Crónica de originarios vistos en 1550 (Primera parte)

Gerónimo de Bibar, o de Vivar, cual pariente del Cid Campeador, hizo un relato en base a los dichos y los hechos de quienes venían de explorar el Noroeste y el centro del territorio entre el Plata y los Andes, a mediados del siglo XVI.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Originarios de Chile jugando un juego. Crónica de A. de Ovalle, 1646.

Más de veinte años antes de que don Jerónimo Luis enviase a explorar el suelo de nuestra provincia, pasó por esta tierra de comechingones una expedición de conquistadores españoles procedentes de Chile. Esto consta en un manuscrito firmado en 1558 por Gerónimo de Bibar, o de Vivar, cual pariente del Cid Campeador. El autor de “Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reinos de Chile” escribió sus fojas en base a los hechos y datos que otros le dictaron, por encargo de Pedro de Valdivia.

El relato de Bibar refiere a observaciones y vivencia que tuvieron lugar hacia 1550, cuando concluía la exploración de dos años del contingente al mando de Francisco de Villagra. Por su antigüedad y sus aportes específicos acerca de los pueblos originarios que halló en su trayecto hasta la región años más tarde llamada Córdoba, la crónica de Bibar posee interés de por sí. La ciencia histórica es más rigurosa que los relatos, en tanto fragmentos que hay que cotejar con otros documentos. Pero la narrativa de esta relación copiosa tiene mucha pulpa en sí misma.

Bibar inició la escritura de la crónica en 1550, habiendo obtenido el encargo gracias a la claridad de su letra, la agudeza de su mente y los libros que había leído. Sin exponer el cuerpo a los hechos, en este caso, logró crear una crónica ya clásica, gran documento de la humanidad y en particular de estos sudamericanos que somos, forever.

Un estudio de Eduardo Berberián y Beatriz Bixio, titulado La crónica de Gerónimo de Bibar y los aborígenes de la provincia de Córdoba, editado por la Universidad Complutense de Madrid de 1987, ilumina un poco la huidiza figura del cronista mismo, en base a diversas fuentes: Bibar era natural de Burgos, habría nacido en 1525 y llegado a Chile en 1548, al parecer era marinero. Posiblemente vino con Valdivia desde el Perú en la segunda entrada a Chile de este capitán. Fue en campaña más al sur y asistió a la fundación de Valdivia y todavía más abajo, del fuerte que sería luego la ciudad de Concepción. Participó de un viaje para recorrer el estrecho de Magallanes, con el propósito de informar a Valdivia, pero a su regreso el jefe español había muerto luchando en Tucapel, en 1553. Las últimas noticias de Bibar son la conclusión del manuscrito en 1558 y unas declaraciones suyas como testigo en un juicio contra Francisco de Villagra, ese mismo año.

Precisamente, este jefe aparece, como se dijo, en la parte de la crónica que hace a la exploración de las tierras del Noroeste argentino, pasando por los pueblos Omaguaca, Juríes y Comechingones. Así narra el ingreso de Villagra, enviado con sus hombres a las tierras de este lado de la cordillera.

“E hizo ciento y cincuenta hombres y se fue a Potosí, y de allí a Omaguaca, que serán sesenta leguas de Potosí. Salido de estas provincias de Omaguaca pásase la cordillera nevada. Aquí hay unos indios que se sustentan de solamente caza y no se les da nada de sembrar. De aquí vino a un valle que se dice Esteco que tendrá cuarenta leguas el valle abajo. Toda la orilla de este río no hay agua para que puedan beber. Hay muy grandes algarrobales y chañares.”

Recoge el cronista de quienes hicieron la expedición los siguientes dichos sobre los habitantes de Esteco:
“Sus pueblos es en lo raso a causa de los muchos tigres que hay. Es lengua por sí. Es gente dispuesta y las mujeres son de buen parecer. Es tierra fértil y tienen algunas ovejas de que se visten. Hay avestruces y de las plumas de éstos hacen una cobertura con que se cubren sus vergüenzas, y ellas con unas mantillas de lana de la cintura abajo. En el río hay mucho pescado y muy bueno. No tienen ídolos ni casa de adoración. Este río al cabo de las cuarenta leguas se sume debajo de la tierra y hace lagunas.”

En referencia al Tucumán, que a veces escribe Tuama (parecido al “Tucma” con que se la designaba en quechua), región a la que arriban yendo al sur, hace la crónica el siguiente repaso del lugar y de su gente originaria:
“Esta provincia de Tuama que he dicho es toda tierra llana. Hay grandes algarrobas. No se halla en toda esta tierra una piedra, si no es traída de otra parte, aunque sea como una avellana. Acostumbran estos indios hondas. Es gente belicosa. Sus armas son arcos y flechas. Tienen hierba muy peligrosa. Este valle está muy poblado y más que el pasado, porque tiene más de ochenta leguas el río abajo de poblazón. Y créese que entra en el río de la Plata, porque se hallaron cosas de nuestra España, en que se halló un real y un dedal y un barril de barro vedriado. Las mismas cosas que hay en el otro valle de arriba, solamente difieren en la lengua.”

Hay muchos otros datos de interés, escogemos solo un párrafo más:
“Siembran estos indios en esta manera, que desque viene el río fuera de madre en invierno, sale dos o tres leguas de madre y después se torna a su ser. Queda toda esta tierra empantanada y allí siembran. Y acontece estar un maíz para se coger e otro en berza y otro en leche. En invierno no hace mucho frío y el verano hace tan gran calor que no pueden andar ni salir fuera de la sombra. Esta provincia se dice Juríes. Andan vestidos de lana y de las avestruces hacen la misma ropa que dije arriba para sus vergüenzas.”

A continuación de ese pasaje, la crónica nos trae a la tierra comechingona:
“De esta provincia de los jurís se fue a los comechingones. Y de la provincia de los jurís a ésta de los comechingones hay setenta leguas caminando hacia el sur. La causa por qué los llaman los españoles comechingones es porque cuando vienen a pelear traen por apellido «comechingon, comechingon», que quiere decir en su lengua: muera, muera o matar. Esta provincia es tierra doblada. Hay grandes algarrobales y de estas algarrobas hacen pan como la que tengo dicho. Hay muchos chañares. Es tierra fértil de mucho maíz y frísoles y maní y camotes y zapallos y ovejas mansas. Andan vestidos con unas mantas pequeñas cuando se cubren sus vergüenzas y las mujeres ni más ni menos. Y algunos andan con mantas y camiseta como en el Pirú.”