Dinamitar puentes siempre deja lejos de la costa

El oficialismo nacional está más acostumbrado a proclamar el diálogo que a practicarlo. Hay varios antecedentes de negociaciones truncadas por una decisión inesperada. Máximo Kirchner se encargó de aplicar esa receta y el Gobierno se quedó sin presupuesto.

Por Gabriela Origlia

prespuestoEl discurso de Máximo Kirchner dinamitó cualquier posibilidad de encausar la discusión por el proyecto de presupuesto 2022. El oficialismo tendrá que esperar, hasta marzo para enviar un nuevo proyecto. Desde el inicio, en comisión, la oposición había planteado que la iniciativa había quedado desactualizada; ingresó en setiembre y durmió durante tres meses. La tragaron las elecciones que el oficialismo perdió, aunque haya insistido en que ganó perdiendo. Ahora el apuro era aprobarlo para darle una “señal” al Fondo Monetario Internacional (FMI). Finalmente, no hay presupuesto.

“Aprendan a escuchar” fue la frase que más repitió Kirchner en su discurso. La oposición había planteado el jueves -al inicio de la maratónica sesión- un cuarto intermedio hasta esta semana que comienza para rehacer el presupuesto. El kirchnerismo no aceptó, convencido de que conseguiría los votos que necesitaba. Por primera vez y, de lleno, sintió el rigor de la derrota electoral. Kirchner reaccionó: “Les pegó muy mal haber ganado una elección de medio término”.Podría, también, interpretarse al revés.

No es la primera vez -aunque ahora el intento sea poner la pelota en la cancha de la oposición- que el oficialismo dinamita puentes. Horas antes de rechazar el presupuesto ya la oposición se había unido para obligar al Frente de Todos a tratar el proyecto de suba del mínimo no imponible de Bienes Personales. ​Este martes habrá una sesión especial para aprobar la modificación, que ya Alberto Fernández criticó.

Con el FMI también han tenido frases desafortunadas durante toda la campaña. El viernes después del fracaso, Fernández y su ministro Martín Guzmán fueron a Kristalina Georgieva a dar explicaciones; el diálogo continuará. En busca de endulzar el oído de sus votantes, desde Fernández a legisladores, varios indicaron que no los arrodillarían, que no los obligarían a un ajuste. El ajuste ya está en marcha, lo muestran los números de este año. Los datos matan al declaracionismo.

En 2010 la oposición tampoco acompañó el presupuesto impulsado por el gobierno de aquel entonces, el de la ahora vicepresidenta Cristina Kirchner, pero no lo rechazó en votación sino que volvió a comisión. Igual que entonces, el Ejecutivo deberá reconducir el presupuesto 2021; es una opción prevista en la Ley de Administración Financiera. Eso sí, no podrá tocar impuestos.

Es cierto que todas las líneas internas del Gobierno coinciden que hay que negociar con el FMI, el punto es que no hay consenso en cómo. Por eso flotan dudas respecto de si Kirchner con su discurso no quiso, intencionalmente, quemar las naves. Si no, hay que pensar en un legislador poco avezado que equivocó el tono cuando lo que se necesita era negociar.

Desde el organismo internacional, se limitan a decir que las conversaciones con la Argentina son «productivas», que hay “entendimientos generales en varios puntos» pero que “no hay tiempos” para el acuerdo. En medio de esas idas y venidas el Banco Central (BCRA) admitió que estudia una suba de tasas y autorizó a las entidades bancarias a repartir hasta un 20% de las utilidades en pesos. Un gesto.

En lo que hace a la suba de tasas, es claro que si son positivas impulsarían el ahorro en pesos. Claro que hay una contracara, hay que analizar cómo impactaría un incremento de la tasa de interés de Leliqs y Pases en el déficit cuasi-fiscal del Banco Central. Este año, con un interés de 38% anual, muy por debajo de la inflación, ya acumulará pagos de intereses de por $ 1,3 billones de pesos (3% del PBI) en 2021. La Argentina en su laberinto, como ya es usual.