Cuidado con el derrumbe

Las dificultades que encuentra Marcelo Tinelli para seguir adelante con su acostumbrada rutina mediática, a partir de una caída en el rating, son tan solo el reflejo de un proceso que bien podría constituir el ocaso de la televisión abierta, tal como la conocimos en su mejor momento.

J.C. Maraddón

Las noticias que provenían de supuestos expertos en la comidilla televisiva, aseguraban que finalmente El Trece había decretado el “no va más” para Marcelo Tinelli y que la versión 2021 de su legendario ciclo saldría del aire antes de tiempo debido al escaso rating que venía cosechando. Con el transcurrir de los días, la información empezó a ser relativizada y el programa continuó como siempre, e incluso tuvo su revancha al registrar un incremento en las mediciones de audiencia, pese a que fue confinado al horario de las 23.15 y reducido a menos de una hora (aproximadamente) de duración, luego del estreno de la telenovela “La 1-5/18”.

Más allá de que todavía no se haya concretado el fatídico adiós de “La Academia”, la sola posibilidad de que el hasta no hace mucho Zar de la TV sufriera una expulsión tan humillante de la grilla de El Trece, abrió no pocas especulaciones acerca del porqué de esa decadencia. Y en esa búsqueda de las causas entraron a tallar las facturas que muchos le pasan al afamado conductor, y que van desde una incorrección muy marcada con respecto a los actuales paradigmas hasta un aprovechamiento intensivo de su popularidad, que lo llevó a ocupar espacios de poder insólitos.

Sus coqueteos con la política se hicieron notorios al menos desde un par de décadas atrás, cuando las imitaciones de figuras de ese ámbito convirtieron a “Showmatch” en una influyente vidriera donde se dirimían las preferencias electorales. Se ha llegado a señalar una hipotética contribución de Tinelli a la renuncia de Fernando de la Rúa, por la manera en que lo ridiculizó en cámara. Que dos décadas después de esos episodios se esté hablando del rating paupérrimo que recoge el animador, contrasta con aquel apogeo y pone en evidencia una debacle que desata cierto estupor en el ambiente.

Años después, pasó de burlarse de la clase política a departir con ella, en un acercamiento que estuvo a punto de derivar en candidatura. Sus idas y venidas en este sentido minaron su natural carisma y lo ubicaron en una posición incómoda ante la opinión pública, que no terminaba de digerir su nuevo perfil. En igual medida, quienes critican las dotes de Marcelo Tinelli como dirigente deportivo ya venían alertando sobre su incompetencia en esas lides, a partir del pésimo resultado que obtiene su gestión en San Lorenzo, uno de los equipos grandes del fútbol argentino que atraviesa una racha adversa desde hace mucho tiempo.

Sin embargo, quizás no sea adecuado focalizar en Tinelli todas las culpas de un declive que se estaría insinuando en su trayectoria. Tal vez, el error de este astro mediático haya sido aferrarse a la magia de un formato que ha dejado de ser exitoso, sobre todo porque las generaciones más recientes lo perciben como ajeno. En una caída universal del encendido, no es para nada extraño que “La Academia” también padezca esa tendencia, como producto de un estilo que brilló en las postrimerías del siglo veinte, pero que no está encontrando la fórmula para sobrevivir a los cambios que la sociedad experimenta.

Las dificultades que enfrenta Marcelo Tinelli para seguir adelante con su acostumbrada rutina, son tan solo el reflejo de un proceso que bien podría constituir el ocaso de la televisión abierta, tal como la conocimos en su mejor momento. Por eso, lejos de alegrarse con su triunfo sobre un oponente de fuste, quienes ahora lideran las mediciones deberían tomar nota de lo que está sucediendo con “la Academia”, no vaya a ser que el derrumbe del divo sea apenas el comienzo de una avalancha que transforme de raíz el panorama del entretenimiento hogareño.