Crónica de originarios vistos en 1550 (Segunda parte)

El manuscrito de Gerónimo de Bibar de mediados del siglo XVI, trata sobre la gente originaria que se encontraba desde el noroeste hasta Córdoba y de allí hacia Cuyo, incluyendo datos sobre los comechingones de las sierras.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Batalla entre españoles e indios, de la obra de A. de Ovalle, 1646.

La crónica de Gerónimo de Bibar es uno de los documentos más antiguos que registran el paso de conquistadores españoles por las tierras del Tucumán. Es anterior a la Relación Anónima de 1573, focalizada en la vida de los comechingones. Bibar anota el derrotero de los hombres de la expedición de Francisco de Villagra que en 1549-50 bajaron del Potosí a Omaguaca, atravesaron tierras de los Jurís y se detuvieron en las sierras de Córdoba antes de torcer hacia la cordillera. Allí se describe a la gente comechingona, recorriendo diversos aspectos de su habitación, sus medios y costumbres. La crónica informa que “no adoran ídolos ni se le halló casa de adoración”. El que no hubiese templo no quita la diversidad de rituales descritos por otras fuentes, en tanto expresión de determinadas creencias. Sobre el tipo de habitación en que vivían, el aporte del manuscrito de Bibar es escueto, y se suma a otras crónicas que describen esta particularidad de la vida comechingona: “Su habitación es debajo de la tierra, por causa del invierno que hace grandes tempestades de viento y lluvias.” Una fuente como es la Relación anónima, dos décadas más nueva que el apunte de Bibar, completará este aspecto de la vivienda cavada, al afirmar que la misma era tan amplia que en ella convivían entre cuatro y cinco parejas de originarios, algunos con sus hijos e hijas.

Prosigue la crónica de Bibar con un vistazo a la fauna y a las presas del lugar:
“Hay mucha caza de venados como los de nuestra España, y perdices y liebres tan grandes como los de España. Hay víboras que tienen en la cola una manera de cascabel que va sonando cuando van andando y bien ponzoñosas. Hay muchos papagayos y las plumas son preciadas entre ellos. Y avézanlos a hablar de una manera que nunca tal he oído, que es envolverlos en una mantilla, y los atan y ponen en una cazuela al fuego y métenle dentro, y con la calor da el papagayo muy grandes graznidos de como se tuesta. Tienen ellos que de aquí les queda el hablar.”

El relato sobre el papagayo, con su crueldad, se parece bastante a un temprano chiste cordobés para burlarse de los españoles. Otro aspecto señalado por Gerónimo de Bibar es la disposición guerrera de la gente de este pueblo sedentario. La alusión del cronista a la hierba, en la cita que sigue, refiere al uso de sustancias venenosas en la punta de las flechas, muy común en las guerras de la región. Al parecer, los comechingones pasaban de ese uso que sumaba poder mortífero al arma:
“Es gente belicosa. Pelean en escuadrón, y sus armas son bastones hechos de un palo muy recio y flechas, y no tienen hierba.”

El siguiente párrafo contiene un relato que transmitieron los habitantes de Calamochita a los españoles, y que el propio Bibar atribuye al capitán Francisco César, miembro de la expedición de Gaboto y el primero en llegar tan al interior entre el Plata y los Andes, en 1524. También es de interés en el largo párrafo, la referencia a ser los naturales de aquí “barbados”, algo que otras crónicas confirman.
“En un lugar de esta provincia que se dice Calamochica, dijeron unos indios e indias cómo en los tiempos pasados habían venido a aquel pueblo una gente como ellos a pie y que traían una casa pequeña, y desque la tiraban daban muy gran trueno. Y les enseñaron una casa donde habían estado ciertos días, y que de allí salieron y no los vieron más. Esto se tiene por cierto que fue César, el que salió de la fortaleza de Gaboto con once compañeros y vino atravesando toda esta tierra en busca de la mar del sur, y que había vuelto hacia el sur, según estos indios dijeron. Y habiendo caminado tan largo camino sin encontrar la mar del sur, pareciéndole que estaba lejos, dio la vuelta hacia la mar del norte, el cual volvió donde había salido, con cinco compañeros, que los demás se le habían quedado cansados en algunas provincias. De esta provincia no se ve la cordillera nevada, y de donde ellos volvieron a la mar del norte, que es más de doscientas leguas de esta provincia, vieron la cordillera nevada, según dijo en Santa Marta uno de los compañeros que yo vi, que con él había andado. Y también le oí decir que habían pasado por una provincia de gente barbada, y ansí son estos comechingones, porque en cuanto se ha descubierto en las Indias no las hay, porque se las pelan. Y a esta causa me parece que son éstos, y que toparon otra provincia rica en oro y plata en vasijas, y que dando noticia a Su Majestad se murió César, la cual no se ha descubierto.”

La mención a la “leyenda de los Césares”, como se denominó a los miembros de la expedición del capitán César, que encendió el imaginario de una tierra empedrada de metales preciosos, parece llevar a Gerónimo de Bibar a la siguiente cita sobre los originarios cordobeses:
“Estos comechingones poseen oro y tráenlo a los pescuezos hecho una manera como diadema que traen a la garganta.”

Para los nativos de esta región había cosas más importantes que el oro, como eran los recursos naturales para la vida diaria que Bibar describe entre los habitantes de las sierras puntanas, en nuestro fin de citas:
“De esta provincia a la de Caria hay ciento y veinte leguas de tierra seca, arenales. Hay indios, mas no siembran, que se sustentan de algarrobas. En medio de este camino está un valle, el cual los españoles llamaron el río Bermejo por causa de ir muy bermejo del barro que lleva. Es el agua salobre. Aquí hay muchos indios y de mucho ganado. Y no hay en estas ciento y veinte leguas sino este río que corra, porque todos son jagüeys que los indios hacen a mano, y de que llueve se recoge allí el agua. Es tierra muy poblada y es tierra fértil, aunque los indios no son muy grandes labradores. Susténtanse de algarrobas y chañares, y hacen pan de ello. Y del chañar hacen vino que ellos beben. Tienen muchos guanacos y liebres y perdices, como las que tengo dicho. Es tierra de regadío. Fueron conquistados del inga y aún hoy en día están depositados de aquel tiempo, y de allí tomaron algunas costumbres suyas.”