Escuchando al soberano

El cansancio de los ciudadanos con las formas y tiempos de la política es el que los empuja a reclamar de formas indebidas, pero comprensibles.

Por Javier Boher
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La democracia es una forma de gobierno en la que la representación es una pieza clave. Aunque la soberanía permanece siempre en el pueblo, que es el titular del poder, es a través de la elección de una minoría que gobierne que puede materializarse. Así, la minoría que circunstancialmente ocupa el gobierno tiene predominio sobre la mayoría, pero sin negar jamás sus derechos.

Esta relación entre la mayoría y la minoría genera una tensión inevitable hacia dentro de los sistemas políticos. Siempre habrá partes de esa mayoría que no coincidan con la minoría a la que se le confió el ejercicio del gobierno. Ello conlleva la obligación de establecer mecanismos para procesar esos desacuerdos de manera que no arriesguen la supervivencia del conjunto.

La situación que se vivió el lunes en Río Cuarto con el gobernador Schiaretti pone en debate de qué manera pueden los ciudadanos hacer valer su condición de integrantes de esa mayoría soberana que le concede temporalmente el poder a un gobierno o a un puñado de políticos. ¿Cómo se supone que se expresen los ciudadanos?.

El video viral se convirtió, como tantas otras cosas en época de elecciones, en un instrumento de campaña. La oposición provincial, que se pudo imponer sin problemas en las elecciones nacionales, salió a acusar y denunciar mediáticamente el caso. Aunque sus preocupaciones pueden ser genuinas, también es cierto que hay un oportunismo en nada objetable, porque la principal responsabilidad siempre debe recaer en las fuerzas que ocupan el control del Estado.

Pese a ello, vale la pena reflexionar sobre el asunto para sacar algún tipo de aprendizaje al respecto.

En primer lugar, se puede decir que la reacción de la policía fue desmedida a partir de que el ciudadano que se acercó a increpar al gobernador no estaba armado, algo que a priori la custodia no puede saber. Derribar a un sujeto que se acerca a gritarle al gobernador de la provincia resulta bastante lógico. No se puede cuestionar el hecho por la edad del vecino enojado: la ley debe ser igual para todos, un hombre de 70 años o un “joven idealista” de 18.

Ahora bien, ¿qué caminos le quedan a los ciudadanos para acercarse a los políticos, específicamente a los del poder ejecutivo? Todos, sin distinción de partidos, viven en una burbuja artificial, lejos del sentimiento de la gente común. Las pocas veces que uno se cruza a los políticos fuera de su hábitat de rosca en ámbitos blindados al público, los percibe nerviosos, mirando para todos lados a la espera de que alguien se les acerque a decirles algo. Ellos eligieron eso, no deberían temerle.

La rendición de cuentas es una pieza clave dentro del sistema republicano, ese fernet que mejora la coca de la democracia. Los mecanismos para que los que ejercen cargos públicos se enfrenten a ciudadanos o políticos dispuestos a interpelarlos son prácticamente inexistentes, especialmente en una provincia en la que la legislatura obedece ciegamente la voluntad del ejecutivo.

No se puede permitir que los reclamos políticos tomen caminos anárquicos, que pueden llegar potencialmente a escenas de violencia política, pero para eso hace falta una determinación democrática para instaurar y consolidar sistemas para que los políticos puedan someterse a la interprelación respetuosa de los ciudadanos.

El video terminará pasando rápidamente al olvido: el gobernador no es candidato ni representa al gobierno nacional. Es casi imposible que eso le pase factura, pero debe ser un llamado de atención. En otras circunstancias puede significarle un dolor de cabeza que perjudique principalmente a los que esperan sucederlo.

Si los ciudadanos no encuentran solución a sus problemas por los canales formales, es lógico que despotriquen contra los políticos que se encuentran en el camino. Eso, sin embargo, tampoco es tan frecuente: el poder es un gran encantamiento, que encandila a las personas comunes.

Si la policía tranquilizaba al hombre, el gobernador se acercaba y le pedía a alguien que tome nota, probablemente no hubiese perdido más de 10 minutos de su agenda pero se habría ganado un adherente.

Definitivamente el gobernador no está para resolverle los problemas con Rentas a cualquier persona, pero probablemente los años de andar haciendo política en los círculos altos lo hicieron olvidarse de eso que hacía cuando era un vecino común de barrio Talleres que se detenía a charlar con cualquier persona, sin el carisma de De la Sota pero con las mismas ganas e gobernar la provincia.

Afortunadamente vivimos en un país con una brevísima historia de magnicidios y pocos atentados contra la integridad física de los que están ejerciendo el poder. Ciudadanos enojados siempre hay y siempre va a haber. Deberían existir canales para que expresen ese descontento y par que resuelvan esos problemas porque, en definitiva, para eso existen el Estado, los gobiernos y la política.