Ni amarilla ni celeste: Córdoba es rosa

De repente Córdoba pasó de ser noticia como bastión opositor a serlo por la insólita iniciativa de un legislador de honrar la memoria del creador de La Pantera Rosa desde la legislatura cordobesa.

Por Javier Boher
Qué fenómeno fascinante la desconexión total entre las necesidades de la gente y las prioridades de los políticos. Si hay algo que le viene bárbaro al discurso antipolítico de los libertarios son ejemplos como este, en el que un miembro de “la casta” manda un proyecto que no tiene nada que ver con las demandas de la sociedad.
La Pantera Rosa es un clásico de la animación, un personaje fantástico que uno sólo termina de entender cuando deja la infancia y conoce un poco de la experimentación con alucinógenos que reinaba en el mundo de los artistas en aquella alocada década del ‘60. Todos vimos sus historias tomando la leche a la tarde o ya de grandes en alguna de sus reposiciones a la siesta, como un corto justo después de los noticieros.
Es difícil saber si los cordobeses realmente abrazaron a la Pantera como un ícono de cordobesitud, ya que nadie la incorporó en esa mítica combinación cromática cordobesa del verde botella, el amarillo patito y el negro c… ordobés, a la que algún osado intentó sumar el marrón porrón sin mucho éxito.
Pese a ello, un legislador provincial sintió que era importante recordar al creador de la tira, acaso conmovido por el fallecimiento de David De Patie, el responsable de alegrarle la tarde a tantas generaciones de cordobesitos, el último 23 de septiembre. El señor en cuestión, Eduardo Serrano, lleva casi dos décadas viviendo de las arcas públicas, sin mayores logros que alguna denuncia por discriminación.
El legislador es un fiel representante de los efectos que tiene la falta de correspondencia entre la voluntad ciudadana y los representantes que consigue por intermedio de las listas. El desliz no parece preocuparle mucho a un oficialismo que prefiere la polvareda de un proyecto intrascendente como este que la discusión sobre la “actualización de impuestos” a la que no quieren llamar por su nombre coloquial de “aumento de impuestos”.
La descabellada propuesta de rescatar la figura del creador de los dibujitos sobre el peculiar felino nos pone a pensar en la relación de los personajes animados y la política. ¿Qué parecidos podríamos encontrar entre ellos?.
Sabemos concretamente que a Alberto Fernández no le gusta Bugs Bunny, al que ya tildó públicamente de estafador, aunque en realidad es una liebre viva que trata de sobrevivir a abusivos de distinto tipo. No sabemos si por cuál de todas esas cualidades puede ser parecido, pero si hay algún político que demostró capacidad para sobrevivir y ser ingenioso es Luis Juez, aunque más de un votante se habrá sentido alguna vez estafado por sus saltos entre espacios políticos y alianzas inverosímiles. Sabemos que a Fernández tampoco le cae muy bien.
No hay un Bugs Bunny sin un Pato Lucas, al que se lo reconoce por su dicción un tanto compleja. El socio de Luis Juez en estas elecciones fue Rodrigo De Loredo, que también tiene una particular forma de pronunciar las eses, no tan chistosa como la del Pato, pero lo suficientemente reconocible como para que suene fuera de lo habitual.
El mundo de los Looney Tunes tiene otros personajes conocidos, como el cerdito Porky, al que para hacerlo más gracioso también le pusieron una característica especial en el habla. Si el cerdito tuviese twitter podría ser @porkydecorrido, porque hablar de corrido es un deseo que comparte con el Ministro del Interior Wado de Pedro, que el otro día tuvo una buena acción al hablar de su condición y destacar la labor de la Asociación Argentina de Tartamudos.
Aunque no es un político destacado, en ese mismo universo de personajes existe Sam Bigotes, un pistolero barbudo y colorado que excede en pilositud -pero no en las ganas de andar disparando al aire- al custodio de Milei que quiso desenfundar un arma en pleno festejo en el búnker libertario.
El gato en esa familia de dibujitos es Sylvestre, que intenta infructuosamente devorarse a Tweety, un canario que posa de inocente pero que es muchísimo más inteligente de lo que aparenta. El único gato que sabemos que no ha tenido suerte en su cacería es Macri, mientras que la que posa de inocente y se sale siempre con la suya es Cristina.
Definitivamente habrá algún Gallo Claudio, un Speedy González, un Correcaminos o un Coyote en el gran universo de políticos que nos rodea (aunque no sepamos bien hasta qué extremo están entre nosotros), pero es imposible hacer toda una lista de parecidos para cada uno de esos personajes en tan escasas líneas.
Después de que pasaron las elecciones en las que las dos fuerzas nacionales esperaban pintar a Córdoba con su amarillo o su celeste, la certeza es que esta terminó siendo una provincia rosa. Es que, al responder políticamente a Alejandra Vigo, la recientemente electa senadora, quizás podamos esperar que ese monobloque de peronismo cordobés centrado en «ellas» elija ese color para identificarse. Quién sabe, quizás incluso Serrano termina como asesor impulsando el Día Nacional de la Pantera Rosa, a celebrarse cada 23 de septiembre en Santa Rosa (de Río Primero o de Calamuchita, aunque los jóvenes preferirían la segunda para empalmar con el día de la primavera).