldo al Cuchi. Yo pretendía cantar sus temas como él los escribió. Y Leopoldo es la persona que se se puede decir que le conoce las costillas al Cuchi Leguizamón, era sin duda la persona indicada para encarar este trabajo. Yo hacía tiempo quería encarar este proyecto, porque creo que muchas canciones del Cuchi se cantan mal, te hablo desde hace cuarenta años atrás. Incluidas las que nosotros hacíamos con el Grupo Azul. Sin respetar las notas, ni las letras tampoco. Pero sobre todo las notas. Sea hecha la salvedad en el caso del Dúo Salteño, que las aprendieron con el Cuchi. Ellos son los únicos. Por medio de una amiga común que es Lucía Montero, me conecté con Leopoldo y vi que él efectivamente era la persona indicada. Él me hizo los arreglos del piano, los grabó en Buenos Aires, me los mandó, yo con eso me fui al estudio del Turco Saba -el querido Sergio Chapur-, y ahí puse la voz. Las voces con el piano volvieron a Buenos Aires y en el estudio de Melopea, Mario Sobrino, que es mi técnico adorado, hizo la mezcla. Así se realizó esto.”

Las canciones de Solo Cuchi, con sencillez, frescura y tacto, nos van dejando a solas con una voz y un piano, frente a una obra desnuda de todo lo que no sea el universo sonoro con que nacieron. Hay algunas que discurren solo en el piano, como son la bellísima Zamba del pañuelo, la Chacarera del zorrito y la hechizante El sapo rococo. En la vereda lírica, Liliana Rodríguez delinea con sabiduría de baqueana los caminos de canciones maestras como Me voy quedando, Maturana, Zamba de Argamonte, Fiesta de guardar, Zamba del laurel y otras. Su interpretación vocal sabe transmitir sonrisas, desgarros, declaraciones. Se la oye latir en la chacarera Corazón qué te sucede (hay divergencias también en los nombres, muchos la llaman Corazoneando). Liliana le ha ganado tierra al azul de la afinación, con que matizar las expresiones y emociones.

El disco estremece, propone disfrutes a la vez que lleva a pensar en el tema de la escritura de la música folklórica, y toca la cuestión de la memoria: ese paso histórico que se produjo de lo oral a lo escrito, y de lo tradicional a lo industrial. Y desde allí para acá, en que se incorporó el gesto moderno de “recopilar temas en los discos de otro”, como decía un amigo chileno. Aunque el caso tal vez no revista tanta gravedad en muchos de los temas del Cuchi Leguizamón, entre los que van desenvolviendo la voz de Liliana Rodríguez y el piano de Leopoldo Deza aparecen pasajes que hacen parar el oído. Las divergencias entre los recuerdos del oído y esta “versión testigo” de la obra del Cuchi se iluminan a medida que se oye el disco.

Esto aporta, al respecto, Leo Deza: “En ese plan está hecho este disco. Si a algunas canciones las escuchamos raras o distintas a como se conocen, no son variaciones que hemos hecho nosotros, están fielmente tocadas y cantadas las melodías, las introducciones y las armonías. Tal cual las compuso el Cuchi. Yo las toco a mi manera, pero respeto las introducciones originales, la armonía original, y la Lili cantó las melodías exactamente como fueron compuestas.”

El artista tucumano proporciona el contexto de este impulso: “Yo tengo desde hace años una amistad con el hijo mayor del Cuchi, Juan Martín, y con Delfín. Ellos me regalaron todas las partituras del Cuchi ya hace varios años. Y yo me puse a revisarlas por curiosidad mía, y empecé a ver que había muchas diferencias en la manera en que conocíamos esas canciones, respecto a como habían estado compuestas. Es lo que pasa mucho con la música popular, nadie escucha las versiones originales, se conocen las canciones del Cuchi por versiones de otros. Entonces, hace rato me puse en la tarea de corroborar si estaban bien las partituras, cómo eran verdaderamente las melodías de los temas. Yo hice las partituras para el libro que sacó el INAMU, Corazón alegre, para el centenario del Cuchi. La que me ayudó mucho fue Ema Palermo, la mujer del Cuchi. Cada duda que tenía la consultaba a Ema, que era una divina. La primera vez le pregunté che, la Zamba del Carnaval, que no tiene nada que ver a cómo la cantamos, lo que está en la partitura, ¿qué hago, le doy bola a la partitura? Y ella me dijo ‘sí, dale bola porque a la partitura la escribí yo’. Porque al principio el Cuchi no sabía escribir y ella sí. Y ella le transcribía.”

Solo Cuchi se puede escuchar, descubrir y disfrutar a partir de hoy, búsquenlo en el canal de Spotify de Leopoldo Deza.