Otra semana en el país de las matemágicas

Inflación, precios congelados, elecciones, todos los números en este país parecen no ajustarse una lógica matemática, sino a la magia de la interpretación.

Por Javier Boher
¡Buen martes, amigo lector! Qué maravilloso esto de tener una semana corta, dicen los que están en relación de dependencia y cobran aunque no trabajen. Hay que ver el vaso medio lleno, que es que al menos nos tocaron lindos días para ir al río… a pata, porque es muy fin de mes como para andar gastando en lujos como nafta para el auto.
Siendo positivos, por lo menos celebramos el Día de la Soberanía, ese hito fabuloso de porteñitud. Es increíble cómo en este país nunca nos cansamos de festejar la manera en la que los dueños del acceso al país hacen lo que quieren con nosotros.
¿Sabe que me gustó de ayer? Leer un artículo de Luis Alberto Romero sobre este tema del Tirano Federal bloqueando la navegación del Paraná para que las provincias del interior sigan atadas al puerto de Bi-ei. ¿El título? “Transformar la derrota en victoria”. Sólo podría ser más actual si no la hubiese escrito hace once años.
Alberto y el país de las matemágicas
No me puede decir que no lo sorprendió la tumbacarnero discursiva que metió el presidente encargado. Mientras todos estábamos esperando que sacaran las facas y lo resolvieran all’uso peronista de una guerra de todos contra todos, reclamaron un triunfo que sólo vieron ellos.
Como un boxeador con una estrategia nada común, después de un par de sopapos en las PASO se metió en un rincón y se empezó a pegar solo. Llegó el rival y aprovechó para seguir pegándole. Al borde del knock-out, salió del rincón, cortado y chorreando sangre, pero levantó las manos en el medio del ring mientras las tarjetas decían que había perdido por puntos y por mucho. No importa. Salvarse de besar la lona ya fue un gran premio para un campeón en su ocaso.
A esta altura ya no podemos saber si rechazar los números es consecuencia de la sucesión de golpes electorales o de alguna interpretación falopa de que las matemáticas son neoliberales, patriarcales o alguno de esos versos que tanto les gusta repetir. Lo que es seguro es que, de tanto repetirlo, no va a faltar el que, incluso viéndolos escupir el protector bucal y un par de dientes, diga que le dieron una paliza al rival. Contra la fe no se puede hacer nada.
Polarizar o no polarizar, esa es la cuestión
Otra de las cosas que nos dejó el fin de semana fue que los extremos del espectro ideológico llegaron a cuatro diputados cada uno. Una lástima que se hayan quedado ahí, porque con uno más ya podían armar un picadito, que seguro sería más entretenido que lo que va a ser su irrelevante trabajo en el Congreso. Van a servir para dar quórum y quedar siempre en minoría, todo un triunfo del dogmatismo, estimado.
Ojalá las discusiones parlamentarias fuesen tan entretenidas como los paneles de TV y no el bodrio infumable que son, más parecidas a los programas de repostería de la Hermana Bernarda que al papel de Joaquín Levinton en Masterchef. Ya los puedo imaginar peleando sobre impuestos, punibilidad, el día de la Pantera Rosa o la educación sexual integral. Menos ganas de ponerse de acuerdo que Wanda y Mauro.
¿Se los imagina debatiendo sobre seguridad? Mientras unos andan pidiendo gruyere de balas policiales, otros van a pedir no estigmatizar balas de delincuentes. Mientras uno piden castración química y empalamiento para violadores, los otros van a pedir que los manden a la casa con un subsidio anti estigmatización.
¿Sabe las consecuencias de esas posiciones tan alejadas de la calle? Que después hay un gatillo fácil como el de la Ciudad de Buenos Aires y todos empiezan a poner las culpas afuera, como corresponde a un argentino de ley. Que no dijeron eso, que se los malinterpretó, que la policía no está preparada. Y sí, hermano, por eso algunos decimos que la policía no puede andar tirando como si fuesen chasqui-boom, porque el plomo es irreversible.
Ojo, que lo mismo vale para los que dicen “pobre gente, no le queda otra que robar para vivir”. Qué manera de lavarse la conciencia con nuestra plata, estimado. Si nos descuidamos en cualquier momento, muertos y todo, la culpa va a ser nuestra por dejarnos asesinar y mandarlos a la cárcel.
Más impuestos y más inflación
En ese maravilloso país de las matemágicas que preside Alféretro parece que los números no cierran ni a la fuerza. Pueden no gustar, pero es justamente por lo honestos que son, como esa pareja que cae mal porque te dice la verdad cuando le preguntás cómo te queda la malla del año pasado (ese cruel momento que vivimos cuando empezaron los calores).
Metieron un impuesto nuevo que se pone en el precio de venta de los productos porque supuestamente así se mejora la protección ambiental al organizar el destino de los envases. Plan platita que le dan a “yo me banqué la dictadura” Cabandié, que maneja una de las cajas más grandes y con menos control que tiene el gobierno, aunque no sirve más que para sacarse fotos desdde un helicóptero cuando hay un incendio en algún lado.
Ya tengo que ir cerrando, estimado, pero me quedo con la resolución de la luminaria que tenemos de secretario de comercio interior, Roberto Fellatio. Cómo será que la inflación se está acelerando como 128 tuning en las picadas del ACV que sólo pudieron congelar la carne por tres días; como diría Antonio Musicardi, “tres empanadas”. Si eso sirviera para algo hubiesen congelado todo hasta terminar el mandato y chau picho.
Tenga buena semana.