Las prioridades del llaryorismo en la 2da mitad del mandato

En el segundo tramo, el llaryorismo interpreta que las prioridades serán mejorar el servicio de transporte, perfeccionar el proceso de digitalización, afianzar sus vínculos con el vecinalismo y completar la desconcentración operativa. Desde la gestión, esos serían los puntales de un proyecto político con miras al 2023.

Por Felipe Osman

Durante la primera mitad de su mandato el intendente buscó generar las condiciones necesarias para desplegar una gestión sólida, además de sentar las bases de su plan de gobierno.

Así lo ven los llaryoristas, que interpretan que hasta el momento se consiguió llegar a acuerdos con los principales sindicatos con injerencia directa en los asuntos municipales, a saber, el Surrbac, la UTA y el Suoem.

En el primer caso, la situación judicial del clan Saillen fue determinante para pacificar la relación con el gremio, que accedió de buena manera a participar de las nuevas funciones desplegadas por el COyS. En el segundo, el contexto sanitario, que puso en jaque la rentabilidad del servicio, sumado a la feroz interna que atraviesa el sindicato a nivel nacional, ayudó a implementar los cambios necesarios para que el transporte urbano subsistiera durante la pandemia, diversificando los servicios que ofrece la Tamse sin la necesidad de sumar personal. En el tercero, los ajustes realizados por el Ejecutivo sobre los municipales sobre el inicio de su gobierno le dieron aire para administrar (quien sabe hasta cuándo) una relación basada en una gradual restitución de las mercedes retiradas que, de momento, asegura una paz indispensable para el avance de la gestión.
Además, se dio el puntapié inicial a los procesos de digitalización, desconcentración operativa, y habilitaciones online, tres deudas históricas de la ciudad, y se renegoció una deuda en dólares que, cual espada de Damocles, pendía sobre la gestión, complicando sus posibilidades de buscar financiación para ejecutar obra pública.

Ahora, a punto de trasponer el meridiano de su mandato, las prioridades se orientan a redondear una gestión que pueda acreditar al intendente como un administrador eficiente del Estado, asimilando su imagen a la que, en este apartado, el electorado tiene de Juan Schiaretti, y consolidando su posicionamiento hacia una candidatura provincial en 2023.
Las líneas directrices serán, según allegados al círculo más cercano al intendente, mejorar el sistema de transporte urbano, perfeccionar el proceso de digitalización iniciado en 2020, afianzar y profundizar las relaciones entre la gestión y el vecinalismo, y completar la desconcentración operativa del municipio.

Para mejorar el sistema de transporte, la gestión se plantearía una nueva ampliación de la flota que destinaría, sino a la restitución de recorridos levantados durante la pandemia, a aumentar la extensión de los corredores actuales, o a un mix de ambas alternativas.
El gran obstáculo, desde luego, lo planteará la escandalosa discriminación que el interior sufre a manos del Gobierno Nacional en el reparto de los subsidios al transporte. Un tema largamente desandado durante la campaña electoral, y un reclamo que, en principio, el Ejecutivo Municipal mantendrá.

En cuanto a digitalización, los cambios que desde la Secretaría de Modernización viene impulsado Alejandra Torres representan uno de los capítulos que la gestión más destaca, y que en buena medida se hizo posible gracias al avance que el peronismo logró sobre el Suoem en los meses más álgidos de la pandemia, manteniendo a los municipales alejados de los centros neurálgicos del Palacio 6 de Julio.

Se trata, además, de cambios muy palpables para la ciudadanía, por resumir a su mínima expresión lo que antes eran arduos procesos burocráticos. Pero también de un empoderamiento del Gobierno Municipal, que blinda distintos expedientes y demás información sensible frente al Suoem.

En cuanto al afianzamiento de los vínculos entre la gestión y el vecinalismo se despliegan ya múltiples programas que tienen su epicentro en la Secretaría de Participación Ciudadana, pero un asunto determinante deberá saldarse durante el 2022, y será la normalización de más de 200 centros vecinales cuyas autoridades no pudieron ser renovadas durante la pandemia. A cargo de esta tarea estará Juan Manuel Rufeíl, que recientemente pasó de la Subsecretaría de Participación Ciudadana a la de Políticas Vecinales.

Finalmente, completar la desconcentración operativa es el mayor legado que el llaryorismo aspira dejar en la ciudad, y al que presentará como una reparación histórica, ya que perfeccionaría el proceso de descentralización municipal iniciado más 25 años atrás por Rubén Martí y abandonado por las administraciones que se sucedieron hasta la llegada del peronismo a la Municipalidad.
También será, junto al transporte, uno de los objetivos más difíciles de conseguir, dada la predominancia que en los Centros de Participación Comunal y sus Bases Operativas tienen empleados alineados con el juecismo y el radicalismo.