Vigo, otra víctima de la “banca maldita”

Desde 2001, ningún legislador departamental por Capital logró despegar políticamente desde esa banca

Por Alejandro Moreno

La renuncia de Alejandra Vigo como legisladora provincial por el departamento Capital volvió a alimentar el fantasma de la “banca maldita”, que atormenta a los elegidos para ella desde la reforma constitucional de 2001. Más concretamente, desmiente una premisa difundida al diseñarse el actual esquema parlamentario provincial: los legisladores capitalinos, por el peso del padrón del que surgirían, tendrían un alto perfil y una segura proyección política.

Vigo, en verdad, no puede quejarse de su futuro: le esperan seis años de senadora nacional, y una banca en la Cámara Alta ha de ser el destino más cómodo y seguro para cualquier político. Pero evidentemente no cumplió la tarea para la que fue electa en 2019 -solo juró y pidió licencia para seguir como diputada nacional- y confirmó con ello que hace dos años ejerció como candidata testimonial. Además, de su candidatura a senadora -con el apoyo de su esposo, el gobernador Juan Schiaretti, y la compañía del otro lado de la boleta de Natalia de la Sota, la hija del ex gobernador- podía esperarse un desempeño mejor, porque el suyo ni siquiera alcanzó para el espectro de victoria que el peronismo pensaba agitar en las PASO si su boleta superaba a la más votada de Juntos por el Cambio.

Incluso, poco favor hizo a la ilusión de algunos por una sucesión matrimonial en 2023.

Cambio constitucional

La Constitución sancionada en 1986 durante la gobernación de Eduardo Angeloz mantuvo el sistema bicameral y fijó un sistema de cupos para los departamentos según la cantidad de habitantes. Por Capital, la lista ganadora obtenía cuatro bancas, la segunda tres, y la tercera una.

En cambio, la última reforma constitucional, aprobada en 2001 en la gestión de José Manuel de la Sota, estableció el sistema unicameral mediante la fusión de Diputados y Senadores, y determinó que cada departamento tendría exactamente la misma representación: un legislador. En el plantel político capitalino se encendieron las luces de alarma por la pérdida de bancas, pero se explicaba entonces que el nuevo esquema tendría la ventaja de catapultar al éxito al legislador departamental porque sería el portador de toda la representación. También se especulaba con que habría un intenso desafío entre los mejores de cada partido por tan valiosa banca, lo cual tampoco pudo verificarse porque los partidos que saben que van a perder tampoco sacrifican allí sus mejores piezas, y suelen candidatear a los que por juventud o por estar de vuelta pueden soportar una derrota. Y los que ganan lo hacen arrastrados por una candidatura mayor, normalmente ejecutiva, por lo que tampoco deben transpirar demasiado por el premio, y entonces no son tan mirados por los electores.

Los otros

El primer legislador electo por la Capital fue Horacio Obregón Cano, en 2001. Después de gastar suelas en el Frepaso, Obregón Cano había regresado al peronismo con el triunfo de José Manuel de la Sota y fue premiado con la candidatura capitalina. Aunque muy ajustado por la enorme tracción de la victoria de Rubén Martí en la ciudad de Córdoba como candidato a senador nacional, Obregón Cano superó al radical Guillermo Irós y se convirtió en el primer legislador electo por Capital para la Legislatura unicameral.
Dos años después, Obregón Cano intentó jugar su propia aventura provincial, pero falló. Cuando De la Sota consiguió su reelección, el otra vez disidente del peronismo oficial cordobés quedó por debajo de la alianza de los partidos socialistas (PSD y PSP), e incluso del PI. A partir de entonces, desapareció de los elencos políticos provinciales.
En 2003, con el ascenso de Luis Juez a la Intendencia de Córdoba, la lista de candidatos a legisladores del Partido Nuevo y sus sumandos obtuvo un muy fuerte impulso. Así, el periodista Ricardo Fonseca consiguió la banca por el departamento Capital. Fonseca fue un tenaz juecista, y pretendió el premio de la candidatura a viceintendente de Daniel Giacomino, cuatro años más tarde, pero Juez abrió el juego hacia Carlos Vicente. El legislador capitalino pasó cuatro años en el llano, y si bien regresó un período más tarde por la lista sábana, ya sus ambiciones no eran las mismas.

En 2007 el favorecido fue Miguel Ortiz Pellegrini, el ex radical que se mudara al juecismo para aquellas elecciones tan parejas y que Schiaretti le ganara a Luis Juez. Ortiz Pellegrini quedó envuelto en serias polémicas al ser acusado por el peronismo de litigar en contra del estado en causas de contenido patrimonial siendo legislador, y cuando se estaba por votar su apartamiento de la banca, prefirió renunciar, clausurándose la época más provechosa de su carrera política.

En 2011, el juecismo volvió a colocar al legislador por Capital. Esta vez, el designado fue el economista José Las Heras, ex funcionario delasotista. Las Heras renunció en 2014 enojado con Juez porque este había pedido el apartamiento del presidente del Banco de Córdoba, Fabián Maidana, un amigo del economista. Después de esta experiencia, Las Heras desapareció de la política.

En 2015 el ganador de la banca capitalina fue el radical Javier Bee Sellares. Bee Sellares pidió licencia para desempeñarse como secretario de gobierno del intendente Ramón Mestre, pero luego regresó a la banca. Distanciado políticamente de Mestre, se colocó en la carrera por la candidatura a intendente 2019, pero finalmente quedó afuera de las dos listas que compitieron encabezadas por Negri/Juez y Mestre/De Loredo. Ahora, busca otra vez su camino.

Ya llegará el legislador capitalino que rompa el maleficio. Hasta ahora, todos han jugado en un tobogán que creían un trampolín.