Redivivo en la pantalla

A 30 años de la muerte de Freddie Mercury, el cantante del grupo inglés Queen, adquiere nueva significación lo ocurrido en esos meses finales de su vida, que serán el foco de atención de un documental de la BBC que próximamente se sumará a la extensa filmografía sobre el músico.

J.C. Maraddón

 

Una semana antes de la fecha prevista para la salida del álbum debut del grupo Queen, el sello EMI lanzó como single adelanto la canción “Keep Yourself Alive” (Mantente vivo), una composición del guitarrista Brian May que correspondía al repertorio inicial de la banda. En octubre de 1973, el tema sirvió como carta de presentación discográfica del grupo, aunque los resultados no fueron favorables: el autor de la pieza no estuvo para nada de acuerdo con la mezcla final y hubo que volver a grabarla. Aun así, el single no tuvo demasiada repercusión y hubo que esperar al siguiente corte para que Queen tuviera una difusión adecuada.

Los expertos en el negocio les advirtieron a los músicos que se habían excedido en la introducción instrumental y que ningún tema que demorase más de 30 segundos en dejar que se escuche la voz del cantante podía tener éxito. La advertencia parece absurda, porque a esta altura conocemos muchos hits que no cumplen con esa norma, pero Queen se lo tomó en serio y escogió como siguiente single “Seven Seas Of Rhye”, que casualmente respeta aquel consejo y fue el que realmente instaló al grupo en un lugar expectante dentro del panorama internacional.

De todas formas, “Keep Yourself Alive” siempre fue recordada con cariño por los cuatro miembros de la formación, tal vez por haber sido una de las primeras que ingresó en su catálogo. Y, más allá de que con el correr de los años propusieron innumerables temas de éxito que velozmente se inscribían como clásicos rockeros, durante más de una década “Keep Yourself Alive” permaneció en la lista de sus shows en vivo y de hecho conviven varias versiones en directo que aparecen en discos donde se luce la potencia del grupo cuando le tocaba echar a rodar su energía sobre el escenario.

A comienzos de 1991, Queen lanzó a la venta su disco “Innuendo”, mientras arreciaban los rumores acerca de los graves problemas de salud que padecía el vocalista Freddie Mercury, quien en secreto transitaba la etapa terminal de una infección por HIV. Esas aciagas informaciones tuvieron un indicio de confirmación cuando se conoció que el disco cerraba con un track titulado “Show Must Go On” (El show debe seguir), una frase que no dejaba demasiadas dudas acerca del proceso que estaban viviendo puertas adentro y que empezaba a traslucirse debido al inminente desenlace de la dolencia que padecía Mercury.

En octubre de ese mismo año, “Show Must Go On” apareció como single y presentó como lado B un track que dejó a todos atónitos: allí volvía a figurar “Keep Yourself Alive”, aquella antigua obra de Brian May que había sido elegida por Queen como apertura de su carrera. Para los fans, quedó claro que se trataba de un gesto significativo: en un mismo lanzamiento, compartían cartel el primero y el último registro de Freddie Mercury en un estudio. Si bien, ninguno de sus compañeros corroboró que esta decisión hubiese tenido una motivación de homenaje, la mayoría de sus seguidores lo tomó así.

Sobre todo cuando apenas seis semanas después, el 24 de noviembre de 1991, la noticia de la muerte de Freddie Mercury recorrió el mundo y sumió a sus admiradores en el llanto. A 30 años de esa trágica jornada, adquiere nueva significación lo ocurrido en esos días. Y se espera el próximo estreno de un documental anunciado por la BBC, “Freddie Mercury: The Final Act”, que en 90 minutos relata lo ocurrido en ese periodo que va desde fines de los ochenta hasta su deceso, y que se suma a la extensa filmografía, testimonial y de ficción, inspirada en su vida.