Alberto, el repetido

Sobran los análisis sobre lo parecido que es este gobierno -o esta presidencia- a los de otros momentos de nuestra historia.

Por Javier Boher

¡Qué hermoso fin de semana, amigo lector! Menos mal que llovió el viernes y bajó un poquito la temperatura, porque la cosa ya no se aguantaba más. Encima fui al cajero y sólo daba billetes de $100. Entre la billetera que parecía una guía telefónica -pero que no compraba ni un buen asado- y el calor, casi que me sentía caminando por las calles de Caracas.

Mientras estaba sufriendo ese calor tropical que hasta le saca las ganas de trabajar hasta la esforzada mujer de la canción de Donna Summer me puse a repasar un poco las noticias, para ver qué es lo que escriben otros que también tratan de entender algo del loquero mancomunado que es este país. De toda esa revista saqué algo que me llamó la atención: todos quieren ver a quién se parece Alféretro en su gobierno.

Casi que no se puede hablar de un presidente con nombre propio. En realidad sí, todos sabemos que se usa el coloquial “Alberto” para designarlo, pero eso es porque el pobre ni siquiera puede usar el Fernández (porque aunque se lo haya sacado de twitter, no hay dudas de que “Fernández” es Ella).

Es por esto que no hay diario que no tenga algún artículo sobre cuánto se parece a tal o cual exmandatario. Hasta las revistas de clasificados de los barrios tienen algunas líneas dedicadas a cómo ha hecho este tipo para parecerse a tantos de sus antecesores. Bah, en realidad hay que ser justos: lo comparan sólo con los malos, nadie con los buenos. Ni siquiera le dejan un pequeño margen para hablar de un estilo propio para defecarla toda.

Le digo, estimado, que dos figuras sobresalen en el firmamento de las estrellas en desgracia. La primera es la nunca bien ponderada Isabelita. El segundo, el cordobés del que todos los de la Docta reniegan sin contar como propio, Chupete De la Rúa.

Isabel

La verdad que el peinado de envejecimiento repentino de Alféretro no tiene nada que ver con el casco de Magneto que usaba la tercera esposa del Yéneral, pero algunos igual le ven un aire. Aunque él no haya enviudado para llegar al poder, medio que también le cayó de regalo teniendo menos peso político que alguna rama del trotskismo luddita.

En aquellos tiempos, cuando con resiliencia la señora Martínez de Perón se reinventó desde su profesión artística hacia la política, la violencia política era más común que ir a misa el domingo. Los del gobierno tenían una interna más salvaje que los relatos de Szifrón y un buen puñado de nabos pidiendo un pacto social entre tipos que se deseaban la picota.

Por suerte acá todavía no hay tiros, pero los 50 mapuches truchos que ni siquiera pueden armar un partido político ya están armando un quilombete que es mejor no subestimar. Así se reían de los cuatro giles que fundaron Montoneros y se armaron un entuerto mayúsculo.

A la pobre Isabel (más negada por el peronismo que el Sultán Caaarlo) le tocó todo eso, a la vez que llegó a la Rosada porque el vejete que la puso en la fórmula acababa de estirar la pata. EN muy poquito tiempo le tocaron tiros y bombas en las calles, guerrillas y paramilitares, rotar ministros de economía como si se estuviese probando ropa para salir a escena, una inflación que se aceleró más que Ferminio Iglesias cuando tiene que despotricar contra el peronismo y una CGT más preocupada por salir a cazar Montoneros para vengar a Rucci que por defender a los laburantes.

Cuando llegó el Tsunami del Rodrigazo y se los llevó a todos puestos, se pegaron una desconocida que no tenía nada que ver con los ⅔ de los votos que había sacado Perón-Perón. La duda es qué nombre le va a poner Guzmán a su ajuste: ¿será el Guzmanazo o el sarasazo?¿o le buscarán algún nombre como el “previsiblazo” o el “les-dijimos-que-no-impriman-tantazo”?.

Chupete

En estos días salió la comparación a full, aunque De la Ruina por lo menos ganó varias elecciones antes de llegar a presidente, incluso la interna. Eso sí, la alianza era un rejnte pegado con moco y con menos programa que partido libertario.

En lo que sí fue parecido fue en el “nosotros no somos iguales que el bandido que gobernó antes”. Después metió una parecida. Si el primero dijo “conmigo… un peso, un dólar”, este tiró algo parecido a un “conmigo… unos mangos, un asado”. Hoy que la máquina de billetes carga nafta premium ya con un hornero no te comprás dos kilos de asado.

¿Se acuerda del papelón que pasó Chupete en lo de Tinelli? Él después dijo que lo había hecho a propósito, para parecer gracioso. Verlo a Alféretro cantando el estribillo de su canción para hacerse el piola deja en claro que está igual de desorientado, aunque él crea que nadie se da cuenta. Da más lástima que huérfano de novela mexicana.

La verdad, estimado, hay que tratar de buscarle algún logro al Papá de Dylan como para dejarle alguna a favor. Ni un borracho que arma combinado con los fondos calientes que encuentra entre las mesas de un casamiento te arma una mezcla tan espantosa como la que se aferra a cada secretaría, dirección, ministerio o portería como para canibalizarse adentro del sector público. Todo un mérito.

Tenga buena semana.