Licuado de Estado

El poder estatal crece por donde no debe y se retira de sus espacios esenciales, licuando las bases sobre las que se sustentan su fuerza y su legitimidad.

Por Javier Boher

De a poco, casi imperceptiblemente, el orden estatal se va desintegrando. Es cada vez más difícil encontrar que las instituciones resuelvan los problemas de la ciudadanía, que debe recurrir cada vez más a esfuerzos individuales para escapar a la trampa de miseria e inseguridad colectiva en la que el país se va sumiendo de a poco.

Los sucesos adquieren el estatus de noticias a un ritmo más acelerado que el que se puede procesar. Se puede discutir sobre la naturaleza o la pertinencia de los mismos, pero en última instancia cada espectador decidirá qué va a consumir, legitimando su presencia en los medios. Las cosas pasan tan rápido que no hay tiempo de tratarlas a todas.

Hay que repasar algunas de las cosas que ganaron presencia mediática en poco más de 24 horas. Aunque son todas muy diferentes entre sí, comparten ese punto de pobreza creciente, Estado prescindente y anomia tolerada.

Mapuches

El cuestionamiento al rol del Estado como garante del orden público ya es ley en la patagonia, tierra que por su historia conoce menos de leyes que de bandoleros. La institución que debe garantizar el derecho a la vida y la propiedad se queda cruzada de brazos mientras la anarquía va apoderándose de aquel espacio de ensueño.

El fin de semana hubo un caso raro en El Bolsón, donde se denunció una represión que no fue, sino que se habría tratado de algún ajuste de cuentas entre los mismos usurpadores de tierras. La justicia tiene que pedir permiso para entrar a retirar el cuerpo, que custodian los autoproclamados mapuches para evitar que eso se convierta en un homicidio común y corriente.

Con indignación sobreactuada, salieron a tomar el centro de la localidad, destruyendo e incendiando todo, como parte del malón en el que creen estar. Un puñado de gauchos que estaba celebrando cerca decidió despejar el lugar. Con denuncias cruzadas de violencia y uso de armas, la realidad es la que logró el gobierno: se privatizó la seguridad al correr de las calles a las fuerzas de seguridad y permitir que todo se resuelva a través de la violencia entre privados. Retrocedimos casi un siglo y medio.

Chile

Vinculado tangencialmente a esto, el embajador en Chile, Rafael Bielsa, volvió a hacer de las suyas y a comprometer la relación con dicho país. Se expresó contrario a la voluntad de la mayoría del pueblo trasandino, en lo que la Cancillería se apuró a asegurar que fue a título personal. Un Estado que no puede controlar a los representantes que hablan en su nombre ante las autoridades extranjeras tiene un problema bastante más grande que el que cree.

El problema con los mapuches violentos es compartido por los dos países, lo que menos necesitan ambos estados es un ruido en los que deben llevar la negociación política para resolverlo a través de las vías institucionales apropiadas. En estas tierras de desintegración del poder estatal como espacio de resolución de conflictos sería fundamental un acuerdo transfronterizo para fortalecer la posibilidad de reinstaurar el orden.

Clarín

Tanto ha aumentado ese ejercicio de la violencia en manos privadas que ayer fue noticia un ataque con bombas molotov a la redacción del diario Clarín. Algunos señalaron que era por una nota sobre el rol de la policía de la Ciudad en la muerte del juvenil de Barracas Central. Otros, por la publicación de los diálogos digitales de Roberto Baratta, el valijero preferido del matrimonio Kirchner.

Sin importar cuál de las dos hipótesis es la más probable, la realidad es que casi una decena de personas creyó que era buena idea hacer un ataque incendiario contra un diario, en una especie de acto de justicia por mano propia ante nadie sabe muy bien qué. Es que, si algo logró como triunfo el kirchnerismo del “Clarín mente”, fue bajar del nido de águila al multimedios que obraba como francotirador para voltear gobiernos. Hoy es una gran empresa que factura millones, pero no es más el enemigo político de envergadura de otrora.

Chaco

Hace apenas unos días, el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, cargó contra los medios, diciendo que hay que regularlos porque le dicen a la gente qué pensar, aunque eso no sorprende viniendo de las filas de los promotores de NODIO, la Ley de Medios y demás intentos por controlar el acceso a la información (que seguro tendrá que ver en lo que pasó con Clarín).

Lo llamativo entre Chaco y los medios es la noticia que ayer llegó a los medios nacionales: se robaron tres ciervos de una reserva natural para hacer un asado. No es solo el absurdo de que ocurra justo cuando la carne subió alrededor de $100 el kilo, sino que posiciona al gobierno donde menos le gusta, en una especie de reflejo de los gatos rosarinos con los que le protestaban a Menem por el hambre.

Aunque llegaron finalmente a decomisar la carne, los cuidadores de la reserva dijeron que ya es algo natural. ¿Para qué sirve una reserva si el Estado no puede garantizar que se la respete?.

Todas las noticias comparten el mismo núcleo de desintegración del Estado como árbitro o como espacio para resolver conflictos. El Estado pretende entrometerse en la vida privada con sus engorrosos trámites burocráticos, pero no puede evitar que las acciones privadas avancen sobre otros ciudadanos que confían en que existe un orden jurídico que los protege.

Este camino de licuación del poder estatal empezó hace rato, pero por suerte todavía es reversible. Es importante darse cuenta a tiempo, antes de alcanzar el punto de no retorno.