En el foco de la atención

A partir de sus 10 minutos y 13 segundos de duración, la versión extendida que grabó Taylor Swift de su tema “All Too Well”, originalmente publicado en 2012, se convirtió hace un par de semanas en la canción más larga que haya llegado al número uno del Hot 100 de la revista Billboard.

J.C. Maraddón

La noticia descollante de los últimos días dentro de la industria discográfica internacional ha sido el récord que batió Taylor Swift con la versión extendida del tema “All Too Well”, que a partir de sus 10 minutos y 13 segundos de duración se convirtió hace un par de semanas en la canción más larga que haya llegado al número uno del Hot 100 de la revista Billboard. Durante casi 50 años, ese sitial lo ocupó “American Pie” de Don McLean, que con sus 8 minutos y 33 segundos llegó al tope del chart el 15 de enero de 1971 y permaneció en esa posición de privilegio durante un mes.

Que haya pasado poco menos de medio siglo desde aquello habla a las claras de que, entre las muchas cosas que pasaron desde entonces, ha habido un intento muy concreto de reducir cada vez más el requerimiento de atención de los consumidores. Y, si bien un hit actual puede rondar entre los tres y cuatro minutos, su difusión a través de la red social Tik Tok apenas si utilizará un extracto de menos de 60 segundos, que -según aseguran los expertos- es el promedio del lapso que podemos concentrarnos en algo, antes de cliquear otra cosa y abandonar para siempre lo que nos entretenía recién.

Todo aparenta ser más dinámico, más volátil. La lectura se reduce a los posteos de Twitter, las piezas de video más vistas no llegan al minuto y muchos se sienten seducidos por resúmenes audiovisuales que prometen explicarnos el origen del universo o el surgimiento, el apogeo y el ocaso de la cultura grecorromana… en un abrir y cerrar de ojos. Las publicidades se esfuerzan por decirlo todo en los cinco segundos posteriores a darle play a algo en YouTube. Y las fake news aprovechan que casi nadie va más allá de los títulos en los portales de noticias.

En ese contexto, que una canción tan extensa encabece los rankings pone en cuestión esa verdad revelada de que los jóvenes han perdido la costumbre de focalizarse en algún producto cultural más allá de un periodo muy acotado. Si coincidimos en que Taylor Swift se dirige sobre todo a la generación por debajo de los 30 años, cuesta sostener las críticas sobre la supuesta vacuidad de los centennials, que tienen en la cantautora estadounidense a una de sus mayores referentes musicales, con una prolongada carrera que comenzó en el country cuando contaba con 14 años.

Pero el mérito de esta artista no se reduce a haber cautivado a su audiencia con una canción más larga de lo normal. Esta regrabación de “All Too Well”, que originalmente tenía poco más de cinco minutos, se enmarca en el relanzamiento de “Red”, un álbum que Taylor Swift publicó en 2012 y que forma parte del catálogo de registros sobre los que ella perdió la posesión, cuando fueron vendidos a un fondo de inversión sin su consentimiento. Como respuesta, la cantante está volviendo a grabar toda esa discografía y, en algunas ocasiones, lo hace modificando el original.

Como “All Too Well” estaba inspirada en una relación sentimental que acababa de romperse, Taylor Swift prefirió ahora agregarle versos que relatan la historia desde una perspectiva más actual, que incluye una mirada de género todavía no tan enraizada diez años atrás. Sin que la letra pierda su tono narrativo de excelente factura, aparecen allí frases que cierran ese capítulo, y que merecen ser complementadas con la visión del cortometraje que la propia autora ha dirigido y subido a redes. Al atreverse a modificar su masterpiece y a darle una duración “incorrecta”, Taylor Swift sigue demostrando que no es una estrella pop dispuesta a aceptar lo que le ordenan.