Una sensibilidad continental

El brasileño Renato Russo -cantante y compositor de las canciones del grupo Legião Urbana, de cuya muerte se cumplieron 25 años- ha sido uno de los mayores talentos dentro de esa generación que depositó en el rock sus esperanzas de manifestar el estado de ánimo que la envolvía.

Por J.C. Maraddón

Casi a la par de lo que sucedió en Argentina, también los años ochenta fueron una etapa de despegue para el rock brasileño, que hasta ese momento había sido opacado por otros géneros de mayor arraigo, como la MPB o la bossa nova. Y de la misma forma que nuestros rockeros tomaron casi sin querer las influencias del tango y el folklore para delinear un sonido propio, también en el país vecino la furia del rocanrol se impregnó de características autóctonas que lo dotaron de un estilo inconfundible y que cautivaron a las audiencias juveniles ávidas de encontrar una música con la cual identificarse.

En enero de 1985, la primera edición del festival Rock in Rio permitió que algunos de esos nuevos exponentes se lucieran ante el público internacional como prolegómeno de los shows de los astros anglosajones. Barão Vermelho, Kid Abelha y Blitz fueron algunos de los nombres novedosos, aunque los que mejor aprovecharon esa ocasión para cobrar fama a escala continental fueron Os Paralamas Do Sucesso, un trío que muy pronto extendería su predicamento hacia los rockeros argentinos. Su participación como invitados en el “Rap de las hormigas” de Charly García consolidó las simpatías que despertaban de este lado de la frontera.

Mucho más les costó a otros artistas del mismo origen ganarse un lugar entre el público de rock de nuestro país, que ya disponía de un enorme catálogo de opciones de cabotaje y no se veía impulsado a sumar a sus escuchas a bandas de otras regiones de América. Sin embargo, quienes vacacionaban en las playas cariocas o de Florianópolis regresaban con discos de Ira!, Lobão, Capital Inicial o Titãs, obras que demostraban el altísimo nivel de quienes alimentaban por allá un género que por acá vivía su momento de apogeo, con grupos y solistas descollantes.

Quizás uno de los álbumes de culto que mayor impacto causó entre esos veraneantes que traficaban rock brasileño, haya sido “Dois”, el segundo título de Legião Urbana, una formación que había surgido a comienzos de los ochenta a partir de la disolución de Aborto Elétrico, banda pionera del punk en aquellas regiones. Con un toque pop de una exquisitez sublime, Legião Urbana impuso su sello en un movimiento que necesitaba afianzarse como expresión de las generaciones que habían reconquistado la democracia después de 21 años de dictadura y que buscaban celebrar la obtención de ese logro a través de una expresión artística.

Renato Russo, cantante y compositor de las canciones de Legião Urbana, ha sido uno de los mayores talentos dentro de esa agitación cultural que depositó en el rock sus esperanzas de manifestar el estado de ánimo que los envolvía. Ávido lector desde su infancia, tuvo a su cargo la redacción y la interpretación de algunas de las letras con las que no sólo se vieron reflejadas las expectativas de sus coterráneos, sino que además supo condensar en sus versos la sensibilidad de una juventud continental que se largaba a disfrutar de libertades a las que había resultado tan arduo recuperar.

A 25 años de la muerte de Renato Russo, quien falleció el 11 de octubre de 1996 víctima del Sida, en Brasil se ha abierto un debate acerca de lo lejanos que parecen aquellos ideales que animaron a ese músico en su aporte creativo, que merece una revisita permanente a pesar del paso del tiempo. Autodefinido como “pansexual” y promotor de un pensamiento crítico para combatir los totalitarismos, el perfil de Renato Russo encaja a la perfección en aquel despertar ochentoso pero contrasta demasiado con el clima que impera hoy en ese país con el que tenemos tantas similitudes como diferencias.