Sin un acuerdo que lo sostenga en Nación, Gill volvió a Villa María

Bettina Marengo

Sin contar con los votos en el Concejo Deliberante para una nueva licencia, Martin Gill renunció ayer a la secretaría de Obras Públicas de la Nación y desde hoy reasume sus funciones como intendente de Villa María, luego de dos años como funcionario del presidente Alberto Fernández. En 2019 había ganado el gobierno de la ciudad con el sello de Hacemos por Córdoba, pero fue uno de los primeros en “saltar el charco” y pasarse al Frente de Todos.

Luego de la tarde en Buenos Aires, por la noche regresó a Villa María y estuvo en la presentación oficial del Festival de Peñas, en el Anfiteatro local.

El excandidato a diputado del Frente de Todos anunció la novedad en su cuenta de Twitter y puso fin a una jornada de versiones. Lo hizo luego de que se le agotaran los tiempos: a la hora cero de hoy vencía el cuarto permiso por seis meses, dispensa que había renovado en julio con el respaldo de los dos concejales que responden a Eduardo Accastello, su principal adversario dentro del peronismo del departamento San Martín. Lo que era una cuestión legislativa local se convirtió en un tema político de alcance provincial y nacional que sólo podría haberse resuelto con un entendimiento entre el Panal y la Casa Rosada, que no se dio. Sin los votos del ministro de Juan Schiaretti y con su propio bloque dividido, Gill tuvo que renunciar al cargo más importante que hasta ayer tuvo un cordobés en el gobierno nacional.

Gill contaba con el aval del presidente Fernández y de quien fuera su jefe directo, el ministro de Obras Públicas Gabriel Katopodis. De hecho zafó de la orden de renunciar que AF impartió a todos los funcionarios-candidatos legislativos. Pero luego de la campaña electoral y de las legislativas, las posibilidades de un acuerdo entre el Frente de Todos y el Panal, que habilitara los votos necesarios en el Concejo, quedaron reducidas a lo mínimo. Ni la buena relación existente entre el ahora ex secretario y el intendente de la ciudad de Córdoba, Martin Llayrora, alcanzó para un acercamiento.

Pese a algunas versiones, tampoco hubo acuerdo con el ala PRO de Juntos por el Cambio de Villa María, cuyos concejales habrían recibido llamadas de funcionarios nacionales.

La otra opción era que renunciara a la Intendencia y que el intendente interino, Pablo Roso, convocara a nuevas elecciones para completar el mandato, algo que no le interesaba ni al gillismo ni al FdT ni a Hacemos por Córdoba, luego de la contundente victoria de Juntos por el Cambio en las legislativas de noviembre. Además, las encuestas que blandía el schiarettismo indican malestar de la población para con los permisos de su intendente. Ayer, antes del anuncio vía Twitter de Gill, la mesa chica del gobernador Schiaretti daba por cerrado el capítulo con la vuelta del jefe comunal al gobierno local.

“A partir de mañana retomo mis funciones como intendente de #VillaMaría luego de presentar hoy mi renuncia como Secretario de Obras Públicas de la Nación con el que @alferdez  y @gkatopodis me honraran desde hace 2 años como un dirigente del interior”, escribió el funcionario en Twitter. Tras ponderar su actividad como funcionario  nacional, sostuvo que regresa a la Intendencia de Villa María “con entusiasmo y convicción” para “seguir bregando por hacerla una de las ciudades de mayor transformación de la Argentina”. “No es tiempo de mezquindades y especulaciones de la política con minúsculas… es tiempo de decisiones que prioricen los intereses de la gente asumiendo la agenda que transforme su vida en una con mejores oportunidades”, finalizó.

En relación al puesto en la Nación, algunas fuentes deslizaron que “otro cordobés” podría reemplazar al villamariense, y mencionaron al exsenador Carlos Caserio, referente de AF en Córdoba. Desde el entorno del punillense desmintieron esa posibilidad. Otras versiones hablaban de la llegada de un intendente de la provincia de Buenos Aires, albertista o cristinista.

Por otra parte, en la Municipalidad de Villa Maria desestimaron la versión que circuló ayer sobre que Gill pediría un permiso por diez días, en los términos que habilita la Carta Orgánica de la ciudad, o una semana de licencia por vacaciones, para estirar los plazos de la definición.