Una belleza vocal

Adele ha anunciado que está trabajando en su cuarto álbum y, como anticipo, el viernes pasado publicó un nuevo single, “Easy On Me”, en el que confirma que está en su plenitud y que se dispone a recuperar su cetro como una de las mejores vocalistas en lo que va de este siglo.

Por J.C. Maraddón

Diez años atrás, ante la pregunta sobre cuál era la cantante del momento, pocos hubieran dudado a mencionar a Adele como la merecedora de ese calificativo, ante el arrollador éxito que estaba obteniendo su segundo disco, editado en ese 2011 bajo el título de “21”. Dueña de una voz potente y encantadora, la intérprete británica había encabezado los charts de ventas con singles como “Rolling in the Deep”, “Set Fire to the Rain” y “Someone Like You”, que en poco tiempo se convirtieron en clásicos del repertorio pop internacional, como si llevaran una eternidad de rotación permanente en las radios.

Entre las particularidades de Adele en aquella vehemente carrera a la fama, cabe destacar su falta de apego a cualquiera de las tendencias sonoras de moda en aquel entonces. Sus canciones no coqueteaban con la electrónica, ni con el dubstep ni con el hip hop, sino que más bien tenían un aire de los antiguos standards, con cadencias de blues y soul en sus versiones más tradicionales. Sin duda, esas piezas estaban teñidas de un color pop que las actualizaba y les imprimía un magnetismo irresistible, que las transformó en las favoritas de la gente, sin distinciones de edades ni regiones.

Pero dentro de un ámbito tan inclinado a lo visual como el de la música, también llamaba la atención a comienzos del pasado decenio que Adele no respondiera a los estereotipos de belleza todavía vigentes. Le bastaba con su presencia escénica y el caudal de su garganta privilegiada para alcanzar el estatus de estrella global, sobresaliendo entre colegas que mostraban un aspecto hegemónico, pero que no llegaban ni a los talones en cuanto a talento interpretativo. Fue algo así como una reivindicación de lo artístico por encima del marketing y despertó la adhesión de un sector que se identificaba con la nueva pop star.

Sin embargo, no le fue nada fácil a Adele persistir en su carrera, a pesar de que parecían habérsele abierto de par en par las puertas del ascenso a la consagración definitiva. Cuatro largos años debieron transcurrir hasta que volviera a lanzar un álbum, esta vez llamado “25”. Problemas en sus cuerdas vocales y el nacimiento de su primer hijo la llevaron a espaciar sus apariciones públicas, justo en la instancia en que empezaba a ser tratada como una celebridad. Aunque sus ventas estuvieron a la altura del anterior suceso, “25” no contagió esa sensación de obra maestra que había dejado su predecesor.

Ahora, una década más tarde, Adele ha anunciado que está trabajando en su cuarto álbum y, como anticipo, el viernes pasado publicó un nuevo single, “Easy On Me”, en el que confirma que está en su plenitud y que se dispone a recuperar su cetro como una de las mejores vocalistas en lo que va de este siglo. Tras su divorcio, ella ha encontrado la motivación perdida y se despacha con un puñado de temas cuando sus fans ya desfallecían pensando que no iba a haber lugar para más obras en su escueta discografía.

Y así como alguna vez llamó la atención por su divergencia con respecto a las normas sobre el aspecto que debían tener las pop stars, hoy Adele luce 45 kilos menos y se amolda a esos antiguos paradigmas que antes aparentaba desafiar. Su rostro en la tapa de Vogue se luce en todo su esplendor y nada tiene que envidiar a las top models de antaño. Pero, por más que haya sido brusco y desconcertante, no hay que engañarse ante este cambio: a diferencia de otras, ella ya había demostrado largamente que no es tan solo una cara bonita.