La leyenda de Carlos Bisso

Tras su fallecimiento en 2005, casi nadie se acordaba ya de ese músico que se había atrevido a grabar una versión en inglés de “Muchacha ojos de papel”, hasta que ahora su discografía fue incorporada a Spotify, lo que permite escuchar hoy esas piezas que fueron grabadas hace más de 50 años.

Por J.C. Maraddón

Por aquello de que la historia la escriben los que ganan, la memoria de lo que fue la música argentina en la segunda mitad de los años sesenta está sesgada por el relato de la épica del surgimiento del rock nacional, sobre todo a partir de la consagración de este género en la década del ochenta. La leyenda cuenta que, en medio de una avalancha de bandas e intérpretes que con fines meramente comerciales se entregaban a realizar copias de lo que ocurría en Estados Unidos e Inglaterra, había una camada de jóvenes que se esforzaba por darle un enfoque local a ese movimiento.

En esa versión de los hechos, cobra enorme relevancia el papel de pioneros como Moris, Javier Martínez, Tanguito, Litto Nebbia, Pajarito Zaguri o Miguel Abuelo, quienes vislumbraron que había una posibilidad de propiciar una movida artística que hiciera gala de su autenticidad, sin caer en el viciado circuito de la industria discográfica. Sin embargo, varios de estos profetas del rock criollo firmaron luego para sellos multinacionales, lo que desvirtúa bastante esa mirada ingenua que pretende instaurar una división tajante entre los que tocaban por dinero y los que lo hacían porque querían expresar lo que les salía del alma.

Por supuesto, esos rockeros iniciáticos hicieron el inconmensurable aporte de elaborar temas propios en castellano, lo que dio un impulso enorme al surgimiento de un foco local de cultura rockera que tuviese características distintivas. Sin embargo, en esos lejanos comienzos las cosas no estaban tan claras y los esfuerzos de esos héroes por todos conocidos se confundían con la profusión de bandas y solistas que se aferraban a lo que la televisión, la radio y las revistas habían catalogado como “música beat”, una categoría que englobaba todo aquello que sonara como propio del gusto de los jóvenes.

La posterior separación teórica entre lo “beat” y lo “rockero” corresponde a una toma de conciencia de muchos intérpretes acerca del potencial que contenía su voluntad de dejar de copiar modelos extranjeros para construir uno propio, inspirado en lo que estaba sucediendo en las grandes metrópolis del hemisferio norte. Una vez que se profundizó esa grieta, de un lado quedaron los que se aferraron al circuito independiente para expandir su búsqueda creativa, en tanto que del otro se abroquelaron los que apostaban a sacar un hit tras otro, más allá de que eso les reportara sólo un éxito instantáneo.

Entre todos esos nombres que han quedado en el olvido, uno de los más recordados es el del grupo Conexión N° 5, sobre todo porque por su formación pasaron alguna vez Pappo Napolitano y David Lebón. La figura enigmática de su cantante, Carlos Bisso, ataviado con guantes y campera de cuero, era el centro de atención de la banda. Y eso motivó que en 1970 el vocalista se abriera en solitario, aunque siempre con un repertorio en el que abundaban los covers de los temas de moda en el rock internacional. Luego de publicar tres álbumes y de adscribir al fervor justicialista de 1973, su figura se difuminó en el olvido.

Tras su fallecimiento en 2005, prácticamente nadie se acordaba ya de ese músico que se había atrevido a grabar una versión en inglés de “Muchacha ojos de papel”, hasta que hace algunas semanas su discografía fue incorporada a la oferta de Spotify, lo que permite volver a escuchar hoy aquellas piezas que fueron grabadas hace más de 50 años. La paradoja es que, mientras los rockeros que en esa época eran marginales gozan en la actualidad de un renombre indiscutible, alguien como Carlos Bisso, que al inicio de los setenta era poco menos que un ídolo musical, apenas si merece una pequeña mención a propósito de la reedición de sus discos.