¿Cabo Verde del Sur o Cabo Verde del Norte?

Por Javier Boher

Ya es casi imposible saber cuándo se está ante una movida de información falsa o ante una noticia real. Es que no solo se han borrado los límites entre los medios tradicionales y los trascendidos de las redes sociales, sino que además los políticos se ven envueltos en hechos reales de lo más inverosímiles.

Ayer se hizo viral una noticia que copó rápidamente la discusión digital. Según el medio que la publicó (es decir que la información tuvo el respaldo del principal diario digital del país) se le habría permitido el ingreso a un crucero proveniente de Cabo Verde sin saber que es un país africano, continente vedado por ser el lugar de origen de la nueva cepa Ómicron.

El diálogo transcrito por el diario es hilarante, y habría salido de unos supuestos audios en los que una de las funcionarias le reprocha a la otra no saber dónde quedaba el país en cuestión.

Esta información fue luego desmentida por la ministra Vizzotti, que dijo que la información sobre el crucero “Hamburg” era falsa. Además instó a la gente a chequear la información con fuentes oficiales, como si el gobierno fuese un faro de verdades dispuesto a exponer siempre los hechos tal cual son.

El caso en cuestión pudo ser debidamente refutado con pruebas, a partir de que las fechas de publicaciones de las directivas para el ingreso de turistas desde África son posteriores a la llegada del crucero. Tal vez por eso Vizzotti se apresuró en rechazar la desinformación, sabiendo que no tenía posibilidad de errarle.

Sin embargo, este tipo de episodios se han acumulado sistemáticamente en cada semana del gobierno de científicos. Tal vez por eso, además del aval de un medio muy consumido, la gente acepto sin cuestionar lo que terminó siendo falso. Es una especie de cuento del Pastorcito Mentiroso: tantas veces metieron la pata que hoy es difícil creerles que estén diciendo la verdad.

Siempre es bueno recordar los distintos estadios del OlivosGate, a partir de una foto que se viralizó en algún momento. Primero, negar todo, como si la lista de visitas no fuese cierta. Después, al viralizarse la foto, asegurar que era culpa de la primera dama. Al ser incontenible, buscar una “explosión controlada” mandando a los propios difusores de fake news a exponer todo el asunto con un par de videos. Si siempre se evade la verdad es porque se tiene predilección por la mentira.

También estuvo el caso del Vacunatorio VIP, que quisieron hacer pasar por Fake News, como cuando se supo que en esa lista estaba la amante de un ministro. Cómo olvidar cuando dejaron correr que Pfizer había pedido LOS GLACIARES a cambio de la vacuna para no aceptar que había un tongo por detrás, que se confirmó con esa epístola en mal inglés que le enviaron a los rusos por no cumplir con su parte del trato geopolítico.

Todos nos reímos cuando se habló de penes de madera, esos que decidió comprar el ministerio de Vizzotti para que los chicos tengan educación sexual cuando las escuelas todavía estaban cerradas. Ni hablar si nos vamos más atrás, con que el virus no iba a llegar porque China queda lejos, que acá era verano o que era una gripe fuerte. Los médicos, ¿entran en el gobierno de científicos, o no los cuentan en esa categoría?.

Con años y años de premiar la militancia -y casi que por propiedad transitiva, la falta de idoneidad- para llenar el Estado de empleados leales, una situación en la que puedan no saber dónde queda Cabo Verde es de lo más creíble. Aún recuerdo aquella vez que a fines del menemato en Vialidad Nacional tenían dos puentes marcados con “R-CH” que debían enviar a su destino. La primera letra corresponde a la ciudad y la segunda a la provincia. Obviamente que se confundieron “Resistencia, Chaco” con “Rawson, Chubut”. Si la dependencia que tiene a su cargo las rutas nacionales ya en aquel entonces no distinguía entre provincias, ¿por qué suponer que pueden conocer a un pequeño conjunto de islas africanas?.

Ciertamente hay que pelear contra la desinformación, pero el camino no es depender exclusivamente de fuentes oficiales, aunque pidan chequear con ellos. Los oficialismos, especialmente en este país, tienen la tendencia a ocultar los datos que los perjudican. Ese rasgo se intensifica en los países con menores índices de libertades políticas, como los aliados que le gusta elegir al kirchnerismo, un movimiento político que ocultó las cifras de inflación, la cantidad de muertos en la inundación de La Plata o la cantidad de casos de covid detectados el año pasado.

La alternativa a la desinformación es buscar fuentes confiables, independientemente de su origen, un trabajo que lleva tiempo y por el que muchas veces no se paga lo suficiente. Medios atiborrados de pasantes mal pagos pueden cometer un sinnúmero de errores que tuerzan el debate público a partir de información falsa.

La información chequeada y validada siempre es importante, por eso se guarda para el final. El año pasado la Cancillería confundió a Corea del Sur con Corea del Norte, dos países enfrentados hace 70 años, al twitear un agradecimiento a los sureños con una foto del dictador norteño. Esos se supone que son los que a este tema de los países lo tiene bien en claro porque se encargan de la diplomacia, ¿no se podrían confundir los funcionarios de Salud?.