Capitán de la ilusión

A los 90 años, el actor William Shatner, héroe de “Star Trek”, fue incorporado a la agenda informativa actual gracias a la invitación que le cursó Jeff Bezos para sumarse a la tripulación de un cohete de la compañía Blue Origin, que realizó un viaje al espacio de 11 minutos de duración.

J.C. Maraddón

Entre todas las utopías en que en la década del sesenta parecieron estar al alcance de la mano, la de los vuelos espaciales fue una de las que concentró la atención del mundo, sobre todo por la competencia que se había establecido entre las dos grandes potencias. Era algo así como la continuidad de la Guerra Fría en el espacio exterior y las noticias acerca de esas naves que atravesaban enormes distancias a velocidades impensadas, eran consumidas con avidez por la gente común, que tomaba como propias esas grandes hazañas. La televisión mostraba las imágenes de los lanzamientos y sumaba épica al asunto.

Que semejantes prodigios pudiera concretarse representaba, además, un espaldarazo para el género de la ciencia ficción, que se había afianzado en el ámbito de la literatura y que luego había trasladado su éxito a la pantalla cinematográfica. Los avances tecnológicos que habían imaginado los autores de esos relatos, cuyas fantasías habían contagiado al público de un optimismo imparable, empezaban a materializarse en esos años y consagraban a un nuevo estereotipo de ídolo: el astronauta. Era bastante habitual en ese entonces que los niños soñaran con tripular alguno de esos navíos que partían con rumbo a lo desconocido.

Fue en ese contexto que el flamante personaje se incorporó a esa galería donde compartían protagonismo los soldados, los detectives y agentes secretos, los cowboys y los superhéroes provenientes en su gran mayoría del universo del cómic. Una naturalizada ausencia de mujeres se verificaba en esas narraciones que fueron una fuente inagotable de materia prima para la elaboración de series de TV, que medio siglo atrás conformaban un alto porcentaje de la programación de los canales y que muchas veces se emitían en horario central, porque sus capítulos eran esperados con ansiedad por todos los miembros de la familia.

A mediados de los sesenta, las travesías interestelares se filtraron dentro de ese catálogo de tiras que seguían las aventuras de un justiciero como el Zorro, de un hombre mono como Tarzán, de un náufrago como Gilligan o de un veterinario en el África como Daktari. Entre esas opciones de entretenimiento, los niños sumaron las hazañas del capitán Kirk, a cargo de la nave Enterprise, quien en un futuro tan lejano como el siglo veintitrés encabeza una misión exploratoria en búsqueda de otras civilizaciones afincadas en mundos lejanos. “Star Trek”, conocida entre nosotros como “Viaje a las estrellas”, fue un suceso inmediato.

El actor William Shatner, quien para el estreno de la serie contaba con 34 años y una carrera que incluía participaciones en el filme “Los hermanos Karamazov” y el programa de televisión “Ruta 66”, fue el responsable de asumir el rol del capitán Kirk, un papel que iba a marcar para siempre su trayectoria interpretativa. Encargado de tomar decisiones en el periplo que los enfrentaba a peligros insospechables, ese Kirk de “Star Trek” perdura en la memoria de varias generaciones, que luego siguieron fieles a su epopeya cuando el suceso televisivo dio lugar a una saga cinematográfica.

Ahora, a los 90 años, Shatner fue incorporado a la agenda informativa actual gracias a la invitación que le cursó Jeff Bezos para sumarse a la tripulación de un cohete de la compañía Blue Origin, que realizó un viaje al espacio de 11 minutos de duración. Por esa proeza, Shatner se convirtió en la persona de mayor edad en participar de un emprendimiento de este tipo. Y sumó puntos en el recuerdo de quienes en el siglo veinte fantaseaban con un fluido tránsito más allá de los confines de nuestra galaxia, algo que todavía parece bastante lejos de llegar a ser realidad.