Entre dos aguas

Como un artista dispuesto a tender puentes, Ca7riel arranca su flamante álbum “El disko” con el sonido de apertura de “Una luna de miel en la mano”, de Virus, al que se pega la intro de “Lucy In The Sky With Diamonds”, de los Beatles, para que luego sí empiece la canción “Muy bien”.

J.C. Maraddón

A lo largo del siglo veinte, cuando irrumpía un nuevo género musical, se producían lógicos chisporroteos con los intérpretes y el público adeptos a lo precedente, quienes solían obstinarse en bastardear a los advenedizos para hacerles más difícil el ascenso a la popularidad. Los nuevos, que en un principio se mostraban como despreocupados por generar simpatías entre los veteranos, a poco de andar exhibían un interés inocultable por obtener el reconocimiento de todos y por inscribirse dentro de una estirpe artística de la que se asumían como herederos. Y así una y otra vez, incluso ya traspuesto el nuevo milenio.

Si observamos lo sucedido con el llamado rock nacional, podemos determinar cómo esta secuencia antes descripta se repite paso por paso. Cuando allá por la segunda mitad de los años sesenta, los pioneros del género empezaron a gestar una escena marginal que replicara lo que venía sucediendo en el hemisferio norte, se escucharon voces irritadas que menospreciaban eso que comenzaba a germinar. Fue un desprecio absoluto que recayó sobre intérpretes como Los Gatos, Manal o Moris, que así como en ese entonces fueron objeto de opiniones despiadadas, con el correr del tiempo resultaron reivindicados como verdaderos artífices de la canción argentina.

Tras esos cortocircuitos iniciales, a los que los rockeros respondían con indiferencia o fastidio, algunos de esos jóvenes rebeldes plantearon un giro en la dirección de sus intereses creativos y se lanzaron a un coqueteo con la música tradicional del país. Talentos como Litto Nebbia, Roque Narvaja o el mismo Luis Alberto Spinetta, incorporaron instrumentación y ritmos del tango y del folklore, que de a poco fueron acercando posiciones. Esas iniciativas terminaron demostrando que las distancias no eran tales y que el rock nacional tenía tanto que ver con el anglosajón como con las raíces sonoras de la Argentina.

Pero lo fundamental fue ese quiebre, esa fractura, que rompió con lo establecido y desafió los límites que se imponen a partir de categorías estancas que no admiten modificaciones ni un desarrollo evolutivo. Una vez que el rocanrol criollo sentó las bases de algo distinto, que se pretendía ajeno a cualquier rémora del pasado, recién ahí se pudo atisbar cuánto de renovador tenía y cuánto conservaba de lo que traía en su propio ADN. La consecuencia natural fue la fusión entre lo antiguo y lo moderno, que derivó en un enriquecimiento de los matices del panorama artístico.

Casi sin darse cuenta, los rockeros argentinos reaccionaron con una furia inusitada cuando la camada del trap y la música urbana copó los circuitos que antes les pertenecían en exclusiva. Los juicios que emitían sobre esa movida juvenil eran bastante similares a los que alguna vez les propinaron a ellos mismos los tangueros y los folkloristas. Pero hubo ciertos referentes actuales que actuaron como prenda de paz y que apagaron con rapidez cualquier conato de guerra. Y hoy es habitual escuchar a gente mayor que cita esos nombres dentro de su universo de preferencias, sin ruborizarse por ese gesto.

Uno de esos artistas que tienden puentes es Ca7riel, quien arranca su flamante álbum “El disko” con el sonido de apertura de “Una luna de miel en la mano”, de Virus, al que se pega la intro de “Lucy In The Sky With Diamonds”, de los Beatles, para que luego sí empiece la canción “Muy bien”. Expuesto a navegar entre dos aguas, Ca7riel se aviene a respetar el viejo concepto de “disco” y cita dos clásicos de la cultura rockera, para luego desplegar su estilo provocador y disonante, que se ha ganado la aprobación de las palomas, aunque todavía merezca el abucheo de los halcones.