CFK bendice a Schiaretti como opositor

La vicepresidenta ofrendó al gobernador la posibilidad de mostrarse como un opositor que no sólo vela por los intereses de Córdoba, sino del interior. Una plataforma inmejorable para un Schiaretti que coquetea, de a ratos, con su proyección nacional, y en el marco de un debate que no puede perder.

Por Felipe Osman

Como el sonido, los discursos políticos no se propagan en el vacío. Necesitan de un medio para viajar. Y fundamentalmente, necesitan chocar contra otros cuerpos para generar el eco que los convierta en algo más que mensajes arrojados al mar en una botella.

Eso es lo que, seguramente sin querer, ha concedido Cristina Fernández de Kirchner a Juan Schiaretti y, por conexidad, a todo el oficialismo provincial: alguien contra quien chocar. Y nadie menos que la figura más repudiada por el electorado cordobés.
Porque algo debe decirse, navegando entre la idolatría y el desprecio de cada uno de los argentinos, si hay algo que la vicepresidenta no genera es indiferencia. Cuando habla de algo, todos los demás hablan de ello.

Schiaretti ya había sufrido antes los efectos de esta facultad, tan singular como útil en política, cuando CFK lanzó vía Twitter la candidatura de Alberto Fernández apenas seis días después de que el mandatario cordobés consiguiera su reelección por el 57 por ciento de los votos, resultado que lo posicionaba, sin lugar a dudas, como el primus inter pares de todos los gobernadores peronistas.

El anuncio funcionó como una bomba de vacío. Sacó de los titulares nacionales al cordobés y puso en el centro de la agenda la postulación del actual presidente como primer término de una fórmula cuyo poder se encontraba apenas disimulado un renglón más abajo.

Ahora, en cambio, el Panal puede estar de parabienes. La vicepresidenta, con apenas un retuit (casi repitiendo de fórmula de entonces), acaba de dar al discurso del oficialismo provincial, anclado fatalmente al reclamo de mayor federalismo, altavoces nacionales.
Trascartón, lo hace en un debate tan inequívocamente favorable a los alfiles del Centro Cívico que casi no se puede imaginar una campo de batalla mejor para ellos. Es que la inequidad en el reparto de subsidios entre el Área Metropolitana de Buenos Aires y el interior es tan grosera que resulta sorprendente que el oficialismo nacional acepte entrar en la discusión. El silencio, se adivina, hubiera sido una respuesta mucho mejor que salir a defender lo indefendible.

En suma, un nuevo error no forzado del Frente de Todos, cuyos dirigentes locales, que agradecían el llamado al silencio del presidente, deben resentir sin demasiado derecho a pataleo: ahora la que erró (si erró) fue la verdadera jefa.

Queda por ver ahora si el cruce que empezó con un tuit de la Secretaría de Energía de la Nación retuiteado por CFK, en el que se endilgaba a EPEC la diferencia tarifaría entre Córdoba y el AMBA, y las consecuentes respuestas de Fabián López (Ministro de Servicios Públicos de Córdoba), Alejandra Vigo y el propio Juan Schiaretti desmintiendo, por falsas, tales afirmaciones, se prolongará en lo que queda de campaña.

De una u otra forma, el mandatario cordobés ya ha recibido la “bendición” de la vice presidenta como opositor, un título que en Córdoba nunca deja de cotizar en alza, y tanto más en tiempos electorales.

Si el entredicho sigue, Schiaretti tiene una ventaja adicional: el reclamo que lidera no se reduce a Córdoba, es un reclamo del interior. Justo cuando el gobernador venía hablando de “la importancia de que el próximo presidente sea del interior”. Y sin que haya pasado tanto de que liderara, en tiempos de Cambiemos, la liga de gobernadores peronistas.
Tales son las observaciones mediatas. Las inmediatas, desde luego, se hacen con el 14-N como referencia en el calendario.

Allí, el silogismo es de una lógica básica: a mayor confrontación con el kirchnerismo, mejor resultado electoral.