Suoem: pegar a Daniele con el Ejecutivo, táctica de la oposición

Despejada la situación judicial del gremialista, la oposición que empieza a articularse ya sabe a quién tendrá en frente, y prepara una campaña que identifique al líder de la lista Verde con el oficialismo, a la vez que reclame una renovación en la conducción.

Felipe Osman

En un fin de año intenso Rubén Daniele quedó rehabilitado por la Justicia, que determinó que el agente no pudo ser pasado a pasividad por el decreto jubilatorio que Ramón Mestre firmó en 2017 en tanto que éste violaba la tutela gremial conferida por el Ley de Asociaciones Sindicales.
Así, con 69 años de edad, el líder de la lista Verde quedó en condiciones de buscar su doceavo mandato al frente del Suoem, y el oficialismo gremial ya se prepara para definir una lista que llevará al interminable Daniele en su primer renglón.
Más allá de la terea que queda por delante para las agrupaciones que integran la lista Verde, a saber, arribar a un acuerdo para confeccionar una lista que deje el menor espectro posible a la oposición sin potenciar en exceso las tensiones internas, resulta también de interés preguntarse cómo se moverá la oposición.
En primer lugar, debe decirse que cualquiera que se disponga a desafiar a la lista Verde, y más aún a una boleta liderada por el propio Daniele, tiene que asumir que arrancará muy abajo en las apuestas. El sólo apellido del gremialista es una marca registrada que acumula 33 años al frente de la Secretaría General, y otros cuatro conduciendo los hilos del sindicato durante la regencia de Beatriz Biolatto.
Asumida esa realidad, las opositores que se entusiasman con construir la “lista Violeta”, cuya columna vertebral sería la agrupación “Unidad, Dignidad y Trabajo”, que lidera el radical Aldo Cabello, imaginan una serie de puntos flacos a atacar en sus contrincantes.
El principal, desde luego, será el difícil presente que atraviesa el gremio, que en 2020 sufrió una interminable seguidilla de derrotas y en 2021, a pesar de haber conseguido detener parcialmente el retroceso, siguió siendo testigo de una desconcentración operativa que siempre resistió.
Sin embargo también importa el cómo. La oposición está convencida -y no le faltan argumentos- de que los avances sobre el sindicato fueron “conversados” con la lista Verde, desde luego, en un contexto que correctamente leído planteó significativas ventajas relativas para la gestión, desbalanceando la relación de fuerzas que antes existía entre el gremio y el Ejecutivo.
Los ideólogos de la lista Violeta apuntarán entonces sus cañones a identificar a la lista Verde con el Ejecutivo. Y tienen un valioso archivo que los respalda, que data de la campaña previa a las elecciones del 12 de mayo de 2019. En los meses que precedieron a esos comicios, distintos dirigentes de la Verde se mostraron muy cercanos al peronismo. Por dar dos ejemplos: Daniel Fernández, que desde entonces revista en las filas de las 62 Organizaciones Peronistas, y el mismísimo Rubén Daniele, que supo hacerse presente en el bunker de Hacemos por Córdoba en aquella noche de domingo.
Por otro lado, desde la oposición también entienden que la conducción que la lista Verde ofrece al sindicato está anquilosada, detenida en el tiempo y sin perspectivas de recambio. No es, cabe decirlo, una observación demasiado aguda. Tras casi cuatro décadas de un dominio rotundo de Daniele y una composición de la comisión directiva que apenas si se ha modificado a lo largo de los años, resulta evidente que quienes administran el poder dentro del sindicato han obturado cuantos les ha sido posible el surgimiento de cualquier alternativa o renovación. Y a decir verdad, es casi comprensible que lo hayan hecho. Pocos (muy pocos) tienen la generosidad de engendrar un recambio que, tarde o temprano, implicará una amenaza a su propia posición.
En ese rango se moverá, seguramente, la estrategia discursiva de una oposición que si termina consiguiendo la masa crítica necesaria para presentar batalla a la lista Verde deberá prepararse para una contienda sumamente complicada, en la que tendrá en frente a un artefacto electoral que se ha mantenido invicto desde el regreso de la democracia.