Para llegar a un manuscrito perdido (Cuarta parte)

Una descripción general de la gobernación del Tucumán hecha alrededor de 1620 ofrece un acercamiento notable a esa región de la actual Argentina, en la cual se inscribían las importantes provincias arribeñas y Córdoba.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Vista parcial del mapa de América del Sur por Levinus Hulsius, 1599.

El relato descriptivo sobre el noroeste argentino hasta el centro, la Tucumania del siglo XVII, es un verdadero regalo para la lectura histórica, dentro del extenso Compendio y descripción de la Indias Occidentales, manuscrito de 1628-1629 que es el centro de esta serie de notas. Una de las causas que potencian este valioso aporte es, sin duda, el hecho de que recién fue posible conocer el texto a partir de mediados del siglo XX, en que fue transcripto y publicado en los Estados Unidos. La crónica de Antonio Vázquez de Espinosa abarca desde el Virreinato de Nueva España, todo México y Mesoamérica, hasta Perú y Chile y, en el cuadro sudamericano, contamos con su recorrido por el Tucumán argentino, región que dependía del Virreinato del Perú.

Más allá o acá de si Vázquez de Espinosa estuvo o no personalmente en los lugares descriptos, la precisión de su relato del Tucumán es vívida y de enorme importancia. Lo mítico sobrevuela la crónica, aunque la observación geográfica del fraile carmelita en el primer cuarto del siglo XVII desambigua en parte sus propias afirmaciones. Así ocurre con su mención, en el recorrido, de la ciudad española de Esteco, también llamada Talavera de Madrid, durante siglos considerada legendaria y que en realidad estuvo situada en el actual territorio salteño, donde tuvo dos fundaciones. En el mismo sentido llama también la atención del lector el hecho de que el autor refiera el nombre de la mítica Trapalanda prácticamente como alternativo al de Santiago del Estero.

Un panorama sobre esta región de nuestro particular interés, le dedica Espinosa en el Capítulo 39: “De las leguas que tiene el Obispado y Gobierno del Tucumán”. Allí refiere los límites de este territorio que, antes de la llegada de los conquistadores, estaba bajo el gobierno inca con centro en el Cuzco. También enumera las ciudades españolas fundadas, entre las cuales se extendían zonas “de gentiles por conquistar”, que equivalía a decir infieles y, para nosotros, pueblos originarios.

“El Gobierno del Tucumán confina por el Norte con la provincia de los Chichas del Arzobispado de los Charcas, por donde comienza desde el valle de Omaguaca, por poniente con el Reino de Chile, aunque hay en medio de los dos Reinos grandes provincias de Gentiles, que conquistar, por lesnordeste con el Rio Bermejo, ciudad de la Asunción, y provincias del Paraguay, por el sur con las provincias y naciones que están por Conquistar hacia el estrecho. Tiene de largo nordeste sudeste, casi 300 leguas y de ancho nordeste sudueste, por partes 100 y en otras menos, y en este obispado y Gobernación hay fundadas ocho ciudades, que son la de Santiago del Estero, llamada Trapalanda en lengua de indios, que es Cabeza de aquel Reyno. Al noroeste las ciudades de Esteco, Jujuy, donde tiene sus nacimientos el Río Bermejo al cual por juntársele otros muchos Ríos Caudalosos que pasan entre el Volcán y Esteco, y otros, va muy poderoso cuando entra en el de la plata, con que lo engrandece. Las otras ciudad son San Miguel, La Rioja, y Cordova.
La ciudad de Salta, o Lerma, está entre Jujuy, y Esteco, la cual es de pocos vecinos, aunque rica de tierras fértiles, y hermosos valles, abundantes de aguas en cuya comarca esta también el valle de Calchaquí, pueblos de Casabindo, Sococha, Cochinca, Moreta, y la Nación de los Apamatas, y otras grandes provincias de gentiles, que si los pocos Españoles tuvieran posible para conquistarlas, y reducirlas, con que se aseguraba el paso de los que van del Perú a aquel Reyno, fuera de Grande importancia, y aun se había de poner calor en ello, y encargar más aquella población, haciendo mercedes a los que fuesen a ella con que se reducirían aquellas Naciones a la fe, y sería la tierra muy rica.”

Los lectores y lectoras ya se harán una idea del aporte de este relato, menos literario que centrado en los datos físicos de los lugares y las distancias. Es bien perceptible la razón conquistadora en Vázquez de Espinosa: abrazar la fe cristiana y quedar bajo el poder de la corona hispánica era la única opción que hallaba válida para los pueblos que antecedían en siglos a la invasión europea. Cerrando la enumeración de pequeños pueblos fundados por los españoles, reputados como ciudades, Vázquez proyecta los beneficios de fortalecer dichos asentamientos.

“También importara mucho que la ciudad de Londres, que está fundada en el valle de Quinmibil hacia Chile, en comarca de la nación de los indios Diaguitas, que todas sus serranías están lastradas de minerales de plata, y oro, y la comarca de Londres es de maravilloso temple, de fertilísimas vegas, y valles, en los cuales hay viñas, y se da maíz, y trigo en abundancia, con todas las frutas de España, con aumentar la población, se reducirían estas naciones a la fe, y se comunicarían los Reinos del Perú, y Chile con más facilidad con los del Tucumán, y Paraguay.”

La descripción del cronista cierra el capítulo, antes de dedicarse a recorrer con su pluma la región guaranítica:
“En las vertientes de las serranías de Tarija, y Chichas al Oriente caen los llanos o comienzan del Paraguay, Cerca del Rio Bermejo, donde es muy necesaria una población de españoles, en cuyo comedio hay grandes provincias de gentiles de buena razón, que reducir a la fe, y con la Grosedad de aquella tierra sería muy rica, y se podría con facilidad y brevedad abrir Camino del Perú para Buenos Aires, dejando los Grandes rodeos que se traen por el Tucumán.”

El fraile del Monte Carmelo no se limitó a dar un panorama general del Tucumán, sino que se detuvo en cada una de las provincias, legando textos insoslayables que aún pueden alimentar el interés de lectores y lectoras. Para ello, debemos retroceder algunas páginas en busca de información de los pobladores de las ciudades que jalonaban el camino, de su fauna, sus árboles frutales, su producción de alimentos, su artesanía manual, sus edificios principales (iglesia, hospitales, ermitas), su clima, su riqueza o pobreza, y muchos otros datos de gran provecho.