Cine argentino, otros idiomas y fronteras

Mientras sigue revelándose el trigésimo sexto Festival de Mar del Plata, entre atractivos títulos de diversas procedencias, la edición sugiere una tendencia actual de cineastas argentinos en busca de inspiraciones, sociedades y desafíos, que incluso se abren a otras lenguas.

Por Gabriel Abalos
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“Estrella roja”, cine cordobés buscando fragmentos de revolución en Rusia. Festival de Mar del Plata.

El 36ª Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzó el jueves 18 y concluirá el domingo 28 de noviembre. En sus modalidades de acceso presencial y virtual, el gran encuentro anual del cine contemporáneo funciona como un aleph de producciones para descubrir, mientras corre el reloj de los estrenos en su programación. Nuestra parte del descubrimiento es mínima, mitad apenas de las diversas Competencias que transcurren. Algunas horas de mirar cine se traducen en muy poca porción de la grilla. Esto no alcanza para aventurar tendencias, aunque sí se puede señalar, al menos, que hay un cine argentino reciente que busca inspiración, conexión y coproducción con otras culturas, lejanas hacia afuera y, también, lejanas hacia adentro. En algunos casos, distancias por cruzar las fronteras del idioma.

La encomienda
Esto es visible en películas como La encomienda, de Pablo Giorgelli, inserta en la Competencia Latinoamericana, una coproducción con República Dominicana que, por razones técnicas y de otros tipos, se realizó por completo en el país caribeño. Cuenta una historia ajena a la problemática argentina, que transcurre el cien por ciento del tiempo en alta mar, luego de un naufragio de una nave que transportaba a personas dominicanas ilegales a los Estados Unidos. Dos sobrevivientes a flote, aferrado uno a una tabla y otro encadenado sobre el casco de una embarcación que no ha llegado a hundirse por completo, luchan por su vida. Sin recursos al flashback, la situación parece palpitar en tiempo real. Con planos que imponen la proximidad y tomas largas, Giorgelli conduce a buen puerto este filme visto y oído desde el agua, y con actuaciones creíbles, más allá del destino de los náufragos.

El Rey Cangrejo
Otro lazo y una mirada hacia una historia ajena, se manifiestan en la coproducción Re Granchio, el Rey Cangrejo, de origen italiano y coproducción con Argentina y Francia, en la Competencia Internacional. Dirigida por Alessio Rigo de Righi y Matteo Zoppis, cuenta una historia o leyenda italiana del siglo XIX, con recreación de época y manejo de otras capas temporales. Esta muy buena producción aporta a imaginar posibilidades para recrear el pasado con realismo, con pathos, con proximidad. La música se convierte aquí en un elemento clave para vincular las tradiciones y los tiempos, luciendo recreaciones preciosas de canciones tradicionales italianas, e incluso un aria de Puccini cantada en una taberna. La parte argentina se parece a un epílogo, luego de que el protagonista, un hombre que bebe y actúa como loco, que se enfrenta al estado y sufre por amor, ha sido condenado por un crimen y enviado a Tierra del Fuego. Aquí entra en juego un equipo argentino y hay un refresco en el discurso que veníamos siguiendo, al que los mares del sur prestan su marco. La sección se anuncia como una aventura “en el culo del mundo”.

Estrella roja
La siguiente estación es una producción cordobesa abierta a otro plano: Estrella Roja, de Sofía Bordenave, en la Competencia Argentina, un filme sobre el que ejerció atracción el centenario de la Revolución Rusa en 2017. Hacia allá partieron las cámaras locales, a crear su propio relato en torno a una celebración que no fue, y que fue, en cambio, otra cosa: esta película. Este filme extraordinario en sentido estricto, incrusta la historia rusa y la revolución de octubre en una narrativa que alude a líneas laterales del torrente histórico, contadas desde el ahora. Atinada fotografía de las arquitecturas y los detalles de una gigantesca y deteriorada San Petersburgo; grandes actuaciones de no actores; un texto irreprochable en off que ordena las piezas de esta búsqueda difusa, y que, al irse enfocando y enamorando de lo que encuentra a su paso, hace surgir una propuesta insoslayable. Es lo que deja Estrella Roja, al fin, un cine cordobés que se acerca a la historia de otros, y refunda su imaginario local en una urbe de pasados grandiosos.

Husek
Se dirige, en cambio, a una cultura extraña interior, a las vivencias de otras naciones acotadas y dominadas por la nación argentina, el filme Husek, de Daniela Seggiaro. Se aproxima lo más que puede hasta palpar la realidad con poco futuro de un grupo de personas wichís del chaco salteño, a punto de ser desalojadas por un plan inmobiliario del gobierno. Hay hilos de documental e hilos de ficción en esta producción que recrea la inequidad frente a la pluralidad étnica y cultural, declamada por el estado mientras intenta disimular la invasión, la violencia y la laceración del ecosistema que condenan a ese pueblo y a su ya miserable supervivencia. Una película no puede dar respuesta a semejante cosa. Pero se extraña en Husek algo más que la posición de empatía. Un cine más a fondo en tanto compromiso, al menos con el cine.

Metok
El último título de nuestra limitada lista, que se abre a otros idiomas es la película argentina asociada con Italia y con el Tibet, Metok, de Martin Solá. Esta producción que también trenza elementos ficcionales y documentales trata sobre una joven monja budista que es médica tibetana y va al reencuentro de su familia, y a la vez para ayudar a una mujer en el parto, en la región más elevada del planeta, el Tibet. Deliberadamente minimalista, la película narra su historia a través de una búsqueda visual que es atraída por fragmentos abstractos de la realidad, a veces hipnóticos. Con un ritmo pausado, una cámara que gusta del claroscuro, de los primeros planos, de un retorno a la contemplación, la historia cumple este viaje hacia un territorio milenario, sojuzgado por el dominio y la ocupación china.