Cristina hace ravioles, Macri hace ravioles

Como si estuviese siguiendo la hoja de ruta que dejó Cristina tras su paso por el llano, Mauricio Macri convoca a la militancia para que lo respalde en su visita a la Justicia.

Por Javier Boher
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La política se ha convertido en algo tan predecible que los políticos son cada vez más parecidos. Quizás las cuestiones estructurales los empujan en ese sentido, aunque también puede ser que son algunas recetas de éxito en este contexto. No hay que descontar, a su vez, que esta similitud pueda tener que ver con el cansancio de la gente y la tendencia libertaria a hablar de “casta”.

Los pasos de Mauricio Macri desde que concluyó su mandato presidencial se parecen mucho a los de su antecesora. Es como si decidiera seguir el caminito que marcó Cristina Fernández de Kirchner para no dejar de ser una pieza central en la escena política local.

El año pasado, en una especie de previa a lo que sería un año electoral, decidió sacar un libro para contar sus vivencias. Con el nada sugerente título de “Primer tiempo” salió a ilusionar a su tropa más fiel con la posibilidad de un intento de regresar al poder. Algo parecido hizo Cristina cuando largó “Sinceramente”, que según las malas lenguas mandó a hacer comprar por los gremios.

Uno y otro libro salieron para dar la propia visión oficial de los hechos y posicionar a propios y extraños en el tablero electoral. Edulcoraron su historia para que algunos puedan volver a aceptar el trago amargo.

Ahora Macri vuelve a imitar a la vicepresidenta con la movilización a la que han convocado para sostener su presentación a declaración indagatoria en el juzgado de Dolores. Cristina convocó a la feligresía a seguirla aquella mañana de 2016 en la que debió acudir a Comodoro Py, haciendo una demostración de su poder de movilización. Aquel acto abrió un veranito kirchnerista opositor que murió de golpe con una marcha a favor del gobierno de Macri un año después.

El ex presidente, reacio a ceder su centralidad, quiere dejar en claro que sigue vivo. Aunque no hay pocos calvos o provincianos ansiosos por jubilarlo, pretende despejar las dudas sobre aquello con lo que Cristina convenció a los que querían mandarla a zurcir medias en una mecedora de El Calafate: con él solo no alcanza, sin él no se puede.

Así, por el mismo sendero con el que ella le demostró cómo seguir siendo importante él va posicionándose en el frente interno. Sus acuerdos con dirigentes provinciales para las internas no rindieron sus frutos, por lo que algunos lo dan por muerto. Sin embargo, fue el primero en darse cuenta de que había que usar las PASO para evitar una fractura, dejando a los radicales jugar un rato a que son hombres valerosos.

Eso no se entiende fuera de lo que aprendió de ver a Cristina en 2017, cuando aquella evitó las internas y armó las listas a su gusto, sufriendo una derrota por enfrentar las elecciones manteniendo al peronismo dividido.

Desde 2017 en adelante la vicepresidenta se dedicó a acercar posiciones con viejos detractores, entre los que estaba el difunto José Manuel De la Sota, al que un accidente le privó de recibir la bendición que lo ubique en Casa Rosada. Tal vez por ahí vayan los próximos movimientos del ex Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Como dos años son una eternidad en este país nadie puede saber qué puede pasar en el futuro. De hecho, ni siquiera podemos saber qué va a pasar después del 14 de noviembre, cuando se vea la foto del tablero político argentino que va a ayudar a clarificar las estrategias para los siguientes años.

Resta ver si en 2023 decidirá bendecir a algún peronista republicano o a alguien de su partido para que vaya por la presidencia. Hay que ver si él se anota en alguna lista (sería demasiado que se anote como vicepresidente, aunque el mullido asiento de la presidencia del Senado le remita a sus tan amadas reposeras) o si elige quedar fuera de todo perfil público trocando lugares para los suyos a cambio de hacer silencio para no restar votos.

La única certeza que tenemos es que Mauricio Macri, al igual que Cristina Fernández de Kirchner, seguirá buscando mantener su centralidad en el país de la grieta y el bipolarismo coalicional bajo el que se organiza la política argentina. Ni siquiera con altas imágenes negativas (él con casi 60%, ella en más del 65%) dejan de ser una pieza clave en el armado de cada espacio.

Al final, si Cristina escribe un libro, él escribe un libro. Si ella mueve a la militancia cuando la convocan a la Justicia, él convoca a la militancia cuando lo convocan a la Justicia. Ella hace puchero, él hace puchero; ella hace ravioles, él hace ravioles. Casi como en un pase de comedia, más de uno dentro de las propias filas de la oposición rematará el sainete con el trato que China Zorrilla le propina a Andrea Tenuta en esa famosa escena de Esperando la Carroza: “¡Pero qué criatura estúpida!”.